El delito que nadie persigue

La Unidad de Delitos Financieros de la PNC registra siete casos de clonación de tarjetas de crédito en todo 2015, una cifra que parece prometedora a primera vista, pero que en realidad solo refleja un subregistro por falta de denuncias, tanto por parte de los bancos como por parte de los usuarios. Por su parte, tampoco las autoridades fomentan la denuncia de delitos que se mantienen en la impunidad y continúan ocurriendo.
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Región. Medios guatemaltecos reportaron en julio de 2014 que en promedio surgían a diario cinco casos de clonación, sumando para esa fecha 1,650.

Región. Medios guatemaltecos reportaron en julio de 2014 que en promedio surgían a diario cinco casos de clonación, sumando para esa fecha 1,650.

Denuncias. Un investigador de la Unidad de Delitos Financieros asegura que atendieron siete casos durante todo 2015. Para este reportaje 12 personas contaron su experiencia como víctimas de clonación.

Denuncias. Un investigador de la Unidad de Delitos Financieros asegura que atendieron siete casos durante todo 2015. Para este reportaje 12 personas contaron su experiencia como víctimas de clonación.

Medidas. La principal medida de precaución para evitar el fraude es nunca perder su tarjeta de vista y siempre observar cuando le realicen los cobros.

Medidas. La principal medida de precaución para evitar el fraude es nunca perder su tarjeta de vista y siempre observar cuando le realicen los cobros.

El delito que nadie persigue

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Fotografías de Archivo

I magínese que llega a su oficina. Es un lunes y la semana apenas empieza. Lee el periódico para ponerse al día con lo ocurrido durante el fin de semana. Para usted el fin de semana no tuvo sobresaltos, para el país probablemente sí. Ya tiene la computadora encendida, revisa sus redes sociales, lee alguno que otro artículo que le llama la atención y ya casi está listo para iniciar su jornada cuando tiene el impulso de revisar su cuenta bancaria. No lo hace tan seguido, pero ahora le pareció una buena idea, sobre todo porque está ahorrando dinero desde hace un par de meses y quisiera ver cuánto ha acumulado.

Solo tiene una tarjeta de débito y una de crédito. Le da un click a la cuenta de débito y nota algo diferente. Una diferencia de casi $300 que la semana pasada no estaba ahí. Lo primero que hace es recordar si tuvo un gasto fuerte. No.

Es una sola compra de $295 que todavía está en reserva, es decir, todavía está en proceso y no ha sido cargada a su cuenta. Se fija en la fecha de la compra. Domingo. Si su memoria no ha empezado a fallar, el domingo ni siquiera salió de su casa.

Recapitula sus pasos del fin de semana. Para su suerte, está seguro de que no utilizó la tarjeta de débito más que en dos lugares desde el viernes por la tarde. El sábado compró seis cervezas en una gasolinera cerca del estadio Cuscatlán. El evento se le quedó grabado porque entró y había tres jóvenes más. No supo porqué, pero se sintió incómodo. Quería salir de ahí rápido. Agarró las cervezas del refrigerador, se dirigió a la caja donde uno de ellos compraba algo. Llegó su turno y pagó, pero estaba pendiente de los jóvenes que regresaron a la tienda por algo más. Por estar pendiente de ellos, no sabe si vio bien cuando pasaron su tarjeta de débito por la máquina para cobrarle. En su memoria sí se fijó, pero la realidad podría ser otra. Firmó el tiquete, agarró las cervezas y sus documentos y se fue.

El viernes anterior fue el otro momento en el que utilizó su tarjeta. Tuvo una reunión de trabajo a las 3 de la tarde en un café cerca del redondel conocido como Luseiro. Estuvo más o menos una hora ahí. Usted pagó la cuenta. Llegó la factura, puso su tarjeta de débito y su documento de identidad en medio del estuche negro que usan todos los restaurantes y el mesero se llevó todo hacia la caja. Desde la mesa donde estaba se veía la caja, pero lejos, al menos unos 10 metros de distancia. La máquina para cobrar y el momento en el que pasaron su tarjeta en esta, definitivamente no vio.

