El legado de “la Tuta”

Michoacán se recupera con lentitud de una década en la que reinó la violencia y el terror desatados por Los Caballeros Templarios. Servando Gómez, “la Tuta”, cabecilla de esta banda, ha sido capturado.
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Área. Desde el aire, la propiedad donde fue encontrado “la Tuta” es inabarcable y desde el suelo cualquiera siente estar en medio de nada.

Área. Desde el aire, la propiedad donde fue encontrado “la Tuta” es inabarcable y desde el suelo cualquiera siente estar en medio de nada.

Escondite. El capo pudo esconderse durante meses de las autoridades mexicanas. El delincuente se servía de esta sierra que tan bien conoce para escabullirse.

Escondite. El capo pudo esconderse durante meses de las autoridades mexicanas. El delincuente se servía de esta sierra que tan bien conoce para escabullirse.

A la contra. “La Tuta” era maestro de escuela y además fundó varios centros de rehabilitación de drogadictos antes de convertirse en traficante de droga.

A la contra. “La Tuta” era maestro de escuela y además fundó varios centros de rehabilitación de drogadictos antes de convertirse en traficante de droga.

El legado de “la Tuta”

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Lo dijo hace menos de un mes. Servando Gómez, “la Tuta”, el capo detenido hace poco más de una semana en Morelia, Michoacán, a unos 300 kilómetros de la capital mexicana, afirma en un audio difundido el 2 de febrero: “Le dimos en la madre a Michoacán en los últimos 10 años”. Por nosotros se refiere a Los Caballeros Templarios, la organización criminal a la que pertenecía y que deja un legado de asesinatos, extorsiones y secuestros que aterrorizaron la región.

“La Tuta” o “el Profe” no ejerce como maestro desde hace 14 años. Aunque todavía conservaba su plaza en 2014, este hombre de 48 años natural de Arteaga, en la sierra michoacana al oeste de México, prefirió cambiar las aulas por el control de los grupos criminales que operaban en la zona. Fue primero líder de La Familia Michoacana, por debajo de Nazario Moreno González, “el Chayo”, y de José de Jesús Méndez Vargas, “el Chango”. A finales de 2010 hubo una ruptura entre ellos y nació una nueva banda: Los Caballeros Templarios.

Servando Gómez se graduó en la Escuela Normal de Arteaga, donde obtuvo su plaza como maestro en 1985. Además de profesor normalista, “el Profe” fue agricultor, creó centros de ayuda a jóvenes adictos a las drogas y después se convirtió en traficante de estupefacientes, según la Procuraduría General de la República.

Su estilo incluía dar entrevistas con los medios y subir videos a YouTube. En ellas, sin reparos, ha reconocido ser un delincuente y un asesino: “Aunque nunca he matado a ningún inocente”, se justifica.

Desde enero de 2014, fecha en la que el Gobierno federal intervino en Michoacán para acabar con la violencia, las autoridades lo buscaban. Aunque finalmente fue capturado en Morelia, durante meses las fuerzas de seguridad tuvieron cercado el municipio de Tumbiscatío, donde diversos testimonios señalaban que residía, obligándolo a cambiar sus rutinas y limitando cada día más su libertad. Hasta hace poco, en este pueblo de 7,800 vecinos —la mayoría habitan en la cabecera municipal, pero muchos ocupan rancherías de la Sierra— era habitual verlo por la plaza principal, pronunciando discursos que más parecían sermones, dejándose besar la mano por señoras y niños, atendiendo las peticiones de unos y otros, y regalando dinero en plena calle.

Este hombre, al que le encantan las peleas de gallos y alude a héroes de la revolución como Francisco Villa y Emiliano Zapata para justificar su actividad (“Villa era un delincuentazo”, dijo a Mundo Fox), aseguraba que la misión de la hermandad —los templarios— no era otra que la de restablecer el orden en el Estado. “Solo quiero que haiga (sic) paz, que haiga (sic) tranquilidad”, repetía en la misma entrevista. “Porque las autoridades no hacen su trabajo”.

