El parto más difícil de la Corte de La Haya

El 11 de septiembre de 1992, la Corte Internacional de Justicia delimitó las fronteras terrestres, marítimas e insulares entre El Salvador y Honduras que habían enfrentado a ambos países por más de 200 años. Este es un recuento de un proceso que aún no se ha resuelto del todo.
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<p>Cuatro presidentes centroamericanos, dos arzobispos, decenas de ministros y observadores internacionales –entre ellos de la flamante ONUSAL– se dieron cita esa mañana en el puente sobre el río Goascorán, que divide a Honduras y El Salvador.&nbsp;</p><p>El calor era agobiante esa mañana en la frontera El Amatillo (en Pasaquina, La Unión) y los mandatarios Alfredo Cristiani, de El Salvador, y Rafael Leonardo Callejas, de Honduras, acudieron a esa histórica cita vistiendo guayaberas blancas. </p><p>Violeta Barrios viuda de Chamorro, entonces presidenta de Nicaragua, y Jorge Serrano Elías, de Guatemala, fueron los jefes de Estado invitados a la ceremonia en El Amatillo.&nbsp;</p><p>1. La noticia. “Inapelable será fallo limítrofe de hoy”, tituló LA PRENSA GRÁFICA en su edición del 11 de septiembre de 1992. Ese viernes dos países y numerosos testigos de la comunidad internacional asistían a un acto para reiterar respeto al fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con sede en La Haya, Holanda, sobre un diferendo limítrofe en seis porciones de territorio de la frontera común, conocidos como bolsones.</p><p>Los bolsones eran territorios sobre los cuales El Salvador y Honduras reclamaban jurisdicción y que no pudieron ser dirimidos por la Comisión Mixta de Límites en su mandato de cinco años, dado por el Tratado General de Paz de 1980.&nbsp;</p><p>Las declaraciones públicas de funcionarios de ambos países eran de total respeto a lo que los cinco jueces de una sala especial de la CIJ decidirían.&nbsp;</p><p>Los jueces de la sala eran el brasileño José Sette Cámara, presidente; Shigeru Oda, de Japón; sir Robert Jennings, de Inglaterra; y los jueces ad hoc (nombrados por cada una de las partes) Nicolás Válticos, de Grecia, por El Salvador, y el español Santiago Torres Bernárdez, por Honduras.&nbsp;</p><p>El fallo en cantidad de territorio fue favorable a Honduras, con aproximadamente 290 kilómetros cuadrados y 150 kilómetros cuadrados para El Salvador, de un total de territorio fronterizo de 440 kilómetros cuadrados. “El fallo pronunciado por la Corte de La Haya viene a colocar a El Salvador en un grave problema social y humano por cuanto los efectos ocasionados han redundado en una pérdida real de territorio e inclusive de población para el país que solamente ganó un 34% del litigio, y Honduras un 66%, saliendo totalmente beneficiado de la disputa”, escribió en 1994 Melvin Camilo Landaverde Ortiz en su tesis de Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad de El Salvador (UES).&nbsp;</p><p>En un mensaje al país para explicar el proceso a los salvadoreños, Cristiani dijo que los pobladores de Meanguera y Meanguerita, en el golfo de Fonseca, podían estar “tranquilos”, ya que las islas habían sido ratificadas como salvadoreñas.&nbsp;</p><p>La presencia de Barrios de Chamorro no era solo simbólica, pues Nicaragua era parte en lo que correspondía al golfo de Fonseca. La Corte falló que los tres países comparten la soberanía de esas aguas, aunque Honduras continuó reclamando que también le otorga una salida al océano Pacífico, uno de tantos temas aún pendientes.&nbsp;</p><p>“Manifestamos la voluntad de respetar y cumplir de buena fe el fallo de la Corte Internacional de Justicia, que soluciona definitivamente el diferendo limítrofe, insular y marítimo entre nuestras naciones”, dijeron Cristiani y Callejas en un comunicado conjunto.</p><p>Sette Cámara, el juez brasileño, reconoció que la sentencia representaba un duro golpe para los ciudadanos de un país que con el fallo quedaron viviendo al otro lado, pero confió en que ambos gobiernos iban a resolver el problema humano derivado de este.