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El acuerdo acabó roto y la violencia se disparó sin que hasta aquí los anteriores funcionarios hayan reconocido su responsabilidad.
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No son pocos los que advierten la arbitrariedad y la falta de brújula con la que se maneja la seguridad pública en el país. Desde académicos de tradición hasta los mismos que antes han ejercido cargos en el ramo. Hay una obvia sed de resultados, pero no parece que nadie esté diseñando una estrategia efectiva y respetuosa de las leyes para alcanzar esos resultados.

El reportaje de Moisés Alvarado que presentamos en esta edición está enmarcado en la designación de nuevas autoridades. Esta vez son policías de carrera quienes aceptan la responsabilidad de reducir los índices delincuenciales, en donde la cantidad de homicidios es lo que más apremia.

Pese a que hay un mandato del presidente Salvador Sánchez Cerén de reducir la cantidad de vidas a las que afecta la violencia delincuencial, la gran duda es el cómo. Las nuevas autoridades han tomado distancia de la forma de proceder del gobierno anterior, presidido por Mauricio Funes, que llevó a la tregua entre pandillas.

La tregua, de acuerdo con la información que ha salido de tribunales, lejos de desarmar a las pandillas, les entregó armas en buenas condiciones a cambio de pertrechos. Y les concedió facilidades de comunicación y otros beneficios a quienes se encontraban en cárceles a cambio de dejar de cometer asesinatos. A diferencia de Sánchez Cerén ahora, Funes, como presidente, no dio la cara ni fue completamente transparente con respecto de esta estrategia. El acuerdo acabó roto y la violencia se disparó sin que hasta aquí los anteriores funcionarios hayan reconocido su responsabilidad en todo lo que sucedió tras dotar de armas y comunicaciones a las pandillas.

Las autoridades actuales ya descartaron negociar. Van, como todo apunta, por aumentar la represión. Pero quienes la tendrían que ejercer, los agentes de Policía, no cuentan por el momento con las mejores condiciones como para arriesgar más la vida. El esbozo de plan tiene aún áreas demasiado difusas.

Tags:

  • carta editorial
  • seguridad publica
  • delincuencia
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