El apellido Hándal nunca fue una carga para mí

Es hijo de uno de los políticos salvadoreños más influyentes de las últimas décadas. Jorge Schafik Hándal Vega es el vástago de Schafik Jorge Hándal, el único hijo varón del líder de izquierda que nació en Santiago de Chile en medio del exilio. Desde hace meses, Jorge Schafik cobró notoriedad al participar como candidato para alcalde de San Salvador, como lo hizo su padre. Hándal cuenta cómo está siguiendo un camino que ya es familiar.
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Julia Estela López es la encargada de cuidar el monumento a Schafik Hándal. Desarmada, solitaria, con la única misión de velar el monolito de cemento gris, ella pasa viendo la vida desde este amplio redondel ubicado en Mejicanos. Hoy, que se asolea como cada tarde en época seca, alcanza a distinguir una figura familiar pero a la que está poco acostumbrada a ver en carne y hueso: Jorge Schafik Hándal Vega está de pie frente al monumento en honor de su padre.

Ella se le acerca. Y tan pronto puede, se descarga de los menesteres de esta que es su ocupación. Estela le dice al hijo del fallecido líder de izquierda que el monumento tiene manchas de pintura, pero que lo peor no es eso, sino que los patinadores llegan hasta aquí y ensucian sin el más mínimo respeto la figura que ella tanto cuida. El político de izquierda se compromete a traer un bote de disolvente para quitar la pintura.

Jorge Schafik comienza a caminar raudo por el redondel. Hándal va vestido con una camisa clara y pantalones vaqueros. Su teléfono celular comienza a sonar. Son noticias desde Venezuela.

—Se acaba de morir Hugo Chávez –dice Jorge Schafik sin levantar la mirada del suelo.

Hándal se queda pensativo por un instante. Chávez ha sido el principal referente del FMLN ante el retiro de Fidel Castro como presidente cubano y la misma muerte de su padre. Hugo Chávez tuvo palabras para la familia de Schafik Hándal cuando el dirigente del FMLN murió de un infarto agudo al miocardio el 25 de enero de 2006. “Honor y gloria al camarada Schafik Hándal”, escribió el mandatario venezolano en una carta dirigida a su esposa, Tania Bishkova, y que hizo extensiva al resto de la familia del dirigente del FMLN.

Jorge Schafik revisa los mensajes de su celular y hace unas llamadas rápidas. Antes de irse, Hándal se detiene por un instante frente la imagen de su padre que acompaña el memorial. Cada vez el parecido entre ellos es mayor. Antes, el único hijo varón del dirigente histórico del FMLN tenía más posibilidades de pasar sin ser reconocido. El parecido los salvadoreños comprobaron en la campaña electoral de 2012. Jorge Schafik fue candidato para alcalde de San Salvador y su rostro copó los espacios públicos. Una campaña que para él terminó en una debacle frente a Norman Quijano. El alcalde de la capital obtuvo el 63.36 % de los votos contra el 32.61 % de Hándal. Una aplastante derrota que dejaría a cualquiera fuera del ruedo político. Pero quizá el único consuelo de Hándal sea que –para bien, mal o por herencia– su rostro sigue siendo parte de la política local.

Un taxista desde un destartalado auto amarillo que transita alrededor del redondel saca la cabeza por la ventanilla y le grita: “¡Schafik chiquito!”

¿Es complicado que lo comparen con su papá cuando trata de hacer su carrera política?

No, yo ya superé ese problema que me comparen con mi padre. Fue una situación que yo afronté con la misma ayuda de él porque nunca me benefició en nada. Yo nunca viví a la sombra de él sino que me decía: “dale vos, y si metés la pata, tenés que responder”.

¿A qué se refiere cuando dice que fue un problema?

Me refiero a que todo el mundo me pregunta sobre la relación entre mi papá y yo, y hacen un gran problema con eso. Pero yo hace rato que resolví esa situación. Yo no me siento intimidado por la figura de mi padre ni por su legado.

¿Cómo ha afrontado las constantes comparaciones entre los dos?

Bueno, yo le doy su espacio a la gente. Después dirán este es mejor, es peor o es igual. Pero para qué voy a estar luchando solo para desgastarme.

Pero hay mucha gente que actúa queriendo emular a sus padres…

Pues sí, y hacen un ridículo espantoso. Porque inmediatamente los comparan con el tata o la nana. Y dicen “no, ni por la sombra”, “ni cerca”, “este es un ridículo”. Lo mismo ocurre cuando alguien empieza a decir cosas como “no, mi tata es aquel y yo soy yo”. A las personas les caen mal esas actitudes. La gente aprende a juzgarte por lo que vos hacés no por lo que hablás.

