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El embarazo y todo lo que no se sabe sobre el zika

Entre un rincón en Brasil a un hospital en Miami las diferencias son abismales en cuando a disponibilidad de recursos y personal capacitado. Pero ante el zika no basta, los misterios acerca de cómo este mal afecta durante el embarazo todavía son muchos.
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Mientras el sol del amanecer empieza a teñir de rojo el cielo, Angélica Pereira sale con su hijita de un año de la pequeña casa que habita en una calle de tierra con pozos de agua en los que flota basura.

El chofer que debe recogerla a ella y a otras madres de bebés afectados con el virus del Zika está demorado dos horas, lo que implica que tendrán menos tiempo para ver a los terapeutas que ayudan a su hija a mover sus rígidas extremidades y la espalda.

“Siempre tenemos algo que hacer. Hay que dejar todo de lado, nuestras tareas, nuestras casas”, expresó la mujer de 21 años. “Somos muchas con niños con necesidades especiales. (El Gobierno) Se olvida de eso”.


Sin tratar. Brasil no tiene dinero para cubrir los tratamientos para los niños nacidos con microcefalia. Se calcula que la inversión ronda los $100,000 por cada uno.

Un año después de que la comunidad médica hiciese saltar las alarmas por un brote de virus del Zika, que aparentemente provocaba microcefalia en el norte de Brasil, la epidemia se ha extendido a 67 países y la mayoría de dudas científicas siguen sin tener respuesta. Según el último recuento de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 67 países han declarado tener transmisión activa del virus, y 56 han registrado brotes importantes.

De ellos, 23 naciones han compatibilizado casos de microcefalia y otras malformaciones congénitas asociadas con una infección por zika, y 19 países han registrado una incidencia mayor de casos de síndrome de Guillain Barré (SGB), una respuesta inmunológica que provoca parálisis de los órganos, incluidos los pulmones.

Se han detectado casos de microcefalia asociada con zika en Tailandia y Vietnam, pero no se sabe si las infecciones se deben a casos importados o endémicos.

En un comienzo se pensó que el zika producía síntomas como los de un resfriado. Pero la ola de casos de bebés con cabezas pequeñas en el noreste de Brasil generó una alarma mundial sobre el virus, que posteriormente fue asociado con microcefalia. Al establecerse esa conexión, la presidenta de entonces, Dilma Rousseff, prometió dar la ayuda necesaria a las familias afectadas.

Si bien el Gobierno ha ofrecido terapia y alguna asistencia financiera, madres como Pereira afirman que no es suficiente para satisfacer las necesidades mínimas del cuidado de niños con severos problemas de desarrollo.

Algunas familias amenazan con demandar al Gobierno para que entregue la partida de $275 mensuales que se ofrece ahora a los hogares donde se gana menos de $70 al mes. También quieren que el Gobierno pague por las medicinas de los bebés con epilepsia, otro síntoma frecuente en los niños cuyas madres contrajeron el zika durante el embarazo.

“Estas mujeres que necesitan asistencia financiera son de pueblos distantes y todos los días descubren problemas nuevos con sus hijos”, declaró la abogada Viviane Guimaraes, que ayuda a varias familias a registrarse en el programa para discapacitados.

Los programas estatales de salud están muy mal financiados en Brasil y los pacientes a menudo tienen que esperar meses para recibir tratamiento. La gente que puede paga por planes de salud privados.

Jusikelly da Silva dice que está desesperada por que le hagan una tomografía del cerebro a su hija Luhandra, de 10 meses, quien comenzó a sufrir convulsiones hace algunos meses que la dejaron casi inmóvil. Silva lleva tres meses tratando de conseguir un examen radiológico y una cita con un especialista.

“Es horrible porque siento que cuanto más espero por los exámenes, peor se pone y no podré cuidar de ella”, se lamentó.

Muchas mujeres terminan pidiendo dinero prestado a sus parientes para pagar por los servicios de hospitales y médicos privados. Silva dice que no tiene otra salida. El solo hecho de comprar fórmula para su bebé es una batalla. Ella y sus cinco hijos viven de los $250 que gana su marido mensualmente trabajando en un depósito.

La secretaria de salud del estado de Recife, Jailson Correia, dice que la municipalidad todavía no recibió los fondos prometidos por los gobiernos estatal y nacional para la división de niños con problemas. El proyecto es crear un grupo de pediatras, neurólogos infantiles, trabajadores sociales y terapeutas físicos, ocupacionales y del lenguaje que traten a los niños con trastornos derivados del zika.

Correia dice que la municipalidad ofreció medicinas para la epilepsia a ser distribuidas caso por caso porque no son ofrecidas por el plan de salud público, pero esa ayuda no será ilimitada.

“Los recursos financieros de la municipalidad son escasos”, declaró Correia. “Necesitamos que las autoridades desempeñen un papel más activo a nivel estatal y nacional”.

Funcionarios federales no respondieron a varios pedidos de información adicional sobre su respuesta a la crisis.

El brote de zika llegó a Brasil en momentos en que el país soporta una recesión de dos años, que ha hecho subir el desempleo y la inflación por encima del 10 %. Una propuesta bajo consideración en el Congreso fijaría un tope a los gastos públicos, lo que hace temer que haya recortes en los presupuestos de salud y educación. Tratar menores con problemas neurológicos no es barato.



Investigadores que exploran el costo que representa la lucha contra el zika dicen que cada menor con microcefalia le costará al Gobierno unos $95,000 de por vida en atención médica.

Jorge A. Alfaro Murillo, investigador de la Facultad de Salud Pública de Yale, dice que el estimado se basa en los gastos que generan los trastornos mentales. Acota que la microcefalia es un problema más severo todavía.

