El diálogo, la lección olvidada de los Acuerdos de Paz

Tener una vida digna no puede seguir siendo lujo, ser joven no puede ser sinónimo de delito y contar muertos no puede ser la medida de presión para conseguir cambios.
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El diálogo, la lección olvidada de los Acuerdos de Paz

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OPINIÓN (Desde allá) Suiza

El prado de los soñadores

*Periodista salvadoreña radicada en Ginebra, Suiza

Ya sé que puede resultar lejano, casi ajeno hablar de la paz en los momentos que vive ahora El Salvador, pero el 16 de enero siempre nos recordará el instante sensato del fin de la guerra civil. De esa firma han pasado 23 años y para mí es como si hubiera sido ayer.

La versión más conocida de ese período de la historia siempre la han contado quienes en esos momentos eran adultos, quienes confiados en su verdad decidieron arriesgar sus vidas para cambiar el país. De la versión contada por nuestra generación muy poco se ha dicho.

Pertenezco a la generación que no se informó sobre la guerra en los libros de historia, no la vio en un video y no se la contaron sus padres. Al contrario, soy de la generación que, en el mejor de los casos, vivió junto con sus padres la represión, la muerte, la desintegración familiar, el exilio y las heridas que aún persisten en nuestra memoria. Crecimos con la sensación de orfandad permanente; celebrando los sueños adultos y postergando los nuestros. Fuimos los testigos silenciosos que crecimos en medio de la guerra fría, con la idea simple de que había buenos y malos, y con el romanticismo de que valía la pena ofrendar la vida por un futuro mejor. Así nos tocó crecer, a veces incrédulos, a veces esperanzados, en que por fin llegaría el día para construir la paz. Ese día, aun cuando parecía distante y a veces imposible, por fin llegó. El diálogo lo hizo posible.

Creo que ha pasado el tiempo necesario para que nuestra generación haya elaborado sus propias verdades y haya aprendido a cuestionar lo que siempre habíamos dado por hecho. Ahora, veo la guerra fría como un episodio absurdo de la historia; me queda claro que es imposible separar la vida entre buenos y malos; y matarse sin duda ha demostrado ser el método más alejado para resolver conflictos.

Después de los costos que pagamos para alcanzar los Acuerdos de Paz, debimos haber aprendido que la prolongación de la guerra tuvo que haberse evitado donde finalizó: en una mesa de diálogo y negociación.

Ahora, es la posguerra la que nos recuerda todos los días, la lista de tareas pendientes que debemos cumplir si queremos un país mejor. Tener una vida digna no puede seguir siendo lujo, ser joven no puede ser sinónimo de delito y contar muertos no puede ser la medida de presión para conseguir cambios.

Desde Ginebra, la ciudad donde se firmó el acuerdo que dio inicio oficial al proceso de negociación, me pregunto: ¿Qué más tiene que pasar en El Salvador para que aprendamos a escucharnos? ¿No fue suficiente una guerra civil? ¿No bastó el gesto noble de todas las personas que ofrendaron sus vidas? ¿Cuál ha sido la lección aprendida?

Mientras buscaba mis propias respuestas, me dio gusto escuchar la valoración que hizo el periodista y productor de televisión Epigmenio Ibarra, que en su reciente visita al país definió la firma de la paz como una lección histórica importantísima para el mundo: “Los salvadoreños son poseedores de un patrimonio universal ejemplar; tanto la guerra como la negociación son lecciones para el continente americano y para el mundo... son el único país de América Latina que ha transitado de una guerra a una alternancia política mediante la negociación, en un proceso que hoy es la joya de la corona de Naciones Unidas”. Fue refrescante escuchar una voz lúcida, externa, testigo de nuestro conflicto, refiriéndose al valor que tienen los Acuerdos de Paz en la historia salvadoreña.

Este aniversario quiero interpretarlo como el recordatorio simbólico del valor incalculable que tiene el diálogo para nuestro país. Si no queremos repetir la historia, es el momento de sentarse a conversar, de tomar decisiones, de aceptarnos y escucharnos con nuestras diferencias, de evolucionar... De lo contrario estaremos demostrando que de la firma de ese compromiso no aprendimos nada.

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