¿Se puede heredar el carisma?

No, pero puede ser que heredés algunos aspectos de la personalidad de tu padre. Contar chistes como tu papá contaba chistes. Pero la gente es la que reconoce el carisma en una persona. Y tener carisma no solo es caerles bien a todos sino que ser consecuente con tus ideas, defender tus principios, honrar tu palabra. Ser incorruptible.

Durante la campaña en la que fue candidato a alcalde capitalino, ¿se trató de distanciar de la imagen de su padre o anclarse a ella?

No, no se manejó esa situación. Nunca hicimos nada respecto de eso. Ni para distanciarse ni para usarla. Utilizar la imagen de mi padre hubiera sido como faltarle el respeto, pero tampoco me distancié de ella, ¿para qué lo iba a hacer?

Pero la comparación debe ser difícil para un político que quiere crear su sello personal…

Sí, parecerme a mi papá es algo que no puedo negar, pero cada quien juzga. Al final, creo que ya tengo mi propio caudal. Para bien o para mal, pero ya me identifican. Entonces yo ya no tengo el problema de estar peleando con la sombra de él y nunca lo hice. Mucho menos hoy.

Ese caudal incluye que en 2002 los medios de comunicación publicaron que usted ganaba un doble salario en la Alcaldía de Soyapango solo por ser el hijo de Schafik Hándal.

Sí, y yo pedí que se retractaran por esa información. Me dedicaron dos columnas de opinión en las que se me comparaba con el hijo de Ciro (Cruz Zepeda). Querían dar a entender que yo ganaba un salario extraordinario cuando era de 7,700 colones ($880). Pero sobre todo, me querían comparar con el hijo de Ciro, al que siempre han tenido en la Asamblea Legislativa. Pero yo entré a la Alcaldía de Soyapango por mis propias relaciones y no por las de mi padre.

¿Cómo llegó a la Alcaldía de Soyapango?

En ese momento había salido electo como síndico Carlos Ruiz y con él nos conocemos de años. Yo fui a hablar con él. Le conté que estaba jodido económicamente y le di mi currículo. Al tiempo, entré como jefe del departamento de alumbrado de espacios públicos. Pero toda la polémica fue porque querían “puyar” a mi padre en la Asamblea Legislativa. Los periodistas le fueron a preguntar sobre eso y él les dijo que yo era un hombre grande, así que si tenían dudas, que me preguntaran a mí. Nadie llegó a buscarme a la alcaldía.

¿Por qué le molestó que lo compararan con el hijo de Ciro Cruz Zepeda?

Lo que más me molestó fue que mi padre nunca me promovió para el puesto en Soyapango. Él siempre estuvo en contra del nepotismo. Lo dijo en varias intervenciones dentro del partido. Él decía que eso no promovía cuadros políticos sino que parientes. No puede existir la comparación con el hijo de Ciro. Que yo sepa, él siempre fue asesor o diputado suplente en la Asamblea, mientras que yo entré de diputado hasta después de que falleció mi padre.

¿Su padre nunca le pidió que lo emulara?

No, pero tampoco me dijo que no lo siguiera. Me dejo libre y yo hice mi camino.

¿Y convertirse en político fue su primera opción?

No, yo primero quería ser arquitecto. Mi tío Antonio Hándal era arquitecto y yo quería ser como él porque siempre nos llevamos bien. Hasta que lo desaparecieron en 1980. La vocación iba tan en serio que hice el primer año de Arquitectura en la universidad, pero después me fui a estudiar Ingeniería Civil a la Unión Soviética.

¿Quién le dio sus primeras clases de política?

Mis primeras clases fueron en la juventud del Partido Comunista, aunque mi papá me dio charlas.

¿En qué momento tuvo estas pláticas con su padre?

Eran en diferentes momentos, pero siempre tenía una larga plática cuando cada uno de sus hijos cumplía los 15 años. Conmigo habló una semana en la que tenía que hacer unos trabajos del partido. Yo le ayudaba a escribir cuando él estaba en la casa. Le dictaba y él redactaba en la máquina. En esa conversación me dijo: “Este soy yo, no te pido que me sigas, sino que te doy información para que vos tomés tu decisión de unirte al frente”.

Así que en lugar de tener la típica plática sobre mujeres, le presentó su proyecto político...

