Carta editorial

¿Le sirve de algo que se le aplauda el esfuerzo por seguir siendo un salvadoreño de los “cachimbones” que no se rinden ante las interminables calamidades?
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La historia de este hombre se repite en demasiados hombres y mujeres. El Salvador es este lugar en donde las familias duermen bajo un techo lleno de hoyos, cuando tienen techo. Es en donde a más de 15 años de último gran terremoto, las secuelas todavía no se han superado. Es en donde los cafetales han dejado de ser una hermosa y rentable decoración para la cima de los cerros y han pasado a ser motivo de zozobra, un montón de recovecos por donde pasean sombras que llevan muerte. La vida de este salvadoreño está atravesada por casi todos los principales problemas del país.

Y está solo. Este salvadoreño que trabaja en la calle –expuesto, sin prestaciones, en donde no cuenta ni con un sanitario– recibe, por todos los riesgos que corre, un salario que no llega ni a los $230 al mes. Y se levanta, para cumplir su jornada, a las 3:30 de la mañana. ¿Qué le queda? ¿Qué se le dice? ¿Le sirve de algo que se le aplauda el esfuerzo por seguir siendo un salvadoreño de los “cachimbones” que no se rinden ante las interminables calamidades? ¿Le sirve de algo saberse de los “justos” en medio del mar de injusticias que casi lo ahoga? ¿Le queda a alguien cara para pedirle que siga sacrificándose porque un día hallará algún tipo de recompensa, cuando nadie en su núcleo cercano ha encontrado la tal recompensa por sufrir tanto todos los santos días?

La primera vez que se encontró con la periodista Jimena Aguilar este salvadoreño por lo único por lo que abogó fue por una ventana para reclamar a las autoridades de Seguridad Pública que cumplan su trabajo. Cobra un salario que no alcanza, su casa no llena los requisitos para ser digna, sus oportunidades de crecimiento son tan mínimas como las que tuvo para estudiar. Y lo que pide es nada más que este país haga lo que tiene que hacer para que no lo maten. Lo único que pide es que le respeten eso de lo que siente propietario: la vida, y esta entendida solo como esa capacidad de mantener la sangre adentro del cuerpo y seguir respirando; porque en todo lo demás que tiene que ver con ponerle dignidad a la vida, hemos fracasado.

Tags:

  • carta editorial
  • seguridad publica
  • economia
  • salario

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