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El enigma del nuevo presidente de Guatemala

La ambigüedad de las respuestas y el poco detalle que da Jimmy Morales de lo que será su gobierno pueden ser una evidencia de gran ingenuidad o de mucha audacia. “En Dios haremos proezas”, dice el nuevo elegido por los guatemaltecos para explicar lo que será el país Centroamericano ahora en sus manos.
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Diez horas antes de que el escrutinio lo diera como el próximo presidente de Guatemala, James “Jimmy” Morales, el candidato del Frente de Convergencia Nacional, por primera vez desde que se lanzó a la presidencia, se dejó ver acompañado de su esposa, Patricia Marroquín, y de sus tres hijos (luego adujo que fue “por motivos de seguridad”, sus familiares estuvieron fuera del país durante la campaña). El aún candidato, vestido con jeans y camiseta de la selección nacional de fútbol, se dejó querer por una multitud de seguidores y simpatizantes que le ovacionó a su llegada al centro de votación: vivas, aplausos, cohetillos, besos y abrazos; una lluvia de flashes y un enjambre de periodistas le rodearon ansiosos, con el objetivo de arrebatarle una declaración, una primicia, un anuncio, una novedad. Pero no llegó. Morales evadió las preguntas sobre cómo sería su gobierno, de la misma manera que lo hizo a lo largo de la campaña electoral.

Diez horas más tarde, ya como ganador de las elecciones, Jimmy Morales, enfundado en un traje azul, camisa blanca y corbata celeste, ofreció su primera conferencia de prensa como presidente de la República electo. Llegó escoltado. Iba acompañado de su esposa, Patricia, quien con la natural timidez de una novata en las lides políticas sonreía con nerviosismo y evitaba las solicitudes de entrevistas de los periodistas. Otra vez aplausos, vivas, felicitaciones, abrazos, besos y más aplausos. “¡Gloria a Dios!”, lanzaban algunos, otra vez el enjambre de reporteros, flashes, selfies, preguntas, romería de los medios de comunicación que buscaban entrevistarlo en exclusiva. Y de nuevo un discurso –esta vez leído– lleno de generalidades, anuncios vagos, frases hechas, de repetidas invocaciones y agradecimientos a Dios.

El debut de Morales como presidente electo fue la presentación en sociedad de un político nuevo, amorfo, desconocido, inexperto; engendro de una nueva política en Guatemala, de una donde el líder no se moja ni se despeina.



Su primer mensaje fue simbólico. La composición de la mesa desde la que se dirigió a los periodistas, hablaba sobre los poderes que junto a él llegan al Gobierno: a su diestra –al lado de su esposa, Patricia– el coronel Édgar Justino Ovalle Maldonado, fundador del FCN y rostro visible de los militares que le rodean, quien fue elegido diputado en septiembre pasado; y Flor de María Chajón, también elegida diputada, fiel amiga, financista de su campaña, colaboradora suya desde los inicios de Moralejas, la productora que le hizo famoso como comediante, y fundadora del comité cívico Nación. A su izquierda, Jafeth Cabrera, su compañero de fórmula, su alfil más visible, al que le corresponderá desempeñarse como el principal operador político del binomio. De pie, a un metro de distancia, Sammy, Nito, Samuel, su hermano, su socio, su consejero, observaba sonriente, satisfecho.

A Jimmy Morales le cuesta ser claro y contundente al momento de explicar cuáles serán las prioridades de su gobierno, mencionar el nombre de las personas que integrarán su gabinete o delinear las políticas públicas que impulsará desde el Ejecutivo. “En Dios haremos proezas”, dice en abstracto, sin precisar el qué, el cómo, el cuándo y el con qué. Difícil saber si actúa con ingenuidad o audacia.

Para combatir la corrupción, el mal endémico del Estado guatemalteco que ha llevado a la cárcel a los expresidentes Alfonso Portillo y Otto Pérez Molina, a sus respectivos exvicepresidentes, Francisco Reyes López y Roxana Baldetti; Jimmy Morales acude de nuevo a conceptos abstractos, simples y vacíos que no dan luces ni señales de acciones concretas. El ejemplo: “Si desde la cabeza se da el ejemplo, hay más probabilidades y hay solvencia moral para poder exigirle a los mandos medios, a los mandos bajos y operativos, que todas las cosas se hagan fuera de la corrupción”; cumplimiento de la ley: “Hay un marco legal, ese marco legal debe ser cumplido”; rendición de cuentas: “Es necesario rendir cuentas para que la población sepa a través de los medios de comunicación qué se hizo, quién lo está haciendo, cómo lo está haciendo, por qué se está haciendo”. Esas, dijo sonriente, “son las tres propuestas” para desterrar la corrupción.

Visto con los ojos de la experiencia y de la realpolitik, el futuro inmediato de Jimmy Morales se vislumbra más cuesta arriba y muy dificultoso para liviandad y ligereza con que se mueve por los escenarios y con que se expresa en sus comparecencias ante la prensa. En menos de dos meses, el presidente electo deberá demostrar sus habilidades de negociación política, independencia y compromiso, primero con los suyos, su partido y los grupos que se adhirieron a su proyecto durante la campaña electoral, y luego con los partidos políticos de oposición y los grupos de poder que orbitan alrededor del Estado.

Algunos de los guatemaltecos que entre abril y septiembre de este año fueron noticia mundial al llenar la Plaza Central de Ciudad de Guatemala, hartos de la corrupción y del sistema político, desde el pasado sábado le enviaron un mensaje al candidato que un día después ganaría las elecciones: #EstoApenasEmpieza. El 14 de enero “regresaremos a la plaza para enviar un mensaje claro a nuestro próximo gobernante, diputados y demás funcionarios: los ciudadanos estaremos vigilantes y cada vez más y mejor organizados”. Esa será la bienvenida para Jimmy Morales.

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