No tanto así, también me dio consejos sobre cómo tratar a las mujeres. Cuando tenía 16 años y yo quería andar de novio, me dijo: “Mirá, no vayás a andar con un montón de novias. Sé serio. Si te vas a meter con una cipota, dale su lugar. No vayás a andar de novio para arriba y para abajo, porque eso no lo voy a aguantar”. Aunque no era un padre de todos los días, sí mandaba.

¿Cómo fue la vida familiar para el hijo del líder de izquierda que vivió cinco exilios y siete capturas?

Nuestra vida era muy normal. Nosotros nacimos en esa coyuntura, así que no nos parecía nada espectacular. Mi padre y madre se esforzaron para que nosotros, a pesar de todo, tuviéramos una infancia y juventud normal. No fue una vida lúgubre.

¿A qué se refiere con una vida normal?

Salíamos a fiestas, al cine Rex, íbamos de paseo. A mis dos hermanas hasta les llevaban serenata. Claro que nosotros teníamos una disciplina interna y nunca decíamos donde andaban nuestros padres ni otra información de la familia. Los amiguitos tampoco te preguntaban tanto, no como hoy que usan a los niños para averiguar de los vecinos por la situación delincuencial.

¿Y su papá siempre estaba en la casa?

Era variado. Había épocas en que no lo veíamos durante seis meses y otras en que llegaba a la casa casi todos los días. Cuando él se iba, todo lo sorteaba mi madre, una mujer muy fuerte que asumió la conducción del hogar y la crianza. Aunque siempre estaba en coordinación con mi padre. Él se podía ir seis meses, pero ella siempre sabía dónde estaba.

¿Cuáles fueron las situaciones más complicadas que le tocó vivir a su mamá?

Bueno, la policía se fue a meter un par de veces a la casa. En otras ocasiones, a ella le llegaron a dar la noticia de que habían matado a mi papá y estaba en el río Acelhuate. Imagínate el impacto para ella y tener que afrontar eso. Como mi padre le dijo una vez, ella fue su retaguardia estratégica.

Cuando llegó el conflicto armado, ¿cómo asumió su papá que usted se volviera guerrillero?

Solo me preguntó si lo había pensado bien. Yo le respondí que sí y así terminó la plática. Él sabía que no quería ir a la guerra por haber visto las películas de Rambo. Ya en el frente, él nunca movió un dedo para que tuviera mejores condiciones que el resto. Yo sabía que se preocupaba porque era mi tata y que siempre preguntaba por mí desde la comandancia.

¿Ser el hijo de Schafik Hándal no conllevaba un cargo extra en el frente?

Es que solo los compañeros más cercanos sabían que yo era el hijo de Schafik. Todos nos manejábamos con seudónimos. Así que el 98 % de los compañeros combatientes no sabía quién era yo. Se dieron cuenta hasta después de la guerra.

Pero ¿y el parecido físico?

Es que entonces yo tenía la barba completamente negra y nunca nos relacionaron. Además, en los frentes de guerra establecés una camaradería basada en un contacto de 24 horas. Conocés cómo es la persona en las buenas, las malas y en las peores. Con sus debilidades y fortalezas. Entonces los lazos de consanguinidad quedan relegados. El apellido Hándal nunca fue una carga para mí.

¿Y con la firma de los Acuerdos de Paz sí tuvo un peso llevar el apellido Hándal en el FMLN?

Bueno, lo que pasa es que después de la guerra yo trabajé en dos ONG. Y de 1994 a 1997 puse mi negocio de comida. Me compré un carretoncito y contraté a un muchacho para que vendiera tortas. Yo me iba los domingos con él y llevábamos el carretón a los Planes de Renderos. No creas que era un carretón “rascuache”, era decente. Después me quedé sin trabajo y salió la oportunidad de poner un negocio de comida a la vista. Lo llamamos La Cazuelita.

¿En esa época estaba ajeno al partido?

No, yo tenía responsabilidad de trabajo político en San Vicente. Aunque cuando me hice cargo de La Cazuelita, sí me alejé completamente. Mi atención al local era toda la semana. Estábamos en la cuarta planta del Gran Bazar de Merliot y allí pasaba metido. Vendíamos desayunos, almuerzos y cenas. Pero en el centro comercial había varios negocios de comida a la vista y era una competencia para ver quién colocaba más platos.

¿Y cómo le fue administrando el comedor?

