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A la voz de las instituciones llamadas a ser faros de justicia, auxilio e investigación, entre otros, se le ha restado fuerza.
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Desde la ignorancia y la matonería se resuelve muy poco. Y pese a que cada día contabilizamos los efectos de la violencia en miles de familias, al fenómeno social se le ha llegado a conocer muy poco. Sin conocerlo, no se le puede entender. Y sin entenderlo, no se puede hacer aportes significativos para resolverlo.

El enunciado parece una obviedad, pero en este país tan dedicado a hacer uso sistemático de la artimaña y el remiendo, es una utopía. La academia, de donde deberían salir las propuestas concretas y las agendas a cumplir, es constantemente utilizada solo para la fotografía. A la voz de las instituciones llamadas a ser faros de justicia, auxilio e investigación, entre otros, se le ha restado fuerza. Se les ha llegado a convertir en meras fuentes de consulta y no en componentes de peso en la construcción de país.

Y la violencia lo atraviesa todo, se va convirtiendo en la cuestión más democrática mientras que la profundidad de análisis y las propuestas que nacen de un estudio serio se visten de exclusividad. “En las universidades está la verdad”, decía un hombre de una comunidad a quien se tomó en cuenta para la realización de un video sobre la guerra y que se transmitió hace muchos años justamente en el Auditorio Ignacio Ellacuría, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Desde esa imagen amarillenta concluía aquel hombre flaco y barbado: “Por eso no nos dejan llegar ahí”.

El reportaje de la periodista Jimena Aguilar trae a cuenta el papel de las universidades como lugares que reúnen a víctimas así como esas figuras de defensa de las mismas que están llamadas a ser en los momentos de mayor turbulencia.

Cualquier intento de reconstrucción tiene que venir de la gente mejor capacitada para la tarea. Y a esta gente se le debería poder encontrar en estas instituciones. De aquí es de donde deberían partir no solo los planes, sino las acciones. De esas que no van solo compuestas por la matonería.

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