Del dictador que tuiteaba al héroe embalsamado

Y todo es maniqueísmo puro: se odia o se ama a Chávez. Fue bueno o fue malo. Y además se hace desde afuera. Y se alinea además como izquierda.
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Del dictador que tuiteaba al héroe embalsamado

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OPINIÓN (Desde allá) México

Copilco 503

No soy venezolana. No conozco ese país y sé muy poco de su historia. Reconozco en mí la ignorancia de no saber qué significó tener como presidente a Hugo Chávez Frías. Pero reconozco el emblema del hombre odiado y amado. Como quien mueve la tierra rápidamente, su paso fue más corto que el que pensábamos que sería.

Y pues soy subjetiva. Como un ejemplo, totalmente burdo a la figura del terrible dictador de algunos, se me antepone su actividad en Twitter, esa red social de 140 caracteres que a muchos nos envicia. Un dictador que escribe en una red social y quiere contestar a todos sus seguidores… se me hace un dictador bastante capacitado en eso tan de “social media” de las grandes marcas o bien alguien que realmente quería comunicarse con la gente. Y eso no me cuaja. Algo tan simple no me cuaja. No me cuaja que realmente la prepotencia de una dictadura incentive el uso de las redes sociales. Porque antes que @pontifex estuvo @chavezcandanga, quien hizo un hito en el manejo del Twitter en política latinoamericana.

Sé que esto podrá ser una reflexión banal cuando tenemos cifras de los segundos salarios mínimos más altos en América Latina, reducción de 20 puntos porcentuales en incidencia de la pobreza y, de lado de los detractores, tenemos el aumento de la violencia en ese país y la inflación. Porque realmente seguramente existen diez mil cosas más qué decir.

Y eso es lo que pasa: algo sucede en el mundo y sentimos que nos ha sucedido a nosotros y lo leemos con nuestros marcos de referencia, a veces inadecuados y a veces obsoletos. Yo puedo decir que qué maravilla de tuitero, qué bonito cantaba y otro montón de cosas, pero no viví en Venezuela.

Y todo es maniqueísmo puro: se odia o se ama a Chávez. Fue bueno o fue malo. Y además se hace desde afuera. Y se alinea además como izquierda y referente de todas las izquierdas. Cuando poco sabemos qué es una izquierda o una derecha. O juzgamos desde un pedestal de democracia que realmente no tenemos. ¿Qué es más o menos democrático: las democracias de las llamadas derechas con autoritarismos competitivos o lo que sucede con los personalismos de las izquierdas?

A mí se me hace un balance complicado. Y tiendo a morderme la lengua y quisiera creer en el socialismo real, lo quiero creer. Porque mis convicciones refieren a una persona que cree que el reparto de la riqueza del mundo puede ser mejor a la que tenemos actualmente. Pero aquí es cuando me detengo, cuando no sé cómo juzgar el mundo desde lo que quiero que sea y desde lo que realmente es.

Y entonces, la muerte de Chávez me toca. Y seguro conmociona a muchos desde todas las opiniones. Rescato lo que leí en redes sociales al Partido Obrero Socialista de México, Hugo Chávez fue un personaje que puso la palabra socialismo en la discusión mundial. Ahora bien, la estocada final viene en su muerte, con su cadáver embalsamado para la posteridad y su próximo destino como deidad del socialismo del siglo XXI. Quizás muere como lo que fue: un ícono y no un hombre. Habrá que ver sí realmente solo eso aprenderemos de Hugo Chávez.

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