Mal, mal. Es que cuando te metes a un negocio de comida tenés que incluir tu salario y yo no lo hice. Competí por tener el plato más barato pero el salario que salió sacrificado fue el mío. Solo aseguraba lo de la cocinera, el gas y el alquiler. Vivía del día a día y me terminó yendo mal. En 2000 comencé a trabajar en la Alcaldía de Soyapango y los primeros tres años pasé pagando deudas del comedor. Yo entiendo a la gente que está jodida en DICOM. Yo sí lo sé.

¿Usted estuvo en ese listado?

No sé si se llamaba DICOM en esos años, pero sí estuve marcado como mala paga.

Un vehículo Lada de fabricación rusa está estacionado fuera del edificio de Alba Alimentos. Es el automóvil blanco en que se conduce Jorge Schafik. Hoy es el atardecer de un miércoles y una leve brisa recorre la ciudad. El político de izquierda está en su oficina del cuarto nivel. Para llegar hasta esa altura, uno tiene que abordar un estrecho ascensor que parece subir en cámara lenta; después, cruzar a la derecha y preguntar a la asistente por Jorge Schafik.

A esta hora, el vástago del líder de la izquierda revisa unos documentos en su escritorio. La oficina es estrecha. Este es el lugar donde Jorge Schafik pasa buena parte de su tiempo. Como parte de la decoración, Hándal tiene una serie de fotografías en un estante. Hay una imagen en la que se ve a Jorge Schafik en un mirador cercano al puente Golden Gate, en San Francisco, California, Estados Unidos. En otra, Hándal posa sonriente junto a un Mahmud Abbas, presidente palestino, con un rostro tan serio que parece inexpugnable. Junto a las fotos también hay un reloj que dice: “Soy el abuelo número uno y le llevo una gran ventaja al número dos”. Un regalo de sus nietos.

En una de las paredes de la oficina luce un cuadro de Hugo Chávez. El gran financista de los proyectos que abandera el FMLN a través de Alba Petróleos de El Salvador, un proyecto que ha sido ampliamente criticado por empresarios y la derecha política bajo el argumento de falta de transparencia. Después de la derrota en las urnas de 2012, Jorge Schafik se ha metido en un nuevo proyecto: Tu Financiera. Una proveedora de microcréditos para pequeños negocios.

En los últimos días los proyectos ALBA no han reaparecido en los medios debido a la muerte de Hugo Chávez. Muchas personas se preguntan si los proyectos de ALBA continuarán en América Latina ante la posibilidad de un cambio en el Ejecutivo venezolano.


Con la muerte de Hugo Chávez, ¿se pierde el último gran líder de la izquierda?

Sí, con Chávez se pierde mucho, y es que líderes del talante de Chávez, Fidel Castro o el mismo Schafik Hándal son raros en cada generación. Porque el carisma no se autoproclama, sino que es un reconocimiento de la gente. Como Chávez, que no apareció en los últimos meses pero la gente hablaba de él, Schafik ya no está con nosotros, pero se recuerda.

¿Está la izquierda local huérfana desde la muerte de su padre?

No, ahora tenemos un liderazgo colectivo en la Comisión Política del partido.

Pero en Latinoamérica el poder siempre está ligado a grandes caudillos…

Sí, pero eso va a quedar en la historia.

¿Cómo afectará la muerte de Hugo Chávez al proyecto de Alba Petróleos?

No afectará porque el ALBA es un acuerdo entre gobiernos. La idea sí nació de Hugo Chávez y hasta mi padre anduvo en las primeras pláticas del proyecto, pero después se convirtió en una alianza de países. La muerte de una persona es lamentable, pero el proyecto tiene que seguir.

¿No añora tener a un líder con arrastre?

No, porque si no, la lucha se caería hasta ver quién sale. Porque ¿quién se arriesga a continuar en la lucha si no hay quien la guíe? Entonces cuando tú hablas de esos liderazgos, que son como mesiánicos, significa que si se muere el Mesías, todo se cae. Y si ves, aquí se murió Schafik y la lucha siguió.

Dentro de esa lógica, ¿importa el candidato?

Sí, importa. Es la suma de todas las cosas. Es el que tiene el mejor perfil para un determinado puesto.

¿Se está quedando sin cuadros el FMLN?

Hay cuadros, no en la misma cantidad que antes, pero hay. Ahora es más difícil, cada vez el sistema es más alienante y la gente resta importancia a la política para dársela de sobremanera a redes como Twitter. Yo todavía me pregunto cómo es que pudimos vivir solo con teléfono fijo en la casa.

¿Cree que la izquierda de El Salvador es conservadora o progresista?

