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El electorado tiene que empezar, por fin, a despojarse de la gruesa capa de ignorancia. Y ahí es en donde este tipo de trabajos logra cumplir su objetivo.
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No hace falta romper una ley para sacar beneficios extraordinarios de un cargo de elección popular. A lo largo de las publicaciones que recientemente se han hecho en esta revista el enunciado queda claro y ejemplificado. Pocas veces antes se ha hecho una revisión tan detallada de las cuentas personales de los alcaldes como en los textos que ha firmado la periodista Jimena Aguilar.

Son cuentas domésticas. Las más cercanas al electorado. Las más expuestas para cualquiera que las busque con ganas de fiscalizar lo que estos funcionarios devengan y bajo qué argumentos. Pero este ejercicio de democracia se hace poco, se hace mal o, lo que es más común, no se hace. Y esta sombra da lugar a mucho, sin caer en la ilegalidad.

Un alcalde se puede mantener en el negocio de las lotificaciones. Puede tener un sueldo oficial mayor al que por ley se le asigna al presidente de la república. También puede triangular acciones para comprar barato un terreno a la alcaldía y, después, volver a venderlo mucho más caro a la misma alcaldía. La esposa de un alcalde puede vender su casa a la institución que dirige su esposo. Un alcalde puede duplicar, triplicar o quintuplicar su patrimonio en el ejercicio del poder. Todo dentro de la ley. Todo al mismo tiempo que a las cuentas del municipio al que dirige no les cabe otra palabra para calificarlas que no sea crisis. La institución que comandan puede estar en crisis económica, pero a ellos sus negocios fuera de la alcaldía les marchan de maravilla. Y no, no es ilegal.

Pero pasa que la gente, el electorado, tiene que saber con exactitud cuánto y de qué se beneficia la persona que gobierna. El electorado tiene derecho a romper con la falsedad que se vende durante la campaña electoral acerca de la pulcritud de las intenciones de los candidatos. El electorado tiene que empezar, por fin, a despojarse de la gruesa capa de ignorancia. Y ahí es en donde este tipo de trabajos logra cumplir su objetivo. Se equivoca cualquiera que piense que a quien se persigue es al gobernante. Lo que se persigue es depositar la información en las manos de quienes los eligen para que sepan elegir mejor.

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