Colonia profundiza la división en Alemania

La indignación por la ola de agresiones a mujeres en Nochevieja es generalizada en el país. El goteo de denuncias por las agresiones masivas en Colonia en Nochevieja va en aumento. Ya supera las 700, entre ellas dos por violaciones. En Hamburgo también se ha registrado medio centenar de denuncias, la mayoría relacionadas con agresiones sexuales. Además, poco a poco se van conociendo otros casos similares. Como Bielefeld, donde unos 150 hombres importunaron y besaron a varias mujeres. O ciudades como Berlín, Stuttgart o Fráncfort, donde también se registraron agresiones.
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Denuncias.  Un total de 739 mujeres han acudido hasta el momento a las autoridades alemanas para denunciar acosos, robos o agresiones sufridas la última noche de 2015 en Colonia.

Denuncias. Un total de 739 mujeres han acudido hasta el momento a las autoridades alemanas para denunciar acosos, robos o agresiones sufridas la última noche de 2015 en Colonia.

Acoso.  La Fiscalía cuenta 331 delitos sexuales ocurridos en Nochevieja en las inmediaciones de la estación central de trenes de Colonia.

Acoso. La Fiscalía cuenta 331 delitos sexuales ocurridos en Nochevieja en las inmediaciones de la estación central de trenes de Colonia.

Búsqueda.  Alemania ha ofrecido una recompensa de 10,000 euros ($10,925) por indicios que puedan llevar a las autoridades a encontrar a los autores de los ataques en masa a mujeres en Nochevieja.

Búsqueda. Alemania ha ofrecido una recompensa de 10,000 euros ($10,925) por indicios que puedan llevar a las autoridades a encontrar a los autores de los ataques en masa a mujeres en Nochevieja.

Espacio.  Las agresiones en Colonia han provocado un debate nacional en Alemania sobre la capacidad del país para integrar a los 1.1 millones de solicitantes de asilo llegados en 2015.

Espacio. Las agresiones en Colonia han provocado un debate nacional en Alemania sobre la capacidad del país para integrar a los 1.1 millones de solicitantes de asilo llegados en 2015.

Colonia profundiza la división en Alemania

Colonia profundiza la división en Alemania

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Como muchas otras veces, Alexander Schön se acercó esta Nochevieja a la estación de Colonia. Acude ahí habitualmente como voluntario de una ONG de ayuda a los refugiados que, como a tantas otras ciudades de Alemania, llegan constantemente. Pero lo que vio esa noche no era lo que esperaba. La masa de hombres que festejaban el nuevo año, la mayoría, según testigos con rasgos físicos como los que caracterizan a los oriundos del norte de África o de los países árabes, con mucho alcohol y algo de hachís en el cuerpo, según informes, no quería su ayuda. Al intérprete que le acompañaba le robaron 250 euros, un dinero recaudado precisamente para los solicitantes de asilo. Ayudados por la oscuridad, el apoyo de unos a otros y petardos con los que el grupo atemorizó a los viandantes, cometió una oleada de agresiones sexuales y robos a mujeres. Se desconoce cuántos de los ahí reunidos participaron directamente en los ataques o ayudaron a que otros los cometieran. Otras ciudades alemanas registraron hechos similares, aunque a más pequeña escala.

“Yo pienso continuar como voluntario. Pero creo que la actitud de mucha gente va a cambiar. Temo que algo se haya roto”, asegura Schön desde la radio para la que trabaja en Colonia.

No es una opinión aislada. Las agresiones de Colonia, Hamburgo y otras ciudades han supuesto un shock profundo en Alemania y ponen en tela de juicio la forma en la que este país va a asimilar a los 1.1 millones de refugiados que llegaron en 2015. Julia Klöckner, dirigente de la CDU que ha sonado como posible reemplazo de la canciller Angela Merkel, considera que la recién pasada Nochevieja se ha convertido en “una llamada de atención” para Alemania. Tras estos ataques, la CDU ha aprobado una declaración en la que propone retirar el derecho de asilo a los refugiados condenados a prisión o en libertad condicional y una rebaja de los límites para la deportación de delincuentes extranjeros. Estas agresiones “son repugnantes actos criminales que exigen respuestas decididas”, ha dicho la canciller Merkel.

La huella de lo ocurrido es perceptible en pequeños detalles. Un 30% de los alemanes, y un 37% si se pregunta solo a las mujeres, prefiere ahora evitar grandes aglomeraciones, según una encuesta de esta semana.


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“Ambiente alegre. Las celebraciones discurrieron en su mayor parte pacíficas”. Una nota de prensa de la policía de Colonia describía así el viernes 1.º de enero la situación en la ciudad. El goteo de denuncias explotó el lunes 4, cuando las autoridades informaron de una oleada de ataques “de dimensión desconocida”. Pero durante el fin de semana, en Alemania no se habló del caso. Algunos medios de comunicación, como el canal público ZDF, esperó al martes para informar de los hechos, una tardanza por la que se ha disculpado la cadena. Esta tardanza ha generado un debate sobre si la policía y los medios callaron por temor a dar pábulo a movimientos xenófobos, que en internet difunden habitualmente noticias de supuestos ataques protagonizados por extranjeros, muchos de ellos sin demostrar o directamente inventados.

Unos sucesos que en los primeros días del año dieron que hablar solo a la prensa local ocupan ahora el centro del debate nacional. Y han dado el salto fuera del país. “Los inmigrantes que Alemania dejó entrar atacan de forma masiva a su población. ¡Reflexionad!”, escribió en Twitter el candidato republicano a la presidencia de EUA Donald Trump. Los Gobiernos derechistas de Polonia y Hungría también han usado las agresiones para atacar al Gobierno y a los medios de comunicación alemanes.

