Destino en tres palabras

Tenía la vida a su disposición, al menos en cuanto a seguridad de ingresos y a la tranquilidad de ánimo.
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David Escobar Galindo

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Desde la primera infancia tuvo un plan de progreso personal, y lo fue siguiendo paso a paso, sin hablar de eso con nadie, ni siquiera con sus padres, que siempre fueron responsables de su progenie, al estilo de los viejos tiempos; es decir, imponiendo su voluntad, sin violencia pero a la vez sin comunicación esclarecedora. Él en aquel ambiente era, pues, un conocido perfectamente desconocido.

Contra todo pronóstico, tal condición le fue abriendo internamente ventanas de libertad. A través de esos cristales observaba el entorno y se iba haciendo sensible a su capacidad de eso que comúnmente se conoce como “ser alguien en la vida”. Sus compañeros de juventud, en el mundo escolar y fuera de él, lo visualizaban como un exitoso constructor de sueños.

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