El arte de resucitar

Historias sin Cuento
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Desde que era muy niño tuvo aquel sueño recurrente, que era el mismo salvo por los colores con los que aparecía: en época lluviosa prevalecía el celeste y en época seca se imponía el rosa. Nunca le contó a nadie sobre aquello, como por temor a que al mencionarlo se rompiera el encanto. Así llegó a la primera juventud, en la que se abren espontáneamente los caminos de la vida. Para él lo que estaba enfrente era un solo camino. Tampoco se lo dijo a nadie, aunque las preguntas no faltaban:

—¿Ya decidiste lo que vas a hacer de aquí en adelante? —quería indagar su madre con su tenue voz natural.

—Estoy pensando –respondía él, mirando hacia otra parte.

—Hijo, el tiempo no espera. ¿Qué es lo que te llama? —le preguntaba el padre, con su seriedad habitual.

—Oigo voces, nada más —se evadía él, sin soltar prenda.

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  • David Escobar Galindo
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