Tiene de los dos. Es como la religión, nosotros por ser izquierda no somos ateos. Cada quien decide si es católico, evangélico o ateo. Pero siento que hay que discutir de una manera más profunda temas como el aborto. No hay que usarlo con una bandera electoral y decir que “el que está a favor del aborto es un engendro y no voten por él”.

¿Qué recuerdos guarda de discusiones cuando era diputado por Usulután en la Asamblea?

Son temas de salvadoreños en otros países. Estuve en la comisión de relaciones exteriores, integración centroamericana y salvadoreños en el exterior.

¿Cuál era el perfil del migrante con el que se trabajaba en esa comisión?

El del trabajador agrícola. Por eso es que la derecha no quería aprobar el voto desde el exterior, porque la mayoría de migrantes se había ido después del conflicto armado. Aunque ellos nos achacaban que todo era un efecto de la guerra. Creo que con la aprobación del voto desde el exterior se va a develar este debate que se tiene en la Asamblea Legislativa.

Como parte del trabajo de esta comisión, ¿no viajó a Estados Unidos?

Sí, en lo personal, fui a un par de viajes para visitar a los salvadoreños en Estados Unidos.

¿Nunca le negaron la visa como a su papá?

En realidad, sí. A mí nunca me habían dado la visa. La solicité como cinco veces y me la negaron. Yo aparecía en la lista negra. Primero estaba mi padre, Schafik Jorge, y luego estaba yo, Jorge Schafik. Si el primero que tuvo visa fue mi hijo, quien cuando tenía 8 años fue a Disneyland con su mamá. Por cierto, mi hijo también se llama Jorge Schafik.

¿Cuándo fue que se empezó a tener la visión empresarial en la cúpula del FMLN?

Eso no es nuevo, desde que nos organizamos hace años siempre buscamos llegar al poder para generar un proyecto distinto. Siempre hemos seguido esa línea. Nunca antes tuvimos una herramienta económica como ALBA. Armamos un buen discurso pero había que darle carne al esqueleto. ¿Cómo? Con este instrumento que genera recursos. Esto no sucedió de repente. Nos dicen que somos empresarios como si renunciamos a nuestros principios.

¿Les molesta que los llamen empresarios?

No, lo que me molesta es que me digan que me olvidé de los ideales cuando no es cierto. Bueno, estábamos hablando hace poco, yo fui a una guerra junto a un montón de compañeros para poner nuestro pellejo. Yo no voy a renunciar a mis principios por eso. Yo veo esto como una herramienta para generar desarrollo y empleo. Todo país necesita empresas.

Dagoberto Gutiérrez atisba que la cúpula del FMLN es una nueva clase social burguesa…

Yo quisiera ver a Dagoberto tratando de manejar un país sin recursos. A ver si solo con el discurso, por mucho que tenga razón, le va a dar de comer a la gente. Esta es una herramienta que está produciendo y la tenemos que aprovechar.

Pero partidarios de izquierda ven a la dirigencia lejos de la humildad de figuras como José Mujica, presidente de Uruguay, quien hace una especie de voto de pobreza…

Es que no es voto de pobreza sino que humildad, él tiene lo que necesita para vivir y punto. Él se ve así y qué bueno, pero no renuncia a los mecanismos económicos para forjarle un destino mejor al pueblo uruguayo. Él no ha dicho que no quiere hacer nada. Se entiende con la derecha de Uruguay. Él genera espacio para que generen empleo.

Pero en el plano personal, ¿usted ve el mismo voto de humildad en la cúpula del FMLN?

Sí, mostrame cuál de ellos está rico y se sube en carros y anda en hoteles lujosos.

Los diputados viven muy bien…

Pues sí, pero tienen un salario para eso. Yo he sido diputado y te invito a ver cuánto nos quita el partido. Es el 30 % de nuestro salario, que es como $1,300, y luego cada vez que se sale a una misión oficial tenés que pasar el 20 % de los viáticos. Es para el partido. Nadie nos cree pero sale del salario de uno.

¿Cómo se hace para que la cúpula no se infecte de individualismo?

Tiene que tener discusión, entendimiento y acción diaria. Es una lucha permanente. La lucha ideológica no solo es con la derecha sino que en el interior tuyo. En la guerra era bien fácil definir la línea que te dividía a ti de ellos. Pero ahora las batallas son el campo de las ideas y aquí debe haber una discusión permanente. No se trata de humildad ni votos de castidad, sino de tratar de vivir sin pasarle encima a nadie. No somos santos pero tampoco somos diablos.

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