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De remiendos y parches

Esta realidad se puede cambiar cuando dejemos la comodidad y la costumbre de delegar el presente y el futuro en los demás.
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De remiendos y parches

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Ante una situación de emergencia o de extrema vulnerabilidad el ser humano tiene una tendencia natural a defenderse o buscar protección como una respuesta inmediata o temporal que puede ser inherente al instinto de conservación de la especie.

Si una tormenta nos toma desprevenidos se activa de inmediato la búsqueda de un sitio para resguardarnos o que al menos nos brinde cierta sensación de seguridad. La frase, sin embargo, la aplicamos casi en todas aquellas circunstancias en las cuales enfrentamos una situación difícil en la familia, en la economía, en el trabajo, en la política, en la vida cotidiana en general y, más todavía, en la administración de la cosa pública.

Desde hace varios años el país se ha quedado en un estado crónico pasando las tormentas y las reacciones más que responder con respuestas estructurales a los problemas han sido inmediatistas, de corto plazo y en no pocas ocasiones con la intencionalidad perversa de beneficio personal o hasta de carácter electoral.

El año que recién inicia los empresarios del transporte público de pasajeros agrupado en tres gremiales decidieron paralizar el servicio durante tres días y aumentar el costo del pasaje ante el retraso gubernamental en la entrega de seis meses de subsidio.

El Gobierno, como lo ha hecho por décadas, respondió con una medida crónica a un problema crónico: multas, amenazas de suspensión de la concesión y al final la dobladura de brazo para que todo volviera a su estado original, es decir, a casi nada. Que hay un Sistema Integral del Transporte del Área Metropolitana es muy cierto, aunque sigue en el papel.

Por ahora el Gobierno ha incumplido la ley y debe dar a los empresarios la compensación y remendar otra vez el parche que colocó en 2012, cuando decidió no incluir en el presupuesto general la totalidad del pago de la compensación y arrastró un problema para 2013. Para irla pasando.

Ante la evidente falta de liquidez y el incumplimiento a los empresarios de buses, el Ejecutivo ha acordado transferir un problema a la Asamblea Legislativa al solicitar la autorización para reorientar unos $10 millones de los $400 millones que no fueron cobrados de la emisión de títulos valores y cuyo fondos están destinados al pago de la deuda del país. Y nuevamente surgen algunas preguntas. Si los empresarios pagan el COTRAMS, ¿dónde está entonces ese dinero?

En buenos términos se trata de colocar un parche en saco roto. Se puede honrar el compromiso incumplido, sin embargo un gasto corriente se convertirá en deuda que más tarde deberá pagar toda la población a través de más impuestos o contribuciones como ahora se ha dado en llamar.

Así cabría en la lista otros casos que demandan respuestas de fondo. Es bueno saber que la reforma integral al sistema de salud también puede tener sus días contados, hasta lo que dure la presente Administración porque su profundización y continuidad está sujeta a más fondos y el compromiso de quien asuma a partir de junio de 2014.

Como testigo mudo de esa pobre realidad está el puerto de La Unión, que podría convertirse en el monumento más grande a la indiferencia, el despilfarro o la incapacidad de la pasada y la presente administración.

Y qué decir del pacto fiscal que podría terminar en solo un ofrecimiento y en otro remiendo más para salir del apuro, porque en el país hay muchos reclamos sociales y también mucha oposición o resistencia de todos a pagar los impuestos como Dios manda. En fin, dirán algunos, ya vendrá el próximo gobierno que se las deberá arreglar para irla pasando.

Que esta realidad se puede cambiar, no hay ninguna duda y ocurrirá solo cuando dejemos la comodidad y la costumbre de delegar el presente y el futuro en las manos de los demás.

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