Con la muerte de Enrique Plancarte, el 31 de marzo de 2014 en un enfrentamiento con la Marina, Servando Gómez quedó como el único mando conocido de la organización criminal. Cuando el Gobierno federal entró en Michoacán para acabar con el crimen organizado a comienzos del año pasado se fijaron seis blancos prioritarios, sin contar a Nazario Moreno, “el Chayo”, líder absoluto de la organización. Este se encontraba fuera de los cómputos oficiales porque había sido dado por muerto en 2010 durante el sexenio de Felipe Calderón. Sin embargo, en su día las autoridades nunca presentaron el cuerpo y en Michoacán era un secreto a voces que “el Chayo” seguía vivo.

Un informe de inteligencia del gabinete de seguridad nacional, filtrado a la prensa local, revelaba a comienzos de 2014 que la estructura de poder de los templarios era controlada por Servando Gómez Martínez, Dionisio Loya Plancarte, alias “el Tío”, y Enrique Plancarte Solís, “la Chiva” o “Kike”.

“El Tío” fue detenido en una casa el 27 de enero de ese año en Morelia; “El Chayo” falleció a manos de los elementos de la Marina el 9 de marzo en Tumbiscatío, y Kike Plancarte cayó el último día de marzo en el municipio de Colón, en el Estado de Querétaro, a unos 250 kilómetros (tres horas de viaje) de Morelia, la capital de Michoacán.

“La Tuta” asumió el control de La Familia Michoacana con Kike Plancarte después de que “el Chayo” fuese dado por muerto en 2010. Según la PGR, en enero de 2011, Jesús Méndez Vargas, “el Chango”, quiso tener el control de La Familia, pero tuvo desacuerdos con Kike Plancarte y “la Tuta”, lo que provocó la escisión entre los narcos y dio origen a Los Caballeros Templarios. Mediante pancartas, los dos líderes dieron a conocer en marzo de 2011 la organización y anunciaban una guerra contra “el Chango”, quien se quedó al frente de La Familia. En un video difundido en junio de ese año por la Secretaría de Seguridad Pública, Méndez Vargas declaraba ante las autoridades tras ser detenido que temía que exmiembros del cartel atentaran contra su vida. “No tenía que hacer nada en Michoacán, mi vida corría peligro”, dijo. Al ser preguntado sobre quién o quiénes podrían matarlo respondió que “la Tuta” sería el principal responsable en caso de morir y lo tildó de “traidor”.

Servando Gómez nunca le tuvo miedo a la muerte, decía. “A que me agarren a lo mejor… ¿qué me espera? Con la fama que me he hecho, ¿estar encerrado en un pinche cuarto de un metro por dos? A morirme no, sé que algún día me voy a morir”.

Las extorsiones, los robos, las violaciones, las torturas, los asesinatos provocados por la delincuencia organizada –“que de organizada no tiene nada”, como reconocía “la Tuta” en una de sus grabaciones– han dejado profundas cicatrices en Michoacán. La industria turística del estado, poseedor de espectaculares paisajes y bellísimas ciudades, ha sufrido los golpes causados por la violencia de Los Templarios. La economía de la región de Tierra Caliente, la más afectada por la violencia, ha quedado diezmada.

El Gobierno del estado tiene una deuda estratosférica (que aumentó un 140 % entre 2010 y 2012) que ha provocado incluso retrasos en el pago de sus trabajadores. El plan de recuperación anunciado por el presidente Enrique Peña Nieto avanza, pero con lentitud: 37 de las obras están paralizadas por falta de pago desde noviembre.

Las autoridades, aún así, han conseguido avances. Los golpes asestados a la minería ilegal, el bastión

principal de “la Tuta” y uno de los principales pulmones económicos de Los Caballeros Templarios han sido unos de los principales logros de la intervención gubernamental en el estado. La agricultura, diezmada por las extorsiones del grupo (el aguacate y el limón, dos de los principales frutos de la región, alcanzaron precios altísimos durante las etapas más violentas), ha vuelto a recuperarse. Las exportaciones crecieron cerca de un 30 %. Michoacán elegirá gobernador el próximo 7 de junio junto con otros ocho estados mexicanos. La región recobra poco a poco la estabilidad perdida en estos años.

El grupo criminal al que pertenecía “la Tuta” irrumpió en 2005 bajo el nombre de La Familia, con el objetivo inicial de expulsar de la región a Los Zetas y obtener el dominio de Michoacán. El 7 de septiembre de 2006, por la madrugada, arrojaron cinco cabezas en un bar de mala muerte en Uruapan con una leyenda: “La Familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes, solo muere quien debe de morir, sépanlo toda la gente, esto es justicia divina”.

