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Cómo manejar el duelo: un tema sensible para amigos y familiares en época navideña

Fin de año, época de balances y de planear propósitos, en la que se mezclan la alegría colectiva y los sentimientos individuales que remueven emociones, muchas de ellas de gran impacto. Personas que ya no están, el trabajo que se dejó, la deuda que no se pagó, la ruptura sentimental y las metas incumplidas se amontonan en una comparsa que reaviva duelos muchas veces no resueltos.
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Los duelos pueden desembocar con facilidad, y por falta de acompañamiento, en depresiones.

Los duelos pueden desembocar con facilidad, y por falta de acompañamiento, en depresiones.

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El psiquiatra Rodrigo Córdoba, miembro de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, define el duelo como la respuesta natural que una persona tiene frente a una pérdida, en cualquiera de los planos de la vida. Y aunque se lo asocia más con el periodo venidero después de la muerte de un ser querido, se puede referir a un divorcio, un despido y hasta a un cambio de ciudad que se recuerda a la hora del brindis de las 12 de la noche.

Córdoba reconoce que aún persiste un debate médico profundo para definir la línea que diferencia esta condición de una depresión –especialmente en cuanto a diagnóstico y tratamiento– pero explica que los duelos siempre tienen un elemento externo que los detona. “El equilibrio emocional se rompe y la persona se da cuenta de que es frágil. Por eso, la primera recomendación es reconocer la situación; la segunda, que se puede ser capaz de responder de manera adecuada; la tercera, procurar un autocuidado, y la cuarta, buscar ayuda siempre”, apunta.

Y es que los duelos pueden desembocar con facilidad, y por falta de acompañamiento, en depresiones; también en problemas de socialización, trastornos y pérdida de la funcionalidad de las personas; y hasta en dependencia a sustancias psicoactivas y alcohólicas, por lo que en esta época el licor es recomendado en su justa medida, según el psiquiatra.

La psicóloga Sandra Herrera sostiene, por su parte, que el duelo en estas fechas recuerda la salida abrupta de la zona de confort que tuvo que vivir el individuo y que generó un cambio y una reacción. Y expone –en ese sentido– que es natural que haya una tendencia a la negación de la realidad, lo cual resulta siendo nocivo, según su experiencia.

“Es vital que la persona, con ayuda de un profesional o de su entorno, tenga conciencia situacional de lo que está ocurriendo, que no se encierre en sí misma o en espacios limitados ni haga de cuenta que no está pasando nada”, afirma y agrega que, para ayudar en esa tarea, en las reuniones familiares o de amigos se deben evitar preguntas como ‘por qué’ y cambiarlas por otras como ‘para qué’.

“El duelo es importante resolverlo desde el alma, saber que las personas se van pero que queda una esencia que hay que vivir y revivir”, concluye.

¿Cómo se puede acompañar?
Gloria Patricia Soto, psicóloga y directora de la red de vida del Grupo Gaviria, quien acompaña desde su cargo a personas que perdieron a seres queridos, reconoce que a los colombianos les cuesta consolar y que frases como ‘no llore’ o actitudes como tratar de invisibilizar la situación son comunes en Navidad y Año Nuevo frente a quienes viven duelos. Y que incluso se prefiere no organizar algún tipo de encuentro por temor a un desenlace doloroso.

Insiste que hay desconocimiento sobre cómo actuar frente a un familiar o amigo que enfrenta esta situación. Un tema que no es menor, pues el círculo cercano del individuo puede jugar un papel fundamental para ayudar a superar una pérdida. A ese entorno Soto lo llama la red de apoyo, y lo primero que debe hacer este grupo es entender que el duelo tiene componentes físicos, emocionales, espirituales y sociales. Eso contribuye a entrar en sintonía con la persona que requiere compañía en momentos en que los recuerdos fluyen. O, en otras palabras, comprenderla y vivir con ella sus sentimientos, según la experta.

Claro está: se deben tener claras las circunstancias que rodean la pérdida y que pueden llegar a complicar el proceso de duelo, como la cercanía y la personalidad de cada ser y la forma de muerte. Y en este punto aclara que, por más alguien crea estar preparado para una coyuntura de fatalidad, nunca se termina de estarlo.

Soto enfatiza en que en procesos de duelo y en meses como diciembre no hay cosas buenas o malas por hacer, sino acciones que ayudan o no. Entre las segundas está intentar negar que el problema está sucediendo y, en últimas, negar la tristeza. Lo ideal, dice, es que en momentos oportunos se puedan expresar emociones, que las personas manifiesten qué sienten, qué sentimiento las embarga, entre ira, culpa, impotencia o desolación.

Y en este tipo de fechas, Soto invita a familias y amigos a no tener miedo de reunirse en Navidad o en Año Nuevo, escuchar una canción, beber un vino o repasar unas fotografías por no herir a quien sufre duelo. “Tenemos derecho a recordar con lágrimas, pero que estas sean por recordar momentos especiales, de pensar qué le gustaba, anécdotas, chistes, una comida. El énfasis debe ser en aspectos positivos”, finaliza.

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