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Diáspora hispana y poesía

Hay una razón para que la poesía, tanto de nacionales como de emigrantes, se mantenga con fuerza que nos dice: no basta la economía para el desarrollo.
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La última vez que visité Washington, D. C. fue a principios del 2000, cuando fui invitado por una red de educadores como facilitador educativo en escuelas básicas del distrito de Columbia, para una población de estudiantes hispanos. He vuelto en el 2016, toda una eternidad. He encontrado cambios notables, cada vez más ajustados a la arquitectura parisina.

Esta vez la invitación llegó de la Casa de la Cultura de El Salvador (Dra. Jeannette Noltenius), del Teatro La Luna (los sudamericanos Mario y Nucky Walder) y del Dr. Rei Berroa, poeta dominicano y catedrático de George Mason University. Él también es el director de la Maratón de Poesía (la de 2016 fue su XXIV versión). La de este año se organizó para conmemorar los 400 años del fallecimiento de Miguel de Cervantes y los 100 años del deceso de Rubén Darío, ambos universales y nuestros.

La XXIV Maratón de Poesía es una competencia de larga distancia, para hacerse presentes en un marco donde se entiende que no basta la economía para el desarrollo nacional. Se sumó a la iniciativa la Embajada de El Salvador. Además, se tuvo el abrigo de la Biblioteca del Congreso de Washington, D. C.

Realizar esta edición significó el nacimiento de un entusiasmo dinámico, aún contra todas las dificultades, como dice Rei Berroa en su carta de invitación: “Es un placer tenerlos con nosotros en un modesto espacio en donde nos desenvolvemos en esta fiesta de familia pobre, pero ya verán que decorosa maravilla les hemos preparado” (Antología conmemorativa del evento: “Puesto ya el pie en el estribo”).

Desde 1992, afirma el poeta dominicano Berroa, se suscita la creatividad en la población hispana para promover y dar a conocer la poesía como vehículo de acercamiento solidario en la comunidad. Fue una visita de cuento de hadas, que no necesitó de varitas mágicas, pero sí voluntad y conciencia del papel de la creatividad literaria en la diáspora hispanoamericana.

En todo momento ha sido fundamental esta presencia literaria. Los 55 millones de hispanos en los Estados Unidos necesitan esta simiente de conciencia moral en un mundo que cada vez pertenece a todos. Al prevenir conductas violentas se contribuye al bienestar económico de un país donde solo los pueblos originarios, las tribus indígenas, no tienen raíz emigrante.

Pero ni modestia ni pobreza son obstáculo para la grandeza: el intercambio y las emociones enriquecen más de lo imaginable. Así fue en el Teatro La Luna, en la Casa de la Cultura y en la Embajada de El Salvador. Además de ser recibidos en esa otra maravilla que es la Biblioteca del Congreso, rodeada de monumentalidad en honor a los constructores de la Nación: los monumentos a Washington, a Lincoln, a Roosevelt, Martin Luther King, o el impresionante memorial de los estadounidenses caídos en Vietnam.

Cumplida la misión cultural, esta vez he tenido más tiempo para visitar los memoriales patrióticos mencionados y reiterar la importancia de la gestión poética con los salvadoreños e hispanoamericanos asentados en los Estados Unidos de Whitman y Faulkner.

Los compatriotas cuscatlecos casi alcanzan los dos millones y medio, contando los casi 500,000 indocumentados. Los hispanoparlantes llegan ya a los 55 millones, con un elevado número de mexicanos, seguidos por los puertorriqueños y salvadoreños.

Dentro de esa realidad la poesía se hace presente, como ya lo habíamos podido vislumbran antes con los salvadoreños de California, que han publicado más de una veintena de libros de poesía infantil. Algo tiene la poesía para llamar la atención en un país al que, por estereotipo, lo relacionamos con desarrollo físico y material. Hay una razón para que la poesía, tanto de nacionales como de emigrantes, se mantenga con fuerza que nos dice: no basta la economía para el desarrollo.

A ese respecto menciono algunas frases de la anterior antología poética de habla española, “Al pie de la Casa Blanca”, organizada por el argentino-estadounidense Luis Alberto Ambroggio y por el poeta salvadoreño Carlos Parada, los dos participantes de la Maratón 2016.

Agrego frases que, aunque no son de ellos, las mencionan en su libro antológico: “La poesía es una forma de violencia interna para combatir la violencia externa” (Seamus Heaney, Irlanda, Premio Nobel). “Aunque como escritores no podemos servir para quienes hacen la historia, por lo menos acompañamos a quienes son sujetos de la misma” (Albert Camus, Premio Nobel, Francia). O algo más fuerte: “Mientras que la política corrompe, la poesía purifica” (John F. Kennedy).

El presidente asesinado se refiere a su país, donde aún la esclavitud produjo poesía. Luego el grupo poblacional que la sufrió hizo surgir hermosas manifestaciones del arte música, como el jazz, el blues y ahora el rap. Estados Unidos es un país que fue construyendo tardíamente su identidad, completándola con el lamento y el dolor del esclavo por su África, ahora una expresión ineludible de la nacionalidad estadounidense.

Una espiritualidad que visibiliza el amor ante los relámpagos del odio, como en los reclamos de muchos de sus poetas y escritores. Es el caso del afroamericano Langston Hughes, continuada en la época contemporánea por la poesía beat de Lawrence Ferlinghetti, Charles Bukoski y Allen Ginsberg, sin los cuales no existiría el valor moral paralelo al crecimiento económico, logrado incluso a partir de las contradicciones que este último construye.

Desde ese contexto surge en Estados Unidos el interés de promover la poesía escrita por los emigrantes de habla española, iguales a aquellos que edificaron ese país a partir de una diáspora desde una Europa en crisis económica y religiosa.

La clave está en reconocer que una nación no deja nunca de construirse y reconstruirse desde sus victorias y sus ruinas, como en el caso de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, o de Japón y Vietnam arrasados por el fuego y resurgidos al abrigo de una fuerte identidad cultural.

Así, los poetas contribuyen, gracias a la belleza del arte, a hacer intolerable esa aberración del programa de la Alemania nazi que tanto horror produjo: “Si no podemos alimentar a nuestra población, los no ciudadanos deben ser expulsados del Reich”.

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