Pero la guerra de Michoacán, que arreció cuando Felipe Calderón eligió el estado, su tierra natal, como el primer destino para el envío de tropas cuando inició su ofensiva contra el narcotráfico, pronto se cobró la vida de niños, jóvenes, mujeres y ancianos. La extorsión se convirtió en una práctica común en todo el estado. La Familia Michoacana, encabezada entonces por Nazario Moreno “el Chayo” (su principal líder e ideólogo) y José de Jesús Méndez “el Chango”, acumuló tal poder que se hizo del control casi absoluto de alcaldías, obras, tala clandestina, minería ilegal, piratería y cobro de derecho de piso a actividades comerciales.

“La Tuta” tenía una función específica: encargarse de Lázaro Cárdenas, el principal puerto de cargas de México, y situado al lado de los ricos yacimientos de hierro de Michoacán, los más abundantes del país. En 2009 llamó a un programa de televisión local para pedir al presidente Calderón que “le escuchara”. La primera de numerosas apariciones mediáticas en las que el capo opinaba de temas de la agenda local e internacional sin empacho alguno.

El procurador de Michoacán, José Martín Godoy, dijo el viernes que “la gente protegía a ‘la Tuta’” y que eso había dificultado su captura. El grupo fundado por “el Chayo” y “el Chango” entregaba comida, medicamentos, financiaba estudios y llegó a reemplazar en algunos niveles las funciones del Estado en las poblaciones donde era más fuerte. Pero a quienes osaban ponérseles enfrente les esperaban amenazas, espantosas torturas y la desaparición o el asesinato.

La Familia Michoacana y su mutación, Los Caballeros Templarios, son responsables de la ruina de comerciantes que se negaron a pagar extorsión, de la violación de niñas y jovencitas, de la muerte de familias enteras. Llegaron al extremo de grabar sus espantosos métodos de tortura para enviarlos como advertencia de lo que podría ocurrir a sus rivales. A su fundador, “el Chayo”, se le acusa de horripilantes crímenes. El capo fue dado por muerto en una operación ejecutada en Apatzingán en 2010 por el Gobierno de Felipe Calderón. La supuesta muerte fue aprovechada por el grupo para cambiar de nombre y fortaleció su imagen de “inmortal” entre sus fieles. Las autoridades mexicanas consiguieron matarlo, ahora sí, en 2014. Nadie ha dado explicación alguna ni ha asumido la responsabilidad por el gravísimo error cometido en 2010.

La aparición de los grupos de autodefensa, civiles armados en contra de Los Caballeros Templarios, el 24 de febrero de 2013, provocó una tensión tal que obligó al Ejecutivo de Enrique Peña Nieto a emprender un plan para devolver la estabilidad al estado, al borde del conflicto civil. La filtración de varios de los videos de las reuniones que “la Tuta” mantuvo con varias autoridades michoacanas dejó al desnudo el grado de poder que habían acumulado el grupo criminal a lo largo de estos años. Las imágenes mostraban al capo con alcaldes, funcionarios, empresarios. En uno toma una cerveza con Rodrigo Vallejo, hijo del gobernador elegido en 2010, Fausto Vallejo Figueroa, que debió dejar el cargo una vez desatado el escándalo. Otro causó la detención del exgobernador interino, Jesús Reyna, que ya había sido señalado como uno de los políticos más cercanos al grupo criminal por José Manuel Mireles, uno de los principales líderes autodefensas, actualmente encarcelado por presunta posesión ilegal de armas.

Sobre esa videoteca, Servando Gómez detalló en una grabación difundida el 19 de noviembre que existían al menos 200 grabaciones. Dijo que en ellas aparecen senadores, diputados, alcaldes y empresarios, pero aclaró que “no tienen la culpa de nada” porque “venían forzosamente a huevo o tratando de encontrar auxilio”.

En la última grabación que difundió, el 2 de febrero pasado, “la Tuta” se despide: “Primeramente Dios es el último audio que saco […] y no por miedo ni porque me vayan a agarrar o porque me vayan a matar, [sino] porque yo tengo que tomar mis medidas, tengo que hacerme a un ladito y cuidarme. Dios los bendiga a todos”

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