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El esquisúchil, sin embargo, también nos remite a la historia, una que se nos extingue junto con otras especies de flora.
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Esta edición la abre un texto que a fuerza de suspenso nos hace repasar lo que de verde le queda al país. El periodista Carlos Chávez nos presenta a un árbol convertido en misterio: el esquisúchil, que se conoce también como palo de rosa.

De lo que más se hallan referencias acerca de este árbol es de su olor. Se dice que una vez florecía, era capaz de perfumar barrios enteros. El esquisúchil, sin embargo, también nos remite a la historia, una que se nos extingue junto con otras especies de flora. Este fue uno de los árboles considerados como sagrados por los habitantes nativos de esta tierra. Y fue, también, aprovechado como una especie de conexión con la llegada de la colonización. En los atrios de las iglesias se sembraban árboles importantes para los pobladores, para hacer así una forma de transmisión de deidades y lograr avanzar en el camino de la identificación y la apropiación de creencias.

El de nuestra flora es otro de los muchos mundos ignorados que se nos van perdiendo sin despertar un interés masivo, pese a todas las virtudes que guarda. El esquisúchil ha sido relacionado con beneficios en padecimientos cardíacos y arteriales. Otros han llegado a dar cuenta de sus propiedades como colirio, tranquilizante, antimicótico y antiabortivo. Una de las fuentes consultadas para este artículo también habla de sus bondades como antidepresivo.

Uno de los documentos que más recoge información sobre este árbol es la “Lista preliminar de las plantas de El Salvador”, que está fechada en 1927. En la bibliografía más reciente no se le menciona. Y esto es algo que hace pensar en la obligación que existe de preservar por lo menos el recuerdo de estas especies para las futuras generaciones. Si el esquisúchil ocupó un lugar tan privilegiado para nuestros antepasados, vale la pena que las futuras generaciones también le guarden respeto y que así la preocupación por este oloroso árbol no sea un interés exclusivo de un par de personas que tratan, por medio de las raíces de este árbol, rescatar también las raíces de las sociedad en esta región.

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