Su pecho se empieza a inundar de algo. Preocupación y la realización que si usted no utilizó su tarjeta, alguien más lo hizo y le quitó $295 de sus ahorros. Se los robó. El único problema es que la tarjeta está ahorita en sus manos. La acaba de sacar de su billetera. Entonces, cae en la cuenta de que, por primera vez, ha sido víctima de lo que se conoce como clonación de tarjetas de crédito o débito.

En realidad el término correcto no es clonación. Este crimen puede ser tipificado principalmente bajo un delito, según explica un investigador de la Unidad de Delitos Informáticos de la Policía Nacional Civil, quien pidió el anonimato por seguridad.

La clonación de tarjetas, explica, se puede tipificar bajo el delito de estafa, la cual, según el artículo 215 del mismo código, se da cuando alguien “obtuviere para sí o para otro un provecho injusto en perjuicio ajeno, mediante ardid o cualquier otro medio de engañar o sorprender la buena fe”. Esto se convierte en “estafa agravada”, penada con entre cinco y ocho años de prisión, cuando “se realizare manipulación que interfiera el resultado de un procesamiento o transmisión informática de datos”, como explica uno de los numerales del artículo 216.

En algunos casos, comenta el investigador, también se puede tipificar como hurto. El artículo 207 del Código Penal de El Salvador explica que el hurto es cuando alguien “se apoderase de una cosa mueble, total o parcialmente sustrayéndola de quien la tuviere en su poder” con ánimo de lucro propio o para un tercero. El 208 establece que esto se considerará hurto agravado si se comete al usar “la llave verdadera que hubiere sido sustraída, hallada o retenida; llave falsa o cualquier otro instrumento que no fuere la llave utilizada por el ofendido”. La llave, declara el código, pueden ser tarjetas magnéticas como lo son las tarjetas de débito o crédito. El hurto agravado se castiga con penas de entre cinco y ocho años de prisión.

También se puede incurrir en el delito de uso y tenencia de documentos falsos, el cual el artículo 286 del código reconoce cuando alguien “con conocimiento de la falsedad y sin haber intervenido en ella hiciera uso o tuviere en su poder un documento falsificado o alterado, sea público, auténtico o privado”. Este delito puede ser castigado con entre tres y cinco años de prisión.

Hasta el 14 de agosto del año pasado, según declaraciones de investigadores de la Unidad de Patrimonio de la Policía Nacional Civil, esta institución registraba al menos 10 denuncias de personas que recibieron facturas por gastos de entre $500 y $1,000 que no habían realizado. Estas declaraciones fueron dadas cuando la PNC informó que investigaba a dos ciudadanos rumanos y dos colombianos por clonar tarjetas de crédito a partir de alianzas con empleados de bares y restaurantes.

En esa ocasión, uno de los investigadores dijo que ya que los casos de denuncias, 10, eran la misma cantidad de los casos de 2014, consideraba que el delito se encuentra controlado en el país.

Esta cifra se contradice con lo que declara el investigador de la Unidad de Delitos Financieros, quien asegura que atendieron siete casos durante todo 2015. Sin embargo, este acepta que la baja cifra se debe a que ni las víctimas ni los bancos denuncian los casos.

Por experiencia de 12 usuarios contactados durante este reportaje y de un intento de ellos de poner una denuncia tanto ante la Policía Nacional Civil y la Fiscalía General de la República, se puede inferir que los casos que ocurren de clonación no son pocos. Varios de los usuarios expresaron haber sido víctimas más de una vez de este delito, pero ninguno en ninguna ocasión interpuso denuncia ante las autoridades de seguridad y uno, cuando lo intentó, se chocó contra la pared, figurativamente hablando. En todo caso, las denuncias son pocas en comparación con los casos reales.

