De hacerse los suizos y las desigualdades

Si la tendencia se mantiene, el otro año el uno por ciento de las personas más ricas del mundo mantendría en su haber más de la mitad de la riqueza mundial.
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OPINIÓN (Desde allá) México

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El pasado lunes, despertamos con los Swiss Leaks. Uno quisiera que el chocolate, los relojes o el queso, o incluso unas enchiladas, representaran mejor a lo que uno sabe de Suiza, pero realmente siempre nos ha sonado a paraísos fiscales. Una lectura más minuciosa nos lleva a ver que los registros de un solo banco y asociados con la banca offshore (y no tanto a la Suiza, misma) dicen un poco lo que ya sabíamos: hay gente muy rica y que no vemos.

A pesar de que aún no hay claridad en los registros que se han filtrado (hay una base en formato .csv no muy claro), lo cierto es que hay mucho dinero guardado en paraísos fiscales y que la participación de El Salvador incluye 54 cuentas con un total de $88 millones y una sola cuenta asociada al país tiene $52.5 millones. Esto solo abona a las noticias que ya habíamos leído: los ultramillonarios existen y existen en Centroamérica, tal como nos lo había dicho la consultora Wealth-X y UBS en su informe de 2013. En la región habría cerca de un millar de personas que acumularían alrededor de $137,000 millones.

La verdad poco sabemos de los “ricos”. Tenemos ideas románticas de ellos quizás, que han trabajado toda su vida, que se dan lujos que no sabemos… pero no aparecen en las encuestas. Rara vez tendremos en los muestreos aleatorios a los más ricos. En cambio, la pobreza se mide de múltiples formas, se focalizan los programas para ayudar a los pobres más “intensamente” pobres, porque la pobreza también tiene una medida numérica de intensidad. La pobreza no es invisible (por más que muchos se hagan de la vista gorda, por más que uno elija alienarse y pasar metido en el centro comercial).

Nuestro imaginario no llega hasta ahí como para tener idea de la misma desigualdad en la que vivimos. Un índice de Gini de 0.43, el promedio de los últimos años (2010-2013, según el Banco Mundial), es demasiado abstracto. Además, ha sido construido a partir de una fuente de datos que no da cuenta de la mayor riqueza, y menos quizás de los activos que están en la banca offshore. Lo que alcanzamos a ver de lo que hay al lado opuesto de la pobreza quizás solo sea la punta del iceberg.

No, no concebimos la distancia, ni qué tanto está creciendo. El pasado enero, Oxfam presentaba en el foro económico de Davos un estudio: si la tendencia se mantiene, el otro año el uno por ciento de las personas más ricas del mundo mantendría en su haber más de la mitad de la riqueza mundial. No, esto no es un caso aislado.

Esa es la contribución de la noticia de esta semana. Más allá de las especulaciones de que si el dinero es malhabido o ilegal. El mismo sitio de divulgación mantiene la advertencia: “Existen usos legítimos para empresas offshore y fideicomisos. No es nuestra intención sugerir o implicar que las personas, empresas u otras entidades incluidas en la de base de datos offshore de ICIJ han violado la ley o de otro modo actuado incorrectamente”. Y si no podemos establecer la legalidad, sí podemos tener una discusión desde la moralidad y la ética ¿qué tan ético es un sistema económico que permite (y quizás propicie) estas diferencias atroces entre las personas?

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