Carta editorial

Hace falta mantener el dedo en el renglón y vigilar los delicados ecosistemas que crecen alrededor de los ríos y más allá. Esto de la vida es una cadena. Nada está aislado.
Enlace copiado
Enlace copiado
Cuando se trata de alteraciones al medio ambiente, las consecuencias no se pueden atajar en un par de semanas o meses. Tras el derrame de melaza en el río La Magdalena, Chalchuapa, los efectos en los pequeños ecosistemas todavía no se han terminado de manifestar. Y el afectado no solo es este río y los daños no están solo en los lugares adonde llegó la melaza. Hace falta que en este país se comprenda que un impacto negativo de este tipo se parece más a un efecto dominó. La crisis pasa, pero los problemas apenas comienzan.

La tendencia salvadoreña se encamina más a restar importancia que a aceptar la responsabilidad de los actos en toda su dimensión. No se trata de talar unos cuántos árboles, por ejemplo, se trata de ser conscientes de que ejecutar un acto de estos es influir directamente en la calidad del aire y en la cantidad de agua que se filtra, entre otras cuestiones que son vitales. No se trata solo de dejar por aquí y por allá tóxicos abandonados, se trata de ocasionar daños permanentes a la calidad de vida en general en toda una región. No es solo tirar una bolsa plástica o un plato desechable, hay que pensar en todo el tiempo que se tardará ese material en degradarse. Puesto así, no se trata solo de controlar el derrame de melaza. Lo importante es no olvidar que hace falta mantener el dedo en el renglón y vigilar los delicados ecosistemas que crecen alrededor de los ríos y más allá. Esto de la vida es una cadena. Nada está aislado.

El reportaje que abre esta edición cubre esta parte de los hechos en los que ya no hay efervescencia, pero sigue siendo importante, porque hay personas que han visto golpeados sus derechos, entre ellos el derecho a realizar una actividad que les permita conseguir comida. Y son ellos los más afectados, a los que más se les ve el brillo de la responsabilidad. Un hombre agobiado por el hambre prefiere no sacar del agua los peces pequeños porque, dice, al hacerlo se estaría convirtiendo en un depredador inconsciente. En este país en el que abundan los sin memoria y los egoístas, hace muchísima falta difundir y hacer propia la estatura moral de este hombre para quien el hambre no es excusa para causar un daño mayor al medio ambiente y a la comunidad de la que forma parte. Somos parte de una cadena.

Tags:

  • carta editorial
  • río paz
  • garita palmera

Lee también

Comentarios

Newsletter