Cuando alguien lleva consigo una tarjeta de crédito o débito, dice uno de los miembros del Comité de Seguridad de la Asociación Bancaria Salvadoreña, es como si ande un fajo de dinero en la bolsa. Y así como hay diferentes formas que criminales usan para hacerse del dinero en efectivo de una persona, también las hay cuando esta tiene una tarjeta con banda magnética.

Una cosa que ocurre con los viajeros, dice otro de los tres miembros del comité, es cuando en un hotel les solicitan que dejen el comprobante de compra abierto, es decir, pasan su tarjeta y el cliente firma el comprobante, pero todavía no han definido el monto del cargo porque no saben todo lo que el viajero consumirá durante su estadía. Si el cliente se va del hotel sin haberse asegurado que cierren ese comprobante de compra, le pueden poner un valor mayor al que realmente consumió. El problema a la hora de realizar un reclamo es que el viajero firmó y dio su información, pero no tiene forma de comprobar que no consumió lo que ahí dice, explican, por lo que a la hora de que el banco realice una investigación, será mucho más difícil que le reintegren el dinero.

Otra forma similar en que alguien puede acceder a sus ahorros o comprar con las tarjetas de crédito de los viajeros, explica otro de los miembros del comité de seguridad de ABANSA, ocurre en discotecas o lugares nocturnos. De nuevo, deja un coprobante de compra abierto y a la hora de firmarlo no se da cuenta de que este tiene una cantidad que es el doble o el triple de lo que realmente consumió. Si la persona no se dio cuenta en el momento que estaba firmando algo que no correspondía a su consumo, poco puede hacer el banco después.

Cuando se roban físicamente las tarjetas, agregan, en lugar de usarlas en un establecimiento, el criminal recurre a compras por internet, tiempo de aire telefónico o incluso a pedir comida. Los representantes de bancos, comentan, han visto reclamos de los “come pizzas”.

Los tres miembros del comité también explican algo a lo que se refieren como “el cambiazo”, cuando una persona hace uso de un cajero automático y alguien le ofrece ayuda. “Esa persona lo que hace es que por medio de un engaño me obliga a poner mi pin y lo ve. Luego me manipula la tarjeta, me la cambia y me da otra. Se queda con la mía y con el pin que observó, retira el dinero de la tarjeta”, comenta uno de ellos.

Pero la modalidad a la que 12 salvadoreños cuentan de la que han sido víctimas es mucho más invisible. La persona no se da cuenta de que alguien más tiene toda su información hasta que ve cargos de transacciones que nunca ha realizado. Esa modalidad es a la que se conoce como clonación de tarjetas.

Los miembros del comité de seguridad de ABANSA explican que tanto tarjetas de crédito como de débito funcionan de la misma manera a la hora de realizar transacciones. La diferencia es que con una el cliente utiliza sus ahorros y con la otra hace un crédito. En todo caso, la transacción ocurre de la manera similar.

El comercio donde el cliente adquiere un servicio tiene un punto de venta, conocido como POS, por sus siglas en inglés, el cual posee un lector de bandas magnéticas. Al deslizar la tarjeta por el POS, este lee la información del usuario –la cual está encriptada por seguridad–, luego hay otro proceso electrónico y finalmente se recibe la autorización de la transacción.

“Hay lectores también de esas bandas que utilizan los criminales y lo que hacen es pasar la tarjeta en uno de esos lectores”, explica uno de los miembros del comité. El aparato, en lugar de hacer una transacción comercial, graba la información del cliente.

Una vez tienen esa información, los criminales pueden grabarla en dos tipos diferentes de tarjetas. Unas con banda magnéticas en blanco, que se pueden adquirir en el sitio de compras por internet Ebay. Los precios varían desde $9 por 25 tarjetas hasta $150 por 200 tarjetas con banda magnética y chip. Estas tarjetas son las que utilizan algunos comercios como tarjetas de regalo o los hoteles como llaves de los cuartos.

