Cuna de valientes

Hoy Mijango está en la cárcel mientras los otros mediadores, como el expresidente Funes, batallan desde Twitter. Y el general, que se supone lidera la cuna de valientes, sigue escondido en su retórica.
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La frase, que acompaña el nombre de la Escuela Militar Gerardo Barrios de El Salvador, lleva pintada varios años en los portones de la institución. “Cuna de valientes”. Palabras vacías si se les relaciona con la actitud del actual liderazgo militar salvadoreño respecto del pacto entre las pandillas y el Estado, diseñado durante 2011 en el despacho del general David Munguía Payés cuando era ministro de la Defensa Nacional y ejecutado por él mismo a principios de 2012 cuando era ministro de Justicia y Seguridad Pública.

Entrado 2012, Munguía empezó a ser más claro sobre aquellas mentiras. En los últimos dos años ha dicho en público que el expresidente Mauricio Funes, su jefe y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, sabía todo sobre la tregua; lo sabía porque él, el general, le había comunicado el plan y lo había echado a andar con su aprobación.

En los últimos días, sin embargo, Munguía Payés ha vuelto a las mentiras o a las medias verdades para intentar desligarse de las 18 personas, funcionarios públicos la mayoría, a quienes la Fiscalía mandó a arrestar el martes pasado, y a quienes ha acusado de cometer delitos durante la ejecución de la tregua. Munguía ha reculado y Funes… Funes sigue tuiteando.

Valiente. El diccionario de la Real Academia atribuye este significado al adjetivo: “Fuerte y robusto en su línea”. Poco de eso.

Puede decirse del general que utilizó todos los trucos escritos en los libros del poder político, y se inventó otros, para echar a andar su plan. Pero no puede decirse que él y su jefe hayan asumido con valentía, de cara a la Nación, las consecuencias políticas de ese plan. Porque la tregua fue, desde su concepción, diseñada como una política pública para enfrentar, al menos, los altos índices de homicidios. La tregua nunca fue una idea fraguada entre apóstoles de la paz; fue un plan del Estado, aunque hoy, a la luz de posibles consecuencias penales por los supuestos delitos cometidos en el camino, sus padres se empeñen en negarlo. Poco de valentía en eso también.

Este espacio es muy corto para abordar la valía moral de esa política pública o para ahondar sobre los nefastos efectos secundarios. Una de las pocas cosas claras que nos ha dejado la tregua es que redujo los homicidios. El problema es que, desde el principio, y debido precisamente a la cobardía política que ha rodeado a todo el asunto, esa reducción –que en sí misma es sin duda positiva– implicó debilitar al Estado y fortalecer a un ente criminal.

El Estado es hoy más débil, más poroso, más corrupto. No lo es por la tregua en sí misma, sino porque quienes la diseñaron, si atendemos a las acusaciones de la Fiscalía y a varias investigaciones periodísticas respetables, no dudaron en cometer delitos para ejecutar esa política pública.

Va a resultar que el más valiente en toda esta historia es Raúl Mijango, el mediador preso. El ex comandante guerrillero siempre ha dicho de qué iba el asunto, y por bajo y por alto le pidió al Estado que reconociera la paternidad y asumiera las consecuencias del plan. Hoy Mijango está en la cárcel mientras los otros mediadores, como el expresidente Funes, batallan desde Twitter. Y el general, que se supone lidera la cuna de valientes, sigue escondido en su retórica

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