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Chanel llena de estampados florales su nueva propuesta en un jardín art déco

Chanel reconstruyó un jardín "art déco" en la planta del Grand Palais de París, donde presentó su colección Alta Costura marcada por los estampados florales que la firma reprodujo lujosamente con lentejuelas y bordados.
 
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Kaia Gerber, la nueva musa de Karl Lagerfeld, participó en la pasarela Alta Costura Primavera-Verano 2018 de Chanel.

Kaia Gerber, la nueva musa de Karl Lagerfeld, participó en la pasarela Alta Costura Primavera-Verano 2018 de Chanel. Foto: AP/Francois Mori

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El diseñador Karl Lagerfeld trató así de rejuvenecer su propuesta primaveral, a juego con el decorado, para acoger a un público más joven en esta exclusiva rama de la marca, accesible a varios cientos de clientas en todo el mundo.

No faltó el tweed, tejido estrella de la casa, ni los trajes de chaqueta y falda, coloreados a base de hilos tricolores mezclados con rosa que parecían también dar forma a pequeñas florecitas.

Sus seguidores siguen encontrando así las raíces de la marca actualizadas con formas redondeadas en los hombros y, en esta ocasión, con una silueta campana que se vio en voluminosas faldas, algunas de las cuales parecían llevar miriñaques.

En los accesorios, también ganaron las flores que bordaron las botas, altas hasta la mitad de la pierna y con tacón medio.

Un tocado con velo y rosas, colocadas encima de la cabeza como en la vestimenta de flamenca, se repitió también durante toda la colección en tonos rosas y blancos.

Recordando las camisas blancas con lazada negra que solía vestir Coco Chanel, la Alta Costura de la firma introdujo un par de blusas con sedosas faldas de flores multicolor estampadas, en un fresco gesto de la casa cuya línea Costura suele dirigirse a un público adulto.

Los pantalones, tanto en monos como en bermudas con un estilismo torero que versionó el traje tradicional, también fueron una novedad aunque aparecieron discretamente tan solo en dos o tres "looks".

El "art déco" que inspiraba el jardín, con pasajes floreados y una fuente en mitad de la instalación, no se plasmó en la colección salvo en unos cuantos vestidos de noche de cuellos halter y falda plisada hasta los tobillos, en negro, verde o azul klein.

Chanel ha apostado durante los últimos años por incluir telas metalizadas: lo hizo en la Alta Costura primavera-verano 2017 con vestidos de lentejuelas y dos piezas metalizados y, meses más tarde, en el prêt-à-porter del invierno 2018, donde el plateado inundó la pasarela, transformada en una nave espacial.

En esta ocasión, Lagerfeld recuperó su apuesta por el brillo, en monos de pedrería y minivestidos palabra de honor que se llevaron como si se tratara de la parte interior de otro vestido, con telas traslúcidas en manga corta y falda larga, abierta desde la cintura.

Para el vestido de novia, Chanel se atrevió con un traje con chaleco y pantalón blanco, bajo una nube de plumas que decoraron un chal y una falda abierta con larga cola.

La novia, que protagonizó el último "look", salió acompañada del pequeño Hudson Kroenieg, de 9 años, ahijado del diseñador y uno de los más frecuentes en los desfiles de Lagerfeld.

El diseñador alemán, que trabaja desde 1983 al frente de la histórica maison fundada por Coco Chanel en 1910, ha fundido su personalidad con la de la firma logrando que sea difícil pensar en Chanel sin él.

Sin embargo, a sus 84 años, a nadie se le escapa que el estado físico del icónico modista empeora: el diseñador saludó al público sin alejarse demasiado del "backstage" (donde se preparan y salen las modelos), y, como desde hace varios años, caminó con cierta dificultad.

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