El otro tipo de tarjeta en la que pueden copiar esta información es sobre tarjetas reales que fueron robadas a las que les borran la información legítima. “Parecen que fueran reales, legítimas, pero la información que tienen es de alguien más. Ya con eso pueden comprar”, comenta uno del comité de seguridad.

Independientemente si es con tarjeta en blanco o robada a la que le borran la información, los casos de clonación se dan. Y los montos que reportan algunos ciudadanos varían desde $10 en pizza hasta $6,000.

De nuevo, imagínese que se encuentra con que su cuenta de ahorros tiene un cobro pendiente por $295 por una compra que usted no realizó. Es lunes en la mañana, está en la oficina. Lo primero que hace es llamar a atención al cliente por teléfono. Ahí le explican que el cobro todavía no ha sido ejecutado, por lo que tiene que esperar a que esto suceda para poder iniciar el proceso de denuncia.

No queda tranquilo y decide que lo mejor es ir directamente al banco para arreglar el problema. Llega al banco, espera más o menos media hora para ser atendido y explica lo ocurrido. La ejecutiva busca en su computadora algo que usted no ve. Sí, hay un cobro pendiente por casi $300, pero de nuevo, le dice que todavía no puede hacer el reclamo porque el cobro no ha sido realizado. Sin embargo, le puede bloquear la tarjeta y entregarle una nueva para que ya no se realicen nuevas transacciones. Inmediatamente le dice que sí y que además le cree una segunda cuenta de ahorro que no esté vinculada a la tarjeta de débito. De esta manera, si en otra ocasión le clonan la tarjeta, quienquiera que sea no podrá sacar más de $20.

Firma papeles de la nueva tarjeta, de la nueva cuenta y está por irse a esperar para hacer la denuncia hasta que el cobro se ejecute, pero hay una última cosa que quiere saber. ¿En qué establecimiento gastó esa persona que no era usted su dinero?

El domingo a las 2:31 de la tarde mientras usted corría una maratón de Netflix en su casa, alguien usó su información bancaria –que de alguna manera copió de su tarjeta de débito– para comprar $295 en un supermercado. Usted nunca ha gastado tanto en una ida al súper.

“¿A alguno de ustedes le clonaron su tarjeta de crédito o débito en los últimos años?”, se lee la pregunta publicada en la red social Facebook. Tres minutos después empiezan a caer los comentarios y los mensajes de nueve personas que han sido víctimas. En total, 12 personas –tres de estas se contactaron por otros medios– contaron su experiencia como víctimas de clonación de tarjeta.

Hace tres meses, Rebeca* se encontró con un cobro de $400 por una compra en una tienda en Estados Unidos a su cuenta de débito del Banco Promérica. Tardaron tres meses en darle una respuesta y asegura que llamó todos los días hasta que le reintegraron el dinero.

Solo dos meses después de esa primera experiencia, le ocurrió de nuevo, con la tarjeta nueva que le dieron después del primer caso. Del banco recibió una llamada para incurrir si se encontraba en Guatemala, donde registraron dos compras de gasolina por $50 cada una en Jutiapa. Ella no estaba en Guatemala. Una vez más, le cancelaron la tarjeta de débito, pero sigue esperando el reintegro de su dinero. “Me da miedo ya, pues dos veces seguidas y es de débito, o sea, mi (sic) pistiyo que me gano, donde me depositan de la oficina… Mi conclusión es que quizás mejor sacar todo mi efectivo y guardarlo bajo mi almohada jajaja”, comentó esta joven de 24 años.

A Gabriella* también le clonaron la tarjeta de débito. “La clonación fue el 15 de junio (literal, esperaron día de pago) y el total de las transacciones fueron de $470”, relata la joven de 28 años, quien cuenta que las compras se repartieron en un restaurante de comida rápida, dos gasolineras, una tienda de zapatos y un kiosko de celulares. Aparentemente, dice, le clonaron su tarjeta a través de un cajero automático.

