El cerrajero se fue

La Corte Suprema decidió prescindir de la cerrajería que contrataba cuando tenía algún problema con las puertas.
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<p>La primera vez que se le vio en una fotografía, el cerrajero tenía cara de ansiedad. Si hubiera querido, en ese mismo momento en que el enjambre de fotógrafos y camarógrafos le caía encima, podía haber tenido un ataque de pánico. Los ojos entrecerrados y la boca con una mueca que parecía una sonrisa, un intento por disimular la incomodidad de sentirse invadido. Eran las 10:29 de la mañana del pasado lunes 16 de julio. En el momento que fue retratado, José ocupaba sus dos manos para cambiar la chapa de la presidencia de la Corte Suprema de Justicia. Después haría lo mismo con la sala de sesiones de Corte Plena. José, el cerrajero, se hizo famoso. Incluso salió en 4 visión.&nbsp;</p><p>Ya empezaron de nuevo las eliminatorias para el mundial de Brasil, de modo que entiendo perfectamente si ya olvidaron lo que pasó en la Corte hace menos de dos meses. Los magistrados, cuya elección fue declarada inconstitucional por la Sala de lo Constitucional, llegaron ese lunes a la Corte Suprema para tomar posesión. Lo hicieron un poquito a la fuerza. Ovidio Bonilla, el ahora confirmado magistrado, en ese momento creía que era presidente de la Corte. Tampoco lo podemos culpar: con Sigfrido Reyes recrearon una de las escenas más bellas de la película “Titanic” para ungirlo como presidente ilegítimo de la CSJ. </p><p> Cuando le preguntaron por qué había llamado a José, Bonilla explicó lo siguiente: “Tuve ese respaldo (de los demás magistrados en ese momento inconstitucionales) y por esa razón, haciendo uso del cerrajero, se abrió la puerta que accede al despacho presidencial. Esto no es un acto vandálico como se ha manejado en algunos medios, es simplemente el uso de un ejercicio legítimo del presidente”. Legítimo, dijo Bonilla. </p><p>José regresó al edificio principal de la Corte Suprema de Justicia el día siguiente, el martes 17 de julio. Continuó con el trabajo que le había encargado la nueva administración: abrir puertas, cambiar chapas y entregar las llaves. Vestía la camisa verde con la que apareció en las fotos, videos y posteriores caricaturas (muy malas, por cierto) que circularon en las redes sociales desde ese día. José, que nunca quiso decir su apellido, pese a la insistencia de los periodistas, evidenció estar abrumado por el revuelo que indirectamente había causado. “Me escribió un montón de gente y yo, después de tanta cosa, en la noche ya ni podía dormir”, dijo el hombre ese martes por la tarde, después de cambiar la cerradura de la oficina de uno de los asesores del expresidente Belarmino Jaime.&nbsp;</p><p>José explicó que no trabajaba en la Corte, que el personal de seguridad del Órgano Judicial lo contrataba ocasionalmente para hacer su oficio. No lo hará más. La Corte, que ahora es presidida por Salomón Padilla, decidió prescindir de la cerrajería que contrataba cuando tenía algún problema con las puertas. Suponemos que para cuando se les quedaban las llaves dentro, cuando las puertas de madera se hinchaban por la humedad de la época lluviosa y así, pues lo de cambiar chapas por motivos políticos no será tan común. La cerrajería decidió despedir a José. </p><p>Desconocemos si el doctor Bonilla lo sabe. Las cosas no resultaron como él quería en el inicio, pero de todas formas logró colarse a la sala grande de la justicia de El Salvador. Tuvo, eso sí, la decencia de mandar una carta a la Asamblea Legislativa, días antes de que los partidos políticos terminaran el conflicto en Casa Presidencial, para renunciar a su cargo como presidente. Dijo que lo hacía para facilitar las negociaciones. Después de todo, el hombre resultó ser consciente, lástima que su renuncia llegó mucho después del cambio de chapas, de la exposición del cerrajero y del viaje relámpago a la Corte Centroamericana de Justicia en Managua. </p><p>Últimamente lo hemos visto trabajando en su nuevo cargo como magistrado de la Sala de lo Civil. Mucha suerte, doctor.&nbsp;</p>

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