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El municipio al que la muerte deformó

En Jucuarán no es posible ver con claridad la línea entre lo justo y lo que no lo es. La represión, la impunidad y la eterna pobreza la han desdibujado. Este es el retrato de un municipio aislado al que ocho masacres en solo tres años han dejado irreconocible.
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Para visitar el centro de Jucuarán hay que estar decidido. No es un paso obligado para ir a ningún otro sitio del oriente de El Salvador. Está sumido en el vértice de una serranía costera que termina en las arenas de El Espino, una de las playas más hermosas del país, pero que muchos turistas ni siquiera saben que pertenece a este municipio que sobrevive a base de cultivos básicos, pesca y pequeños comercios distribuidos en cuatro calles sinuosas donde también se apretujan la alcaldía, la iglesia y el parque central. Jucuarán es el escenario idóneo de la exclusión.

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