Confíen en nosotros: los volvimos a encerrar

Los jefes pandilleros demostraron una gran habilidad para negociar con los aumentos súbitos de los homicidios, razón suficiente para regresarlos a Zacatraz desde, por lo menos, julio de 2013.
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Me gustacuando callas

Es como si de repente, tras una nueva invitación inventada desde Singapur, Guillermo Gallegos regresara y dijera: “Miren, esta vez no me clavé los viáticos y aquí los traigo para reintegrarlos”. Estaríamos tentados a decirle, normal, “qué bueno, Memo, ¿te sentís bien?”, con una sensación de alivio porque esta ocasión hizo lo correcto.

Estuve a punto de lanzarme, poco después de los traslados, a dar una palmadita pública al Gobierno por atreverse a regresar a las cúpulas pandilleras a la cárcel de máxima seguridad. No lo hice por la misma razón que no felicitaría a Gallegos por hacer lo que supuestamente debe hacer. Y no lo hice, particularmente, para no sentirme demasiado ingenuo.

Desde el fracaso de la primera tregua entre pandillas, tras la cobardía de la anterior administración de no asumir los costos políticos de una negociación abierta con las pandillas, fue evidente que la situación se había salido de control. Los jefes pandilleros demostraron una gran habilidad para negociar con los aumentos súbitos de los homicidios, razón suficiente para regresarlos a Zacatraz desde, por lo menos, julio de 2013. Pero el anterior gobierno no quiso (o pudo) y la nueva administración de Sánchez Cerén mostró mucha apatía (o ineptitud, es difícil saberlo) para hacer algo, cualquier cosa, con las pandillas.

Más allá de las felicitaciones y el reconocimiento público que buscan los traslados, la actual administración había dado tumbos en materia de seguridad. El ministro Lara había dicho que la inseguridad era un problema de percepción, pese a que las estadísticas de homicidios de principio de año y los cadáveres –que la verdad, no pasan desaparecibidos– dijeran lo contrario. Pero además porque desde Centros Penales se habían negado a confirmar los traslados anunciados. Durante semanas, las autoridades de Seguridad respondían con evasivas cuando los periodistas preguntaban por los nombres de los trasladados, desde dónde habían salido y, especialmente, cuando se preguntaba el por qué.

Pero eso cambió. La antesala de los traslados fue la difusión, la semana pasada, de un video de Centros Penales que mostraba el supuesto trato que dan a los internos de Zacatraz. Una joya. Tomas sombrías, custodios con pasamontañas, pandilleros amarrados como garrobos y caminando en cuclillas, testimonios de (supuesto) arrepentimiento. Era como decir: “Escuchen, malotes, aquí terminarán si se portan mal”. Lo curioso es que la publicidad de nuestra Alcatraz contrasta con la realidad de la mayoría de las cárceles, donde el Estado es incapaz de frenar que los homeboys se tomen selfies y las suban a Facebook, extorsionen y trafiquen.

Aunque lo más interesante llegó el jueves, después del regreso de las principales caras de las ranflas de la Mara Salvatrucha y las dos facciones del Barrio 18 a Zacatecoluca, cuando el Gabinete de Seguridad montó una conferencia para anunciar, con nombres y apellidos, los nombres de los pandilleros trasladados. ¿Qué cambió? No tengo idea, pero genera mucha suspicacia esta transparencia repentina precedida por el video de “sí, tenemos Guantánamo” para intentar prevenir la violencia.

No puedo decir que estos traslados, hechos 11 días antes de las elecciones, sean una medida deliberadamente electoral. Pero sí que son un intento, el primero, de esta administración para demostrar que pueden enfrentar a las pandillas. Y que todo el mundo se dé cuenta lo bien que lo están haciendo… a 11 días de las elecciones.

Un poco de transparencia en las acciones relacionadas a las pandillas, especialmente para distanciarse de la opacidad Funes, ayudaría a este gobierno a evitar más dudas. Pero ahora estamos a ocho días de las elecciones y las palmaditas en la espalda ayudan al autoestima.

PD. Quería escribir sobre Numan Pompilio (incluso muevo la mano en el aire –de izquierda a derecha– simulando un rótulo luminoso de teatro cada vez que lo repito), la familia real Salgadesca y los tentáculos de la dinastía en la Asamblea, pero se me atravesaron los traslados preelectorales. A la próxima, Numan Pompilio

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