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Cualquier inversión en seguridad pública está incompleta si no se acompaña de una inversión también en educación.
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De la importancia de la educación en el desarrollo de un país se habla y se escribe a cada rato. Casi cualquiera que se lo propone puede elaborar un discurso creíble y bien argumentado al respecto y tendrá razón. El problema es que no todos los que saben referirse a la educación tienen el poder real de cambiarla. Y quienes sí podrían tomar medidas para mejorar la forma en la que se trabaja en los centros educativos no lo hacen con la eficiencia que demandan estos tiempos.

El Salvador debería estar invirtiendo por lo menos el 6 % del PIB en educar a sus habitantes. El 6 % y no este insuficiente 3.4 % que se dedica a este rubro en la actualidad. Una familia con las prioridades bien ubicadas destina un buen porcentaje de los ingresos a capacitarse, no solo por aquello de obtener mejores oportunidades de empleo y con ello más ingresos, sino que por el noble objetivo de la formación, para ser una mejor versión de sí mismos, para crecer en todos los sentidos. Este es el tipo de comportamiento que debería mostrar el país.

Cualquier inversión en seguridad pública está incompleta si no se acompaña de una inversión también en educación. El sistema está en ruinas. No solo por infraestructura, sino que por esas dinámicas que socavan las bases. Uno de los primeros eslabones a fortalecer debería ser el de la formación y empleo de los docentes. El absoluto desorden en el que actualmente funciona el sistema educativo exige a los docentes que se capaciten, y luego no se aprovechan esas habilidades obtenidas. Así, una mujer que se preparó para impartir Estudios Sociales a estudiantes de tercer ciclo puede terminar impartiendo Inglés a alumnos de primer grado.

Estas son las tragedias no sangrientas que describe el reportaje de la periodista Fátima Cubías. El sistema educativo está plagado de profesionales frustrados que no trabajan en eso para lo que tanto estudiaron, pero que se ven obligados a aceptar las condiciones debido a que, de lo contrario, no obtienen el empleo. Y del otro lado están los alumnos, vulnerables, que no van a recibir una formación adecuada a sus necesidades. El resultado va a seguir siendo catastrófico.

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