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El egoísmo que nos carcome

Muchos son jóvenes que no tienen otra forma de expresarse dentro de su entorno. Crecen en comunidades sitiadas por pandillas o, por el contrario, son jóvenes clasemedieros y de la clase alta que viven en colonias amuralladas sin mayor contacto con su entorno.
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Hemos decidido que los memes hablen por nosotros. Para ver con humor muchos de los sinsabores de la vida. Para burlarnos de todo lo que nos molesta y de quienes nos desagradan. Es una de las tantas válvulas de escape que ofrece lo digital. Los memes cada vez son más y se generan para todos los gustos: algunos se mofan de las pifias de los equipos de la Liga Mayor de Fútbol, otros ridiculizan a diputados o funcionarios de Gobierno. También están los que remarcan el último chascarrillo presidencial.

Los memes se producen rápido y muchos de ellos se vuelven virales en cuestión de un par de minutos. Siempre y cuando capten la esencia entre el humor y la controversia. Esas imágenes acompañadas de un par de palabras son parte de los elementos que forjan el sentido de pertenencia e identidad de las comunidades virtuales. Usuarios que se identifican con otros con base en alguna preferencia y que se vuelven verdaderos enclaves para compartir enojos, alegrías, tristezas o inquietudes.

En El Salvador estas comunidades digitales cada vez tienen más realce. A pesar de la brecha tecnológica del país, se suman más usuarios que comentan y se desahogan en las redes sociales. Que se atreven a crear más memes u otros materiales gráficos. Muchos son jóvenes que no tienen otra forma de expresarse dentro de su entorno. Crecen en comunidades sitiadas por pandillas o, por el contrario, son jóvenes clasemedieros y de la clase alta que viven en colonias amuralladas sin mayor contacto con su entorno.

Hace poco conocí a un joven del segundo grupo que no sabía con certeza que el nombre del río que cruzaba buena parte de la ciudad de San Salvador era Acelhuate. Es en esta sociedad rota que se recurre al mundo digital por inseguridad, miedo, desinterés o desencanto. Antes se podía salir a platicar a la calle con los amigos, ahora hay personas que pasan discutiendo horas y horas en Facebook. Para bien o para mal.

Hay que aprovechar estas comunidades digitales y que promuevan a la acción para transformar lo que queda de El Salvador. Los jóvenes desde su espacio pero proyectándose a otros escenarios distintos que el digital. Más que manifestaciones en la calle se debe trascender a propuestas de soluciones reales. Puede que algunas comiencen desde lo más sencillo, y que a muchos les parezcan risibles, pero en este país estamos urgidos de buenas intenciones sin sesgo político.

A través de un esfuerzo colectivo, hay que desterrar uno de los principales antivalores que se han apoderado de grandes segmentos de la población salvadoreña: el egoísmo. La indiferencia hacia la pobreza y la desigualdad que sufre un poco más de la mitad del país. Esa incapacidad ante el sufrimiento del otro y frenar la descomposición social que nos está carcomiendo. Esto en un año que pinta complicado y con la misma tendencia del año pasado.

En los últimos días de 2016 tuve la oportunidad de conocer el King Center en la ciudad de Atlanta, Georgia, EUA. Unas cuadras que resguardan la cripta de Martin Luther King Jr., la casa de arquitectura victoriana en la que nació un museo que recoge pasajes de su legado por los derechos humanos. King Jr. –cuya escultura está a la izquierda de la de Monseñor Romero en la galería de mártires del siglo XX en la Abadía de Westminster, Inglaterra– predicaba la importancia del altruismo sobre el egoísmo en las sociedades contemporáneas.

Una parte del sermón titulado “Tres dimensiones de una vida completa” de 1963 resalta algo que considero invaluable para comenzar este año: “La luz ha venido al mundo y cada hombre debe decidir si caminará en la luz del altruismo o en la oscuridad del destructivo egoísmo. Ese es el predicamento. Esta es la más urgente y persistente pregunta en la vida: ¿Qué estás haciendo por los demás?”

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