Horas antes del cambio de año, ya había denuncias de agresiones junto a la estación de trenes. Los agentes que acudieron al lugar de los hechos desalojaron una parte de la plaza, pero después volvieron a dejar a los criminales campar a sus anchas. Lo que sí hicieron los agentes fue acompañar a algunas personas a través de la plaza, y dejarlas dentro de la estación. Testigos citados por el Süddeutsche Zeitung describen esta actuación como “una escolta hacia el infierno”. El ministro del Interior ha criticado la actuación de la policía regional. El jefe de la policía de Colonia ha sido destituido. Previamente había negado que estuviesen sobrepasados por la situación en la noche del 31, pero un informe interno filtrado a varios medios ponía en duda esta afirmación.

La indignación es generalizada. Pero los sucesos que acumulan ya solo en Colonia más de 700 denuncias, el 40 % por agresiones sexuales, ahondan la división de la sociedad en torno de los recién llegados. La policía dice ahora que los investigados son en su mayoría “solicitantes de asilo y personas que se encuentran de manera ilegal en Alemania”. Un paseo por los alrededores de la estación de Colonia bastaba para palpar esta creciente polarización.

A un lado se manifestaba el movimiento islamófobo de Pegida, que ha fracasado en sus intentos de conquistar otras ciudades, además de Dresde. “Tengo miedo por el futuro de mis cuatro hijos”, decía un asistente que votó durante 30 años a la CDU, partido por el que ahora se siente traicionado. “Merkel tiene que irse”, gritaban con furia los más de 1,000 congregados. Al otro lado del cordón policial, una contramanifestación clamaba contra el racismo y la violencia contra las mujeres. Tras el lanzamiento de botellas y petardos por parte del grupo ultra Hooligans contra salafistas, la policía disolvió la manifestación con cañones de agua.

Por ahora, en Colonia se han presentado más de 739 denuncias. En 331 de estas, las víctimas aseguran haber sufrido agresiones sexuales, y al menos dos de ellas violaciones. En Hamburgo, las denuncias rondan el centenar.

El escándalo de Colonia sirve de munición para fuerzas como Pegida o el partido ultraconservador Alternativa por Alemania, que responsabilizan de lo ocurrido directamente a la política migratoria de Merkel. Es difícil imaginar una acción que reúna al mismo tiempo todo el imaginario que estas fuerzas llevan tiempo agitando: aumento de la criminalidad, mujeres indefensas ante la impasibilidad de la policía en pleno centro de la cuarta ciudad más grande de Alemania, y una turba que se jacta de tener patente de corso para hacer lo que quiera. “Soy sirio, tenéis que tratarme bien. La señora Merkel me ha invitado”, dijo un joven a un agente, según un documento interno de la policía filtrado a la prensa.

Los ataques refuerzan a los que se oponen a la política migratoria de la canciller. Movimientos populistas como el partido Alternativa para Alemania (AfD) ven los ataques como una confirmación de sus tesis, que les pueden dar suculentos frutos en las elecciones que se disputarán en tres Estados federados dentro de dos meses. “¿Ya es Alemania lo suficientemente multicolor y abierta al mundo para usted, señora Merkel?”, clamó la líder de AfD Frauke Petry, responsabilizando a la canciller de lo ocurrido.

Da igual que la policía haya insistido en que no hay ninguna prueba de que los agresores –a los que definió por su apariencia “del norte de África o de países árabes” con edades comprendidas entre 18 y 35 años– fueran refugiados. Las más de 700 denuncias presentadas por robos o agresiones, que incluyen dos casos de violación, han entrado de lleno en el debate sobre la política migratoria. Los socialcristianos bávaros de la CSU –teóricos aliados de Merkel, pero enfrentados a ella por su negativa a imponer un límite a las llegadas– se han apresurado a reclamar la expulsión de aquellos refugiados que ataquen a mujeres y a pedir que se extraigan conclusiones de lo ocurrido.

Los sucesos de Colonia, que el ministro de Justicia, Heiko Maas, definió como “una nueva forma de criminalidad organizada”, han conmocionado a todo el país, que se pregunta cómo algo así ha podido ocurrir. La policía insiste en que no todos los cerca de 1,000 hombres reunidos en los alrededores de la estación agredieron directamente a las mujeres. Pero el ministro Maas arremetió no solo contra los que atacaron directamente. Los que contribuyeron al clima de intimidación que reinó en la noche del Año Nuevo también podrían ser corresponsables, dijo el político socialdemócrata.

Tres sospechosos de haber participado en las agresiones están siendo investigados. Pero al mismo tiempo que prosiguen las pesquisas, también crecen los reproches y las peticiones de disculpas. El ministro del Interior, Thomas de Maizière, criticó el papel de la policía de Colonia –dependiente del gobierno regional. “No puede ser que se desalojara la plaza de la estación y que después tuvieran lugar los sucesos. La policía no puede trabajar así”, sentenció.

La ocultación por parte de la policía de Colonia de la presencia de refugiados entre los sospechosos da pábulo a las teorías que alertan de una gran conspiración que las élites del país han preparado para engañar a los alemanes corrientes. Tampoco sirve de ayuda que el canal público ZDF no informara de los actos violentos hasta el martes, tardanza por la que se ha disculpado. Es este otro regalo para Pegida, en cuyas manifestaciones nunca falta el cántico de “Lügenpresse (prensa mentirosa)”.

Es pronto para decirlo. Pero algunos se preguntan estos días si el espíritu de bienvenida que cristalizó en la imagen de la estación de trenes de Múnich –a la que en septiembre se dirigía una multitud de alemanes para llevar juguetes, ropa, comida o incluso dinero a los recién llegados– va a quedar sepultado por otra estación de trenes, en este caso la de Colonia. Los sucesos de Nochevieja dejan una profunda huella en el país.

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