Carta editorial

Ninguna de las mujeres retratadas en estos textos se ha quedado sin luchar por lo que merece. Ninguna pide las cosas regaladas ni ha buscado atajos.
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En teoría, al menos en esa que es la más idealista de todas, cada ser humano tiene derecho a que se le brinden suficientes oportunidades de crecimiento, de estudio, de desarrollo, de ser en el más amplio de los conceptos. Pero la realidad, sobre todo la nuestra, tumba casi toda aspiración para la mayoría de personas.

Desarrollarse ya es difícil para cualquiera, pero alcanzar las metas de vida es un camino todavía más inclinado para quienes pertenecen a algún sector minoritario. En este número el periodista Moisés Alvarado ha escrito dos textos en los que se destaca el gran valor de contar con espacios que permitan a una persona algo más que solo recibir un salario.

Uno de los artículos de esta edición describe la discriminación que sufren las mujeres transgénero en la búsqueda de empleo. Primero, los prejuicios y malos tratos los reciben en las instituciones de estudio. Si logran sobreponerse a esto y finalizar su preparación académica, después llega el sesgo de los empleadores, quienes, en la mayoría de casos, no ven la hoja de habilidades y estudios, sino que se limitan a rechazar que una persona que nació hombre quiera vivir como mujer. Como si lo que se necesitara para realizar un trabajo no fuera más allá del género.

La de Nina Álvarez es una historia que va más por la negación a vivir en el país de las raíces en aras de tener justo eso: oportunidades. La de Nina es otra de las tantas historias de gente con talento que acaba triunfando allá, en donde le han dado las herramientas suficientes para desarrollarse. Es una más de esas historias que dejan la sensación amarga de desconocer cuántas personas más con talento se quedan aquí sin poder explotarlo, porque no hay dónde ni cómo.

Ninguna de las mujeres retratadas en estos textos se ha quedado sin luchar por lo que merece. Ninguna pide las cosas regaladas ni ha buscado atajos. Las aquí expuestas son de las que han abierto espacios, no solo para ellas mismas sino también para las siguientes generaciones. Es a estas, a las que van haciendo camino, a las que les debemos que hoy haya más oportunidades que antes.

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