Ella no detectó el fraude, sino que recibió una llamada del banco en la cual le informaron que se estaban realizando movimientos extraños desde su tarjeta y que, por lo tanto, se la iban a cancelar. Después de realizar todos los trámites requeridos por el banco, este le reintegró el dinero cuatro meses después.

Dependiendo del sueldo de la víctima y del momento en que se encuentra económicamente hablando, esto puede significarle multas por falta de pagos o cargos a sus tarjetas de crédito para cubrir la falta de dinero que fue indebidamente retirado de su cuenta de ahorro.

Los casos que más resaltan son los de Roberto**, los cuales ocurrieron uno en 2012 y los otros dos en 2013. La clonación de 2012 no fue directamente en su perjuicio, sino en el de su padre, pero él le ayudó a realizar los trámites. En esa ocasión, el padre se dio cuenta de un cargo por $6,000 y no tenía seguro. Sin embargo, cuenta, le regresaron todo el dinero de manera ágil y rápida.

A él personalmente le ocurrió en dos ocasiones en 2013. Por ambas tiene las resoluciones que le otorgó el banco, el mismo que el de su padre, BAC. El 1.º de febrero de ese año, el banco le envió una carta para informarle sobre la resolución de su caso. La transacción en el comercio Speedway 07770 461/ INDIA por $4,406.84 fue considerada un cargo fraudulento, por lo que se aplicó el seguro del plan de robo, fraude y extravío.

El 13 de septiembre de ese mismo año recibió una carta similar por una transacción que él no había realizado por un monto de $595.84. “En el que dice INDIA no es India el país.... resultó que era una casa de apuestas de carrera de caballos de Indianápolis, Estados Unidos”, comenta. Roberto destaca que en todos los casos su dinero ha sido reintegrado o eliminado el cargo a la tarjeta de crédito.

Además, asegura haber detectado el lugar donde clonaron su tarjeta. Esta era nueva y probó si estaba funcionando en un restaurante en la Zona Rosa. No la volvió a usar, pero en su factura aparecieron más cobros que esa única transacción que había hecho.

No es el único que hace memoria y recuerda el último lugar donde compró algo. Sin embargo, en este reportaje no se menciona porque en ninguno de los casos hay una investigación que efectivamente establezca el lugar donde copiaron la información bancaria.

En entrevista con el consejo de seguridad de ABANSA, los miembros destacan que todos los bancos están invirtiendo constantemente en mejoras a la seguridad de las cuentas de sus clientes, desde seguir tendencias mundiales como incluir chips en las tarjetas de crédito o débito hasta habilitar seguros o planes de protección que ofrecen medidas como envío de mensajes a su celular con cada transacción que se realiza. Los tres coinciden en que en la cadena de protección el cliente es el eslabón más débil. Esto, explican, se da porque “el cliente aporta toda la información que puede utilizarse para cometer este tipo de fraude”.

Recuerdan algunos casos, como de clientes que escriben el PIN de su tarjeta sobre la tarjeta misma. “Yo personalmente he visto gente en cajeros con 10, 15 tarjetas retirando dinero y es claro que esas tarjetas no son de esa persona, son de alguien –los compañeros de trabajo– que se la dio y le pidió que le sacara dinero”, comenta uno de ellos.

Además, dicen, han visto numerosos casos en que alguien llega a reclamar un retiro o gasto indebido y cuando verifican quién realizó la transacción, resulta ser un pariente o un amigo. “La tarjeta es personal e intransferible y el pin, precisamente por eso, es personal. En el contrato una de las obligaciones del cliente es no compartir información de este tipo con nadie”, recuerda.

Entre las recomendaciones que le dan a los tarjetahabientes están las de no revelar su clave a nadie, no escribirla y no aceptar colaboración de extraños. Pero quizá el error más común que cometen los clientes no es tan extremo, es algo que se acostumbra hacer casi a diario: pagar con la tarjeta de débito o crédito y no ver cuándo ni dónde están cobrando.

