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El (macabro) acto de magia del secretario Chicas

En ese barrio de Apopa, que es igual a todos los demás donde las pandillas florecieron en buena medida debido a los despropósitos de cuatro presidentes salvadoreños desde 1999 hasta la fecha, el único que ha desaparecido es el Estado.
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“Es notorio que estas estructuras criminales de pandillas están perdiendo fuerza a nivel nacional, incluso hay lugares en los que dejaron de existir”. El secretario de comunicaciones de la Presidencia, Eugenio Chicas, soltó la frase a principios de este mes, el 4 de octubre. Su principal argumento de prueba es que en algunas zonas del país han desaparecido los grafitos pandilleros.

Tres días después de aquellas declaraciones, este titular: “Nueve pandilleros muertos en masacre y un enfrentamiento”. Y el 13 de octubre, esta noticia: “Un policía muerto y otro herido tras ser atacados en San Marcos (por pandilleros)”.

Con una frase, retórica política al final, el vocero del presidente Sánchez Cerén quiso protagonizar un sorprendente acto de magia; quiso, con su verbo, hacernos creer que gracias a los planes del Gobierno las pandillas, esas de las que según el ministro de Defensa hacen parte entre 50,000 y 60,000 jóvenes salvadoreños, empiezan a difuminarse del territorio nacional.

Hay, en la frase, dos pecados: la mentira tirada al aire como si nada e, igual de peligroso, el tufillo a justificación de ejecuciones extrajudiciales que puede atribuirse a la formulación.

La mentira: las pandillas no están desapareciendo. O al menos el secretario Chicas no tiene cómo probar su tesis. ¿Por qué ya no hay grafitos? Será que quienes le informan al secretario Chicas no caminan los mismos barrios que decenas de miles de salvadoreños que viven, además de con las pintas, con lo que estas anuncian: control territorial que sustituye al del Estado nacional. En su alocución el secretario no presentó cifras comparativas, por ejemplo.

Dejo, a propósito, esta historia que me contó una amiga y que luego pude comprobar. Desde julio pasado, mi amiga tiene que pedir, por escrito, salvoconducto a las autoridades del barrio de Apopa en que vive su madre para poder ir a verla. Las autoridades, se entiende, son la clica y su jefe. Si no hay petición por escrito en la que se especifique el número de placa del carro que visita, el visitante se atiene a las consecuencias. En ese barrio de Apopa, que es igual a todos los demás donde las pandillas florecieron en buena medida debido a los despropósitos de cuatro presidentes salvadoreños desde 1999 hasta la fecha, el único que ha desaparecido es el Estado. Y eso no se arregla con una declaración altisonante en la tele.

Luego, la justificación. Hace 14 meses, LA PRENSA GRÁFICA y El Faro dejaron en evidencia, con sendos reportajes, que los asesinatos extrajudiciales son parte de la caja de herramientas con que el Estado salvadoreño está combatiendo a las pandillas. A partir de aquellas revelaciones, representantes del Gobierno han escuchado quejas al respecto en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA en Washington, de la Procuraduría de Derechos Humanos cuando la dirigía el abogado David Morales, incluso del Departamento de Estado de Estados Unidos.

¿Desaparecen las pandillas? No, han desaparecido o han sido asesinadas personas a las que el Estado ha atribuido la sospecha de pertenecer a pandillas, como también pandilleros. Las pandillas no.

Nuevas indagaciones hechas por periodistas de distintos medios arrojan, además, una certeza: los abusos de la Policía y el Ejército no son casos aislados son una tendencia que, al menos, es tolerada por el Estado.

Los funcionarios de seguridad pública suelen pasar por el tema de puntillas. O mienten. Dicen que se está investigando o que los pandilleros mueren en enfrentamientos. Y, mucho menos, explican acciones represivas contra ciudadanos cuyo único delito es, como la madre de mi amiga, vivir en barrios y colonias donde las palabras del secretario Chicas y de otros funcionarios suenan ya no a magia sino a insulto.

PD. A la lista de ligerezas del tipo “las pandillas están desapareciendo” pueden añadirse otras perlas pronunciadas por políticos y funcionarios en los últimos días: “Los homicidios bajan un 70 % en San Salvador y la ciudad sale de la lista de las más letales”, o “Discutamos la despenalización del aborto terapéutico solo por hacer bulla”

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