Carta editorial

Las autoridades no plantearon en ningún momento una solución más allá de la coyuntura, no hubo planes ni se previó este final tan dramático.
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El texto principal de esta edición es una fotografía de un momento clave en la historia reciente de este país que se dejó pasar de la peor forma. La idea de hacer parar las muertes violentas por medio de un diálogo integral será siempre una noticia esperanzadora. Pero un paso de este tipo requiere un marco institucional que proteja a las víctimas, que reduzca la impunidad y que establezca compromisos claros y auditables. Todo lo que no se hizo.

El momento de la tregua fue aprovechado más por los grupos delincuenciales para consolidarse como negociadores de muerte. Para hacer público que eran ellos los que se sentaban frente a las autoridades y no sus víctimas, relegadas en todo momento a ser eso, la moneda, una pieza en un tablero más político que social. Las autoridades no plantearon en ningún momento una solución más allá de la coyuntura, no hubo planes ni se previó este final tan dramático. Les interesaba parar los asesinatos, pero solo de manera temporal. Porque instaurarlo con una medida permanente requería, sobre todo, responsabilidad, la del Estado para abrir oportunidades reales, la de las pandillas para tomarlas, la de Estado para crear métodos para fiscalizar a los que buscaban cumplir y para reprender a los que no. Y no. Nada que tuviera que ver con un plan serio se ejecutó. La tregua, como lo narra este texto de los periodistas Moisés Alvarado y Ricardo Flores, siempre se sostuvo en un precario equilibrio.

No se puede negar que la cantidad de personas asesinadas bajó. Pero tampoco se puede negar la situación que se vive en la actualidad. Al no ser transparente y responsable, el Estado empoderó a las pandillas, las que nunca dejaron de delinquir desde los centros penales. Una solución dialogada siempre será la más esperanzadora. Pero la tregua no fue un diálogo, las víctimas nunca se colocaron al centro. Sobre la impunidad, ya deberíamos saberlo, no se puede edificar nada permanente.

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