“Lo primero que tendríamos que decir al titular de la tarjeta o al dueño de la tarjeta es que no pierda de vista su tarjeta. Tengo que ver dónde la va a deslizar la persona que va a pagar”, aconseja uno de los miembros del consejo, quien reflexiona en lo común que es ir a un restaurante, a un bar, a cualquier lugar de comida, pedir la cuenta, esperar que el mesero regrese con un estuche negro donde viene la factura, meter la tarjeta ahí y ver cómo se la llevan para regresar con el comprobante y la tarjeta sin haber visto por dónde la deslizaron. “Si el lugar no tiene POS inalámbrico, lo recomendable es que la persona se levante a hacer el pago a la caja y vea que realmente el cajero la está deslizando en el POS autorizado”, concluye.

Los miembros del comité de seguridad de ABANSA no revelan estadísticas sobre cuántos casos de clonación de tarjetas atienden los bancos anualmente. Explican que esa información le pertenece directamente a los bancos y ellos son dueños de esa información.

Sí hablan de las posibles consecuencias para los establecimientos donde se han detectado casos de fraude. Estas pueden ir desde advertencias hasta el retiro de los POS autorizados. Además, constantemente proveen a los establecimientos de capacitaciones sobre mejores prácticas para manejar el equipo.

De hecho, una de las personas consultadas recuerda que en el último establecimiento donde utilizó su tarjeta, antes de que el banco le avisara que se estaban realizando transacciones sospechosas, el POS no estaba a la par de la caja, como de costumbre. “La señorita me dijo que el POS estaba atrás, se fue y luego regresó con mi tarjeta”, recuerda Héctor. Ese mismo día, el banco le notificó vía mensaje de otro cobro por $50 en otro restaurante de comida rápida e inmediatamente le bloqueó la tarjeta. Desde entonces, Héctor siempre pregunta si el lugar donde va a pagar con su tarjeta tiene POS.

Se llega el día en que el cobro de los $295 en un supermercado que usted no hizo se hace efectivo. Pide permiso en el trabajo y se dirige a la agencia de su banco. Espera que llegue su turno de pasar a uno de los escritorios de atención al cliente y, de nuevo, le cuenta a otro ejecutivo lo sucedido. Este empieza a apretar el teclado, ver la pantalla. Imprime unos papeles, le hace que firme uno donde usted indica que no reconoce ese cobro porque usted no lo ha realizado.

Después de algunos momentos de papeleos, le pregunta al ejecutivo qué es lo que pasará. El banco, le explica, hará una investigación. Solicitará el comprobante de compra de la transacción al supermercado para confirmar con qué tarjeta se hizo la transacción, cotejar la firma y el documento de identidad con los que se aprobó la compra. Una vez se determine que estos no corresponden a los suyos, se confirmará su denuncia y se procederá al reintegro de su dinero.

“¿Y cuánto podría durar esto?”, le pregunta. La espera podría durar hasta dos meses, responde. Sus ánimos se caen, pero el ejecutivo le da una esperanza. Comuníquese con el banco vía telefónica la próxima semana para ver cómo han avanzado las investigaciones y puede que dentro de 10 días hábiles le regresen sus ahorros.

Cada banco tiene protocolos que seguir cuando ocurre uno de estos casos. Los miembros del comité de seguridad de ABANSA explican que la primera medida que el cliente debe realizar es notificar al banco de actividades sospechosas. Este luego procede a bloquear la tarjeta para evitar que se realizan más transacciones de forma fraudulenta.

Una vez se bloquea la cuenta, la entidad financiera procede a verificar la operación. Es decir, comprobar que esa transacción no fue realizada por el cliente. Dependiendo de dónde se ejecutó la compra, si fue en el país o en el extranjero, los plazos para realizar esta verificación varían. Básicamente, lo que se buscan son las evidencias de la compra: el comprobante, la firma y el documento anotado.