Brasil confirmó más de 2,000 casos de microcefalia hasta ahora y el ministro de Salud, Ricardo Barros, dice que la mayoría de estos bebés están inscriptos en centros de rehabilitación para estimular su desarrollo. Más de la mitad son de hogares pobres, con ingresos mensuales de menos de $70.

El esposo de Ana Carla María Bernardo, de 24 años, cuya hija Carla Elisabethe nació con trastornos cerebrales, perdió su trabajo, pero la mujer dice que el Gobierno no le da ayuda financiera porque su marido ganaba más que el sueldo mínimo.

Bernardo vive en las afueras de Recife y todos los días debe viajar dos horas de ida y dos de vuelta en autobuses para llevar a su hija a un centro de rehabilitación.

“Ojalá el Gobierno nos ayudase”, expresó la mujer. “Tienen los recursos. Es cuestión de que se interesen en nosotros”.

***

A Yessica Flores, en Miami, Estados Unidos, se le están realizando exámenes de ultrasonido más frecuentemente que a una mujer embarazada promedio, pero existe un cruel aspecto desagradable que acompaña al gozo de ver cómo crece cada pocas semanas su hija nonata: el temor de posibles efectos ocasionados por el virus del Zika.

Flores se infectó al inicio de su embarazo, y los exámenes de ultrasonido frecuentes y los exámenes de sangre son el único consuelo que le pueden ofrecer los médicos en lo que parece ser hasta ahora un embarazo normal a pesar del zika, el cual puede ocasionar microcefalia y otros problemas congénitos.

Flores y su esposo se han acostumbrado a que los médicos les respondan sus preguntas sobre el futuro de su bebé con una sola oración: “No sabemos”.

“Es realmente duro escuchar algo así; es atemorizante en ocasiones”, dijo Flores en el Hospital Jackson Memorial, donde está siendo atendida por el Equipo de Respuesta al Zika de la Universidad de Miami.

Flores comentó que tiene un enorme gozo, pero es duro traer a este niño al mundo con este tipo de noticias; “es una mezcla de emociones”, agregó.

La hija nonata de Flores –llamada Daniela– parece estar desarrollándose de manera normal. Sin embargo, la familia aún enfrenta años de incertidumbre después de que nazca la niña en febrero. No existen exámenes para determinar si el bebé de Flores sufrirá problemas de audición, visión o de desarrollo tras su nacimiento.

La vivencia de Flores ilustra las lagunas en la comprensión de los médicos sobre la manera en que el zika afecta el embarazo, dijo la doctora Christine Curry, ginecobstetra de Flores y codirectora del Equipo de Respuesta al zika. Por ejemplo, los médicos no saben en la actualidad por qué el virus –que se transmite principalmente a través de picadura de mosquito pero que también puede ser por contacto sexual– permanece detectable en el torrente sanguíneo de una mujer embarazada durante más tiempo que en el flujo sanguíneo de un hombre o de una mujer que no está embarazada.

Boris Pavlin, responsable de la incidencia del zika en la OMS, la comunidad científica no sabe aún qué ha pasado para que una enfermedad que ha convivido con los humanos desde 1947 comenzara a tener efectos tan graves como las malformaciones congénitas o el SGB.

La primera epidemia de que se tiene constancia se dio en 2007 en Micronesia, pero no se detectaron consecuencias perniciosas; sin embargo, en 2013 hubo un brote en la Polinesia Francesa y, en retrospectiva, se ha podido comprobar que las infecciones por zika provocaron microcefalia y SGB.

La cepa asiática, que es la que provocó las dos epidemias de Micronesia y Polinesia Francesa, es la que viajó hasta Brasil y de ahí se expandió por todo el continente americano. Esta cepa se ha subdivido en pequeños subtipos, pero por ahora los científicos no han podido identificar qué ha cambiado en el virus que pueda explicar el cambio de comportamiento.

“Es duro continuar diciendo ‘no lo sé’, pero no es algo inusitado con una enfermedad que realmente se ha destacado apenas hace pocos años”, señaló Curry.

Flores no ha mostrado ningún síntoma de enfermedad de Zika, pero un examen realizado cuando tenía 16 semanas de embarazo a fines de agosto confirmó que había sido infectada. A su esposo también se le realizó el examen de detección del virus, pero resultó negativo.

No está claro dónde Flores contrajo el virus. Ella vive y trabaja en el barrio Wynwood de Miami, la primera área en la parte continental de Estados Unidos con mosquitos transmisores de zika; pero viajó a Honduras al inicio del verano e inicio de su embarazo.

Hasta la llegada del verano de este año, los únicos casos de zika en la parte continental de Estados Unidos correspondieron a viajes a zonas con epidemia del virus, mayormente al Caribe y Latinoamérica. De los más de 4,000 casos reportados hasta la fecha en Estados Unidos, casi 900 fueron de mujeres embarazadas.

El área de Miami contiene la mayor cantidad de casos registrados en Florida, y las autoridades federales de salud recomiendan que todas las mujeres embarazadas que han estado en el condado Miami-Dade soliciten el examen de detección de zika.

Más de 110 mujeres han sido diagnosticadas con zika en Florida, y la doctora Curry dijo que aproximadamente una tercera parte de ellas han sido atendidas por médicos del Sistema de Salud de la Universidad de Miami en el Hospital Jackson Memorial.

Al igual que Flores, muchas expresaron conmoción y tristeza por su diagnóstico de zika antes de decidir aprender más sobre la manera en que podrían ayudar a sus bebés, dijo Curry.

Flores tuvo algunos consejos de otras mujeres embarazadas que están infectadas de zika: “En primer lugar, ten fe. Después asegúrate de ver a tu médico, y sabe que todo va a estar bien si sigues las instrucciones de los médicos”.

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