Cultura planetaria y convivencia regional

Guatemala, con todo y ser parte del triángulo de violencia regional, ha mantenido sus premios centroamericanos de literatura. Panamá tiene varios premios de creatividad a escala centroamericano. En Honduras se ha establecido un certamen literario para la región.
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Esta semana autoricé una segunda edición de “Un día en la vida” en idiomas indí y bengalí, en India. Eso me llama a repensar el papel de la cultura más allá de nuestras fronteras, aunque consciente de resaltar valores nacionales del propio país. Y a la vez promover y sentirnos parte de la rica y común cultura centroamericana. Al abordar este tema lo hago bajo impulso de un buen amigo escritor y abogado guatemalteco, asesor, desde que lo conozco, de varios ministros de Cultura de Guatemala. Su estudio y análisis sobre leyes y políticas públicas da pistas para una necesaria integración cultural regional.

Los textos del escritor y jurista guatemalteco Max Araujo hacen énfasis en compromisos internacionales en el área de la cultura y son bastante prolijos. Por lo general escribe sobre Guatemala, pero a partir de sus referencias descubrimos la proyección regional. Entre otras cosas nos recuerda la existencia del informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (1996) donde se hace un llamado a realizar esfuerzos sobre dichos temas afrontando los retos de la globalización, establecer políticas culturales que vayan de la mano con los compromisos internacionales. Hace un llamado a repensar en políticas culturales enfrentando retos desde una visión iberoamericana que debemos asumir partiendo de una integración cuyos eslabones sean los valores centroamericanos.

De acuerdo y los intercambios deben ser permanentes, compartir experiencias con personalidades de las artes y ciencias para entrelazarnos en procesos de aprendizajes –respetando desigualdades y naturales diferencias. Conocernos es ganar credibilidad en la cultura planetaria. Somos increíbles cuando pensamos lo que dio Rubén Darío al mundo como “Príncipe de la poesía castellana”, o Enrique Gómez Carrillo, guatemalteco, “Príncipe de los cronistas”, ambos posesionados en el difícil mundo europeo de la época (Siglos XIX y XX). Reconocernos en sus creaciones es cultivar orgullo y amor propio de nación.

De esas realidades provienen las tradiciones estéticas. Recuerdo los talleres de poesía en la Policía Nacional Civil de Nicaragua. Admiro la promoción anual con ocho premios anuales a artistas y científicos, en Costa Rica, por trabajos de investigación, los ensayos sobre cultura comunitaria, dramaturgia, literatura. Cada año se premia cada una de esas áreas.

Guatemala, con todo y ser parte del triángulo de violencia regional, ha mantenido sus premios centroamericanos de literatura. Panamá tiene varios premios de creatividad a escala centroamericana. En Honduras se ha establecido un certamen literario para la región. Todo un estímulo para desarrollar procesos educativos y de avanzada cultural con repercusiones sociales.

Además, ambos logros se interaccionan, “calidad estética, histórica y simbólica, posee en sí misma un valor económico que es vital para los países”, nos dice el escritor Max Araujo. Cuando afrontamos estos problemas una de las rutas a seguir es no aislarse “tenemos que prepararnos para una cultura en la era planetaria”, afirma el educador Edgar Morin que, como Humberto Maturana, al hablar sobre la educación transformadora observamos que encaja perfectamente con el tema cultural dado que ambos temas identifican y resuelven fenómenos de transformación para la convivencia “que no se enmarca en una sola temática, se aprende a vivir y convivir”. Se aprende a formar un mejor ser humano, dice el educador Maturana.

Un sistema de valores culturales promovidos por el sistema educativo incide en el cambio social, porque cultiva armonía ciudadana, neutraliza conductas de violencia que parecieran insuperables al no ahondar en formación integral. Neutraliza ansiedades e impaciencias producidas por incapacidad de adentrarse al mundo de las emociones sensibles y creativas. Refugiamos en el desánimo es la forma superior de congelar las iniciativas de reconvertir al ciudadano.

La realidad cultural de la región debe posicionarse proyectándola más allá de nuestros límites o limitaciones. Para ello necesitamos políticas de relaciones internacionales que nos enmarque en la cultura planetaria. En el pasado nos conformamos con sobrevivir cultivando haciendas bananeras, fincas cafetaleras, zonas algodoneras o ganaderos, fuimos productores de materias primas, pero estos tiempos de alta tecnología nos exigen algo más: presencia digna que atrae respeto planetario, presencia de identidad histórica que repercute desarrollo económico.

Debemos pensar en hacer visible el bloque regional. Lo experimentamos en las gestas independentistas (1811-1824) y en la guerra nacional centroamericana contra los filibusteros (1855-1860). Compartimos sobre todo “una conciencia común de nación: el mismo idioma, costumbres, creencias, sueños semejantes”, como decía mi maestro de ciencias jurídicas, además fino escritor Dr. José María Méndez.

Es importante no disminuirnos dada nuestra pequeñez territorial y necesidades económicas que repercuten en emigraciones masivas semejantes a los países con conflictos en el mundo. Este drama hace pensar en una vuelta de tuerca a través de una visión cultural que nos lleve a la reconstrucción nacional centroamericana. Contamos con organismos internacionales que pueden presentar iniciativas de posicionamiento para ir al mundo con credencial de naciones dignificadas por la paz y la convivencia.

Nota.- Al escribir esta nota recibo la triste noticia del fallecimiento del poeta chicano Dr. Francisco Alarcón, quien desde California nos acompañó en los festivales de Literatura Infantil organizados en la Biblioteca Nacional. Este año nos manifestó su carencia de ánimo para viajar, procuramos entonces conseguirle por lo menos ticket aéreo, porque siempre dependimos de su propia iniciativa para financiarse el viaje y gastos. No fue así, estaba gravemente enfermo y no quiso decirnos. Profesor de la Universidad de Davis, California, por cinco años dio alegría a miles de niños y niñas de nuestras comunidades vulnerables. Como poeta chicano fue hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de mexicanos nacidos en EUA por eso su labor literaria la proyectó en esa cultura originaria, característica de la identidad chicana. Dos veces me invitó a su universidad para participar en eventos para recaudar fondos en San Francisco en beneficio del Festival Infantil. Pancho: este año, al celebrar con niños y niñas la fiesta de la literatura, tu corazón estará en cada uno de esos pequeños corazones palpitantes que acompañaste con alegría y entusiasmo en El Salvador. Gracias hasta la eternidad por ofrecerle vida a la cultura latinoamericana

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