Dentro de este proceso hay varios actores: el banco del cliente, el banco adquiriente –quien recibió el pago por esa transacción– y la marca. Cuando dicen la marca, explican los miembros del comité de seguridad, se refieren a las marcas que lleva la tarjeta de crédito o débito, ya sea Visa, MasterCard, American Express u otra.

Las páginas web de Visa y MasterCard, por ejemplo, explican que ante robo o transacciones fraudulentas, existe una política de no responsabilidad para el cliente. Es decir, si se comprueba que el cliente no realizó una transacción, el monto de esta estará cubierto. Si el cliente no se da cuenta del fraude dentro de un tiempo prudencial, las posibilidades de que le reintegren los fondos se hacen más pequeñas.

Las experiencia de los tarjetahabientes que compartieron sus historias varían de caso en caso, de banco en banco, de cliente en cliente. Algunos recuperaron su dinero en pocos días, otros esperaron hasta cuatro meses. Dos ni siquiera perdieron su dinero porque el banco bloqueó la tarjeta en el momento en que se realizaba la transacción sospechosa. Pero en todas las ocasiones, el dinero que se les cobró por una clonación fue reconocido por el banco.

Esta, explica el investigador de la Unidad de Delitos Informáticos de la Policía Nacional Civil, es una de las razones por las cuales no reciben tantas denuncias de estos delitos, puesto que se revirtió el perjuicio económico que sufrió. “Son bien remotos los casos cuando la víctima se aboca a la PNC”, comenta.

En total, 12 salvadoreños que contaron su experiencia perdieron a causa de una clonación más o menos $16,560. La cifra total de pérdidas por fraude de tarjetas de crédito y débito no fue puesta a disposición por los bancos. Ni Fiscalía ni PNC dieron esta información, pero si la hubieran dado, probablemente no reflejara la cifra real por las pocas veces que se denuncian estos delitos.

Ninguno de esos 12 salvadoreños interpuso denuncia ante la Fiscalía General de la República o la Policía Nacional Civil. Algunas personas lo hicieron de manera consciente, a otras no se les cruzó por la mente esta idea, una dijo haberlo hecho vía telefónica, pero nadie le explicó que las denuncias no se pueden hacer por teléfono. Una persona llamó para preguntar cómo realizar la denuncia y le dijeron que simplemente no la podía hacer.

Cuando se les preguntó por qué no denunciaron ante la Policía o la Fiscalía, la mayoría respondió de manera parecida. Una de las personas que prefirió mantenerse en el anonimato comentó: “En realidad no pensé en denunciar a la Fiscalía. Agoté los primeros canales. El banco solucionó rápido y no me cobró lo que compraron. Si hubiese sido una cantidad mayor, lo habría hecho”.

Para algunos esto ni siquiera fue una opción. Entre estos se encuentra Roberto, quien sufrió cargos por más de $4,500 en su cuenta.

—¿No denunció aunque las personas que clonaron la tarjeta no sean perseguidas?

—La verdad, la primera preocupación es la material. Creo que llega a un punto en que si el ladrón es castigado o no, pasa a un segundo plano.... y el robo es tan impersonal que se diluye la culpa o se evapora en el momento en que sabes que no vas a pagar.

Otros argumentan experiencias pasadas como la razón para no denunciar. “Tampoco se me ocurrió denunciar porque tengo demandada a otra empresa en la Defensoría del Consumidor desde hace tres años y no me resuelven nada. Así que no voy a perder tanto tiempo en algo que no se va a solucionar”, escribió Kevin*.

Es aquí donde se combinan tres elementos que explican las bajas estadísticas de casos que tiene la Policía.

Por un lado, los usuarios no denuncian los hechos. A esto se le suma que los bancos tampoco lo hacen. Estos no tienen por qué hacerlo, explicaron los miembros del comité de seguridad de ABANSA, porque ellos no son la víctima. “A quien le han causado el perjuicio económico o patrimonial, de acuerdo con la ley, es el cliente. El cliente tiene que presentar la denuncia ante las autoridades, ya sea ante la Policía o la Fiscalía”, argumentaron a pesar de que los seguros de las tarjetas de crédito o débito, tal y como lo explican Visa y MasterCard en sus páginas web, son las que le pagan al cliente.

