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Tenemos, como intento de país, demasiados problemas que nacen de la falta de empatía, del grito, del irrespeto hacia las condiciones en las que los demás toman decisiones.
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Una de las cosas que más ha hecho falta al salvadoreño es el espacio para la convivencia. No sabemos estar con personas que defienden formas diferentes de pensar. Solemos agruparnos de acuerdo con esos puntos que tenemos en común. Pero no exploramos la posibilidad de que quien está en el lado contrario del espectro, también puede tener la razón.

Acostumbramos a nadar entre la intolerancia y aquella superioridad moral que nos lleva a pensar en la existencia de una verdad absoluta. Y quien cree tener esta verdad que está por encima de todas las demás, no admite crítica. Una crítica equivale, desde este punto de vista, a ataque, a una cuestión orquestada solo con el fin de hacer daño.

Construir equidad y tranquilidad pasa por aprender primero a escuchar sin interrumpir, después a hablar sin imponer. Se trata de recuperar el arte de la conversación entre los lados más distantes del espectro. Esto es lo que representa la iniciativa 3D.

La periodista Valeria Guzmán presenta en esta edición a este movimiento de jóvenes que detrás de esas tres “d” construyen las bases del debate, el diálogo y la democracia. El ejercicio, aunque todavía no es vinculante, valida la enorme necesidad que tenemos de aprender a conversar sin que la acción tenga por objetivo convencer al otro de que mi postura es la correcta.

Tenemos, como intento de país, demasiados problemas que nacen de la falta de empatía, del grito, del irrespeto hacia las condiciones en las que los demás toman decisiones, de la ignorancia acerca de la forma en la que los demás viven. Y no se puede hacer crecer liderazgos sin que esos líderes entiendan la diversidad de personas para las que se tiene que trabajar y a las que se les tiene que procurar herramientas para mantener su dignidad. Vale la pena apoyar cada intento por revertir la rancia costumbre de imponer.

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