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Hay que saber reconocer que estas son familias a las que el Estado ya les falló en un primer momento al ser incapaz de brindarles seguridad.
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¿Por qué no hay un albergue para familias que huyen de la violencia en el país? ¿Por qué a pesar de ser cientos de personas las que han tenido que dejar sus casas bajo amenazas de muerte creíbles no hay en este país un solo lugar que no dependa de la caridad para recibirlos? ¿Por qué es que esa cancha de Caluco en donde decenas de familias estuvieron apiladas entre láminas ha llamado tanto la atención de medios, pero no ha sido suficiente para mover las voluntades de quienes tendrían que dar una respuesta muchísimo más digna a la creciente necesidad de refugio? Y, como base a todo lo demás, ¿por qué desde las instituciones y los funcionarios de este país se sigue negando el éxodo a pesar de que cada vez tiene más rostros y voces?

El reportaje que en esta edición presenta la periodista Valeria Guzmán pasa a ser la descripción desnuda del problema de las familias que huyen de la violencia y busca también concentrarse en por qué a estas alturas el fenómeno ha sido insistentemente rebajado por las autoridades. Hay que saber reconocer que estas son familias a las que el Estado ya les falló en un primer momento al ser incapaz de brindarles seguridad en el lugar en el que residen, en donde tienen sus cultivos, su centro de estudios, en donde muchos de ellos incluso han nacido. Como si no fuera suficiente castigo, el Estado también les falla en un segundo momento al criminalizarlos por tener que huir, al señalarlos como “colaboradores de pandillas” o como personas que buscan quedarse en el albergue solo “para tener tres tiempos de comida”. Y les falla también al no reconocer la tragedia en sus justas dimensiones.

Reconocer el sufrimiento de los que huyen es empezar también a esbozar el tamaño de la respuesta que se les debe. Y ni este paso se ha dado. El éxodo sigue marcado por un gran subregistro y, por tanto, la responsabilidad pendiente se desdibuja en cifras que no parecen significativas. El ciclo de violencia afecta a cada vez más y más familias sin que esto derive en la movilización de recursos para asistirlos. Se les falla en todos los sentidos.

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