El delito, entonces, queda escondido de las estadísticas de las autoridades. Para el investigador de la Unidad de Delitos Financieros de la PNC, los bancos no denuncian todos los casos que llegan a sus manos. “Hacen ver como que (la clonación) no fuera fácil. Lo resolvemos aquí y aquí se queda”, comenta. Se debería obligar a las instituciones financieras por ley, dice, a que denuncien todos los casos.

Pero es aquí donde las autoridades se convierten en ese tercer elemento faltante que explica las bajas estadísticas de un delito recurrente.

Recuerde que le han quitado $295 de su cuenta de ahorros durante un domingo. El lunes y el martes estuvo en contacto con el banco y ya iniciaron la investigación para determinar si fue o no una transacción fraudulenta. A los seis días se da cuenta de que su dinero ya está de regreso en su cuenta. Pasan un par de meses y se pregunta si puede hacer una denuncia ante las autoridades para que investiguen quiénes cometieron el delito.

Primero marca al 122, el teléfono que la PNC anuncia para realizar denuncias. Le contesta el operador y cuando le pregunta cuánto tiempo tiene para realizar una denuncia por una clonación de tarjeta de crédito, este le responde: “Aquí es la Policía”, como queriendo decir que se ha equivocado de número. Sí –responde usted– pero ¿eso es un delito o no? La respuesta es que eso lo tiene que denunciar ante la Fiscalía.

Marca el número de teléfono que la Fiscalía indica en su página web para interponer denuncias. Nadie contesta. Marca otra vez y nada. Marca el otro número indicado y finalmente le contesta alguien, pero le dice que ese no es el número para realizar denuncias, así que le da el número directo de una de las personas que está en el edificio de La Sultana recibiendo las denuncias de ciudadanos todos los días.

Al fin puede hablar con alguien. Aunque para poner una denuncia usted tiene que presentarse personalmente, quiere consultar hasta cuánto tiempo después del hecho puede denunciar. Su sorpresa es que no importa eso, si no si el banco le reintegró el dinero.

La persona al otro lado de la línea le dice que no puede interponer una denuncia porque el banco ya le regresó el dinero y, por lo tanto, ya no existe perjuicio económico. —Sí, el banco me devolvió el dinero por un seguro, pero las persona que robó el dinero sigue ahí –argumenta inútilmente. Ellos no se lo van a volver a pagar, le dice la persona atendiendo en la Fiscalía. ¿Pero esa persona está cometiendo delitos y entonces va a quedar así? Después de tratar de cuestionar si no es el trabajo de la Fiscalía buscar los lugares donde se están clonando tarjetas porque esto es un delito, renuncia al debate. Quien le atendió se rehusa a dar su nombre.

Para este reportaje se buscó una entrevista con funcionarios de la Fiscalía General de la República, pero el personal de Comunicaciones informó que por el momento no se estaban autorizando entrevistas.

El investigador de la PNC encoge sus hombros cuando escucha esta historia, casi en son de disculpa. “Es que el problema es la persecución penal. Ahí es donde quizás nos quedamos un poco cortos de si es aplicable o no, si la persona ya no tiene un perjuicio porque la legislación dice claramente “si existe un perjuicio”, entonces eso de si existió queda en duda.

Aunque usted quiera poner una denuncia, no necesariamente para recuperar el dinero, sino para que se investigue a las personas que están cometiendo estos delitos, no puede ponerla, especialmente si el banco ya le regresó su dinero. Al menos, según la lógica de la persona que atiende todos los días a ciudadanos que llegan en busca de ayuda para denunciar delitos. 

*Algunas personas solicitaron que solo se revelara su nombre y no su apellido.
**Algunas personas solicitaron que se modificara su nombre.



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