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El otro país

Después de escuchar a estas mujeres, la pregunta no es ¿por qué se van? La pregunta correcta es ¿por qué no se han ido? ¿Cómo es posible despertar todos los días sitiados por la pobreza, las pandillas y con un Estado ausente que cree que prevenir es regalar muchas pelotas de fútbol?
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Desde hace unas semanas están en la pauta de radio y televisión dos anuncios publicitarios que cada vez que aparecen en la programación evito escuchar. Ambos tratan sobre la migración de niños y adolescentes salvadoreños que viajan de manera irregular a Estados Unidos. Seguramente ustedes ya los conocen. Uno presenta la historia de una madre que envía a su hijo con el teléfono del papá anotado en el suéter. El niño no logra llegar a Estados Unidos y dice una frase que me parece perversa e irresponsable: “Mi mamá se equivocó”.

El otro narra la historia de una adolescente que igual viaja de manera irregular con la aprobación de su mamá y en el camino se suma a larga lista de migrantes desaparecidos. El cierre –igual de culposo e irresponsable– dice: “Una vida de arrepentimientos no te regresará a tu hijo. Su hogar está aquí, en El Salvador. Nuestra patria, nuestro futuro”.

Con estos dos mensajes presentes viajo a menudo al otro país. En el trayecto antes de cruzar la frontera veo a una mujer que corre por las mañanas con su traje deportivo rosa entre los comercios que publicitan todo en inglés, cruzo los “modernos” pasos a desnivel y veo alguna que otra zona verde que todavía ofrece sombra y buen clima al selecto grupo de habitantes que residen en el país de los análisis, los diagnósticos, los debates y las tomas de decisiones equivocadas.

En cuestión de minutos llego al otro país donde las mujeres no salen a correr por las mañanas con traje deportivo rosa, los anuncios publicitarios están ennegrecidos por el humo de todos los carros que se amontonan, se averían o chocan en la lucha de transitar por las pésimas calles del bulevar del Ejército. La basura sirve de ornamentación en las zonas verdes y el sol quema a decenas de personas que salen a las calles a buscar trabajo de lo que sea para pasar el día.

En ese país donde todo es poco, a menudo converso con madres solteras, jefas de hogar muy parecidas a las protagonistas de los dos anuncios irrespetuosos, que imagino se hicieron con la intención de evitar la migración. Los problemas de estas mujeres, al parecer nunca escuchados, son: “Trabajo como doméstica por $50 al mes, pero cuando salgo no me siento tranquila porque dejo a mis hijos solos”. “Me da miedo que vaya al cíber a hacer la tarea, porque en el camino le pueden hacer algo”. “Los pandilleros les regalan celulares a los niños y les dicen: ‘Me timbrás cuando aparezca la chota’”. “He intentado vender de todo, pero aquí no se puede poner un negocio porque rápido le ponen ‘renta’ o no se vende porque la gente es igual de pobre que uno”. “Mataron a la familia de mi nieto y desde entonces nadie me ayuda”. “La Policía deja mucho que desear”. “El Estado es el que menos ayuda”. “Uno en este país no existe”.

Después de escuchar a estas mujeres, la pregunta no es ¿por qué se van? La pregunta correcta es ¿por qué no se han ido? ¿Cómo es posible despertar todos los días sitiados por la pobreza, las pandillas y con un Estado ausente que cree que prevenir es regalar muchas pelotas de fútbol? ¿Cómo es posible construir un hogar en un país sin esperanza? ¿O sentir y confiar que El Salvador es nuestra patria, nuestro futuro si los ciudadanos de ese otro país, que también es el nuestro, no existen? Lo cierto que es no sabemos nada del otro país.

Por estas razones, esos dos anuncios me parecen una absoluta falta de respeto para estas mujeres que lo único que desean es que sus hijos tengan una vida mejor de la que ellas han vivido hasta ahora en este “hogar”, en esta “patria” que lo único que hace es responsabilizarlas de las decisiones desesperadas que toman en medio de la pobreza y la desolación en que viven sus familias.

Si de verdad queremos evitar la migración, ya es hora de que quienes vivimos en el país de los análisis, los debates estériles y las mentiras políticamente convenientes empecemos por respetar y escuchar con genuino interés y responsabilidad a la otra mitad del país, a esa que en cada guerra es la que siempre pone los muertos.

Tags:

  • migración
  • oportunidades
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