Cuentos de medio minuto (11)

Homenaje al cuentista húngaro István Örkény.
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ONDULACIONES

El compositor se queda pensando por un instante, mientras los sonidos de su obra The B-Sides, para orquesta y electrónica, son un reto flamante a la armonía tradicional. Alrededor, los oyentes nos vamos acercando como un círculo que aspira a una nueva intimidad.

Todos recordamos que Mason Bates, el compositor, acaba de decir: “Para mí, lo electrónico no es un medio de control, sino una extensión de la imaginación”. Y entonces la música ondula, haciendo que todos nos alineemos como las golondrinas mentales en su alambre cósmico.

CRIPTOFIESTA

El propósito de ir a aquel evento colectivo era descubrir recursos para proteger los datos personalísimos de la invasión de los eventuales hackers. El ponente era un experto en la materia. Expuso toda una plataforma de medidas preventivas. Ya casi al final alguien alzó la mano:

--Perdón: queda un punto pendiente. ¿Por qué nadie habla de los archivos del subconsciente?

BAJO EL AGUA

Salió del agua transfigurado, como si acabara de ver un tesoro desconocido. Sus compañeros de excursión repararon en ese cambio revelador, ya que él era inexpresivo por naturaleza. Vinieron las preguntas indagadoras. Respondió con evasivas sonrientes. El mar estaba tranquilo, al punto de no parecer mar. Después de comer, se retiraron a sus habitaciones. Y nadie pudo ver cómo el transfigurado volvía a la playa. Entró en el agua.

Era un alma en pena que al fin había encontrado refugio seguro.

HOLA, SOY SAIDUL

Estaba amaneciendo y los senderos del parque parecían invitar a las caminatas espabiladoras después del sueño apacible. Se puso la bata de casa y salió. Afuera, volaban los cuervos, imaginando espesuras. Caminó hacia el pequeño templo entre los árboles. Templo inconfundiblemente hindú. Sonaba un bhajan, como siempre. Se acomodó junto al tronco del árbol vecino. No había nadie más. Bueno, sí había alguien. Esa ardilla en éxtasis, que de alguna manera le dijo:

--Hola, soy Saidul, tu guía ceremonial…

ARTE SUPERIOR

Entró en la tiendita donde vendían aquellas bizcotelas inolvidables. En ese justo momento pasaba enfrente una camioneta de pasajeros por la calle polvorienta que estaba enfrente, y que descendía hasta cruzar la línea del tren para luego enfilar hacia el puentecito que cruzaba el río Las Cañas, que más que agua tenía arena. Pidió lo que buscaba, y cuando recibió el envoltorio con sus bizcotelas y entregó las monedas del costo tuvo la frase de siempre:

--Niña Balbina, Dios se lo pague.

--Ya me lo pagó usté, chelito. Y con eso me basta y me sobra. El Señor anda ocupado en sus cosas…

NOSTRADAMUS

Alguien tocó a la puerta y el dependiente abrió. Adentro, en la penumbra, estaban los estantes repletos de botes de colores. Era la botica mejor surtida del lugar. Allá, al fondo, estaba el boticario, envuelto en su túnica blanca.

--Usted tiene la sustancia que necesito. El alucinógeno del futuro.

--No sé de qué habla, joven. Yo soy un boticario común y corriente. Tengo fantasías, pero las escribo, no las confundo con mis fórmulas químicas.

EN ÓRBITA

Llegó el día de la ceremonia y vino de inmediato el agasajo de la boda. Regalos, abrazos, danza y cena. Y al final, momento de partir. Ni siquiera nuestros familiares más próximos sabían a dónde iríamos.

--Avisan, por favor.

--No se tarden tanto.

--Cuídense. El mundo es hoy más peligroso.

Seguíamos sonriendo. No nos hubieran creído si les hubiéramos dicho que nuestra luna de miel sería justamente en la Luna.

DOBLE VIDA

El corazón tiene razones que la razón no entiende. Iba pensándolo camino de la casa de Odette, a reencontrarse con una imagen de su más remoto pasado sentimental. Para empezar, la casa había cambiado por completo: era hoy un palacete en miniatura. Y Odette se había convertido en un ícono de la moda.

Se miraron y se reconocieron. Él estaba vestido como lo que era: un repartidor de productos a domicilio. Y a ella le tocaba tomar la iniciativa:

--¿Volvemos a empezar? La vida está en blanco.

Y en aquel preciso instante se dejó oír la razón compartida: ¡Manos a la obra!

DOMINGO SIN VENTANAS

Hacía tiempo que no pasaba por aquella parte de la ciudad, la más antigua y a la vez la más moderna. La de caserones vetustos convertidos en restoranes, bares y hoteles boutique. Se hospedó en uno de estos. Cuando estuvo en su cuarto, se dio cuenta de que era una especie de ático rodeado de ventanas. Pero algo lo detuvo al ir a abrirlas. En vez de eso, fue de inmediato a encerrarse en el armario, como hacía en la infancia, para que nadie lo encontrara.

Como había puesto el pasador de cadena, dos días después tuvieron que forzar la puerta. El cuarto estaba hecho. Lo único irregular era que las puertas del armario se hallaban abiertas…

EN BLANCO Y NEGRO

Estaba en el primer día de sus vacaciones anuales de dos semanas. Una infinidad de minutos por delante. Se dispuso a preparar un poco de café, en el hornillo que estaba junto al televisor. Los primeros minutos se habían esfumado. Luego puso el DVD con aquella película que era su señal de partida hacia el ocio pleno: “El llanero solitario”, la de 1949, no la de 2013.

Tendido en su cama, era él también un héroe enmascarado por la vida. En los minutos, horas y días por venir tenía que recorrer sus llanuras interiores persiguiendo forajidos mentales.

POR GOTEO

Habían ido llegando uno tras otro, en calidad de desconocidos con el mismo propósito: cumplir el sueño de mejorar la propia vida, sin detenerse en la ruta ni amilanarse ante los peligros. Y ahora, tiempo después, estaban ahí, reunidos en el parque central de la ciudad de destino, para inaugurar el monumento conmemorativo de su aspiración consumada: un enorme grifo en bronce, del cual se desprendía a cada instante una nueva gota.

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