El país de la incertidumbre

Nuestros problemas no tienen que ver solo con la falta de recursos, sino también con nuestra cultura de improvisación. No hemos sido educados para pensar en el futuro.
Enlace copiado
El país de la incertidumbre

El país de la incertidumbre

El país de la incertidumbre

El país de la incertidumbre

Enlace copiado
OPINIÓN (Desde allá) Suiza

El prado de los soñadores

No es la primera vez que vivo fuera de El Salvador, pero sí es la primera que vivo en un país donde casi todo funciona bien y todo parece formar parte de un gran plan a largo plazo. Para una salvadoreña como yo, educada en sociedades de guerras civiles, postguerras y democracias recientes, la lección aprendida siempre ha sido “vivir el momento”, porque nadie sabe lo que puede pasar mañana. La improvisación ha sido nuestra gran compañera y los relojes no pasan de ser accesorios de moda que no llegan a regir nuestras vidas.

En términos culturales, en Suiza la palabra improvisación no existe. No importa si se trata de una cita de amigos o de una gran decisión nacional, esta sociedad ha sido educada para planear ambos casos, con la misma seriedad.

La primera vez que hice una cita para tomar un café con una amiga suiza, me sorprendió que me enviara la fecha y la hora de nuestro encuentro con semanas de anticipación. Con el tiempo comprendí que ella planea todo en su vida con calendario y reloj en mano.

Observar mi país en la distancia me ha permitido comprender que nuestros problemas no tienen que ver solo con la falta de recursos, sino también con nuestra cultura de improvisación. No hemos sido educados para pensar en el futuro. Nos cuesta planear nuestras ideas y realizarlas en un espacio de tiempo determinado. Nos cuesta construir en el largo plazo. En nuestro país, es la incertidumbre lo que se impone.

Como periodista y como ciudadana, me mantengo informada sobre lo que ocurre en El Salvador, y aunque no deja de alegrarme cualquier paso positivo, por pequeño que este sea, me queda claro que perdemos mucho tiempo en ponernos de acuerdo y en llegar a concretar cualquier atisbo de desarrollo. Por ejemplo, modernizar el transporte público, ir a elecciones de voto cruzado o sostener una discusión política de altura representan en nuestros días todo un gran esfuerzo y una lucha contracorriente.

A pesar de la inagotable vitalidad que caracteriza a la sociedad salvadoreña, hablar del futuro nos provoca rechazo. Preferimos vivir con la idea del “ahora”, porque mañana “todo” puede suceder. Frente a la novedad, elegimos por el desorden ya conocido y nos conformamos con hacer funcionar las ideas “para lo que da el día”. Y si cada cinco años los gobiernos de turno cambian de planes, no podemos esperar que la mayoría de la población piense de otra manera.

A partir de esta reflexión, recuerdo una descripción que hizo el antropólogo y secretario de Cultura Ramón Rivas sobre nuestra forma de vivir. En esa ocasión la definió como “la cultura del desorden, del desprecio y de la trampa”. Explicó que eso no se cambia de la noche a la mañana, que es un proceso. Y agregó: “La tarea de nosotros es comenzar, porque la transición se dará en muchos años, pero a eso hay que apostarle”. Desconozco si el secretario ya inició un trabajo en este sentido, lo que sí puedo decir es que su descripción me parece acertada.

Planear y soñar el futuro en un país rico y sin guerras como Suiza podría parecer fácil; sin embargo, creo que sin orden y planificación esta sociedad no tendría la prosperidad económica y la paz de la que ahora gozan.

Aquí he comprendido que sin importar la magnitud de la tragedia que vivimos, nuestro país no figura en los mapas mentales europeos y mucho menos en su agenda mediática. El Salvador solo es importante para nosotros. Y deberíamos ser nosotros los más interesados en propiciar el consenso.

Sin acuerdos de país será difícil planear el rumbo, y sin rumbo será imposible soñar el futuro. Ya no queremos escuchar las voces que solo sirven para envenenar el ambiente, lo que nos urge son voces positivas que estén dispuestas a concertar, a planear y a construir respetando plazos, con la mirada puesta en el futuro

Tags:

  • suiza
  • el prado de los soñadores
  • rosarlin hernandez
  • incertidumbre
  • planificacion

Lee también

Comentarios

Newsletter