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De tráfico, mayorías, minorías e independencia

“Dicen que esos ‘pocos maestros’, esa minoría, están paralizando al mundo. Casi el universo. Porque el citadino piensa que ‘su mundo’ es el universo.”
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OPINIÓN (Desde allá) México

Coplico 503

*Escritora y economista salvadoreña radicada en México, D. F.

El tráfico de la ciudad de México es una cosa impresionante. Trayectos que deberían durar media hora pueden durar horas. La gente se queja. Llueve y se hace más tráfico. No es para menos, el Distrito Federal concentra muchas cosas de las otras 31 entidades federativas en este país. Como gran ciudad, la demanda de servicios supera muchas veces a la oferta, y todos queremos un poco.

Últimamente, la única fuente de descontento del tráfico son “los maestros”. La reacción de la gente es culpar a los maestros como chivos expiatorios del tráfico, de “la suciedad” de la ciudad, de las llegadas tarde y un descontento de lo que pasa con “mis impuestos”.

“Los maestros”, “haraganes”, así llamados por muchos citadinos, vienen de Oaxaca. Oaxaca está entre seis y más de 16 horas de camino (porque Oaxaca es un estado muy vasto). También vienen de Michoacán. También vienen de Chiapas. Estuvieron acampando en el Zócalo de la ciudad hasta el 13 de septiembre. Donde normalmente hay ferias o está lleno de gente tirando algún juguete al aire que hace ruido y uno que otro turista tomándose fotos, aparecieron las tiendas de campaña. Se trató de la protesta –hoy afincada en el monumento a la Revolución– por la reforma educativa, pero, sobre todo, por la reforma laboral que esta lleva implícita.

Vuelvo a oír la misma queja de esos que piensan que lo importante es trabajar y ser productivo (quejas que he oído en otros lados, incluyendo El Salvador). Dicen que esos “pocos maestros”, esa minoría, están paralizando al mundo. Casi el universo. Porque el citadino piensa que “su mundo” es el universo. Para todos, somos nuestro propio universo; he estado en el trancón (en estos y en otros que nada tienen que ver con protestas), y no es agradable perder tiempo ni recursos, sobre todo en el estilo de vida que llevamos: la cultura del justo a tiempo y la transferencia de todas las pérdidas al eslabón más bajo de la cadena (consumidores o trabajadores).

Pero qué es una mayoría y qué es una minoría. ¿Por qué se hace tanto hincapié en que “unos pocos” no pueden paralizar, ni ensuciar, ni usar los recursos de la mayoría? ¿Por qué en una ciudad donde ni siquiera dan abasto (o usan) los basureros, de repente se hace una apología a la limpieza de la ciudad? ¿Por qué México puede ser 22 seleccionados que no van al mundial, pero al mismo tiempo se quiere construir la nacionalidad desde el individual carro atrancado en el empresarial Polanco o Reforma? Y esto no va solo para México, deberíamos empezar a construir patria desde la empatía.

El “DF” no es una mayoría. En el Distrito Federal “residen” alrededor de 8 millones de los casi 120 millones de este país. Los números no salen. Los maestros serán pocos (caben en un Zócalo), pero representan la queja de un país mucho más grande. Estamos acostumbrados a visibilizar el otro México solo cuando hay una protesta y quizás por eso cada vez la protesta es más fuerte y entonces criticamos los medios utilizados. A la Ciudad de México le falta entendimiento, pues es lejana, existen delegaciones que tienen el índice de desarrollo humano de una ciudad europea.

Tan lejanos como europeos, tan poco empáticos como extraterrestres. Tan capaces de hacer comentarios racistas en redes sociales que se burlan de los maestros porque vienen de un Oaxaca indígena. Ese ambiente ha sido de las cosas más despreciables que he visto en este gran país al que ya quiero mucho, ese país que en Zócalo “limpio” celebró su independencia, seguramente con las “mayorías”.

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