</p><p>También reconoció que el proceso fue el más complicado que la Corte Internacional de Justicia había dirimido hasta la fecha. Y no era para menos. En un plazo de cinco años los cinco jueces de la sala especial de la CIJ se reunieron 50 veces, analizaron 12,000 páginas de documentos, entre ellos otras disputas fronterizas contenciosas similares.</p><p>El análisis jurídico llevó a los abogados internacionales a estudiar las fronteras establecidas en la región centroamericana por la colonia española.</p><p>“Con buena voluntad, va a ser una importante contribución a traer paz, comprensión y progreso a una región del continente americano y a sus pueblos, victimizados por el sufrimiento ocasionado por el azote de conflictos y disputas”, declaró el abogado brasileño el día del fallo.</p><p>En los años y las administraciones presidenciales subsiguientes, en ambos países resolver los temas heredados del fallo (derechos adquiridos y demarcación, entre otros) ha sido difícil y no exento de desencuentros políticos.</p><p>Se crearon diversas comisiones, entre ellas la encargada de aplicar un protocolo que garantizaba a los habitantes afectados por el fallo sus derechos adquiridos de movilidad, nacionalidad, tenencia, propiedad y posesión de la tierra, un tema complejo, debido a que la legislación hondureña prohibía a extranjeros tener propiedades a menos de 40 kilómetros de la frontera.</p><p>Otro punto de fricción en el terreno significó la prohibición hondureña a la extracción de madera, un tema especialmente sensible en el sector de Nahuaterique, donde aproximadamente 1,500 salvadoreños quedaron viviendo en los 142.8 kilómetros cuadrados que la CIJ otorgó a Honduras, de un total en disputa de 161.5 kilómetros cuadrados.</p><p>2. El Tratado General de Paz. En julio de 1969, El Salvador y Honduras se enfrentaron en una guerra conocida como “de las 100 horas”, que erróneamente se llamó también “la guerra del fútbol”, debido a que ambos países coincidieron en la eliminatoria mundialista de fútbol rumbo a México 1970.</p><p>El cese de las relaciones diplomáticas y de otro tipo entre ambas naciones llevó a la Organización de los Estados Americanos a intentar de forma intensa la reconciliación.</p><p>Luego de varias reuniones y presiones diplomáticas, finalmente se llegó al proceso que culminó el 30 de octubre de 1980, con el denominado Tratado General de Paz, con la mediación del jurista peruano José Luis Bustamante y Rivero, quien había iniciado su trabajo el 3 de abril de 1978.</p><p>Más de 11 años después El Salvador y Honduras suscribieron un documento de 48 artículos que abordaba siete grandes áreas: Paz y tratado, libre tránsito, relaciones diplomáticas y consulares, cuestiones limítrofes, Mercado Común Centroamericano, reclamaciones y diferencias, y derechos humanos y familia.</p><p>“Uno de los acontecimientos más trascendentales de los últimos tiempos en la vida política de los pueblos centroamericanos se está escenificando en esta fecha en la señorial ciudad de Lima, Perú, con la firma del tratado de pacificación entre las repúblicas de Honduras y El Salvador”, dice parte de un comunicado de la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI) publicado el 30 de octubre de 1980.</p><p>“Fírmase paz con Honduras” fue el titular de portada de LA PRENSA GRÁFICA el 31 de octubre. En la foto, el entonces canciller salvadoreño, Fidel Chávez Mena, se abraza con su colega hondureño, el coronel César Elvir Sierra, en el Palacio de Gobierno de Lima.</p><p>El artículo 34 del tratado ordenaba a la Comisión Mixta de Límites trabajar en la delimitación de la frontera común en un período de cinco años.</p><p>Agotado ese plazo, el proceso pasaría a la Corte Internacional de Justicia.</p><p>El 24 de mayo de 1986, durante una reunión de presidentes de Centroamérica en Esquipulas, Guatemala, se firma la petición a la CIJ para que dirimiera el conflicto limítrofe en seis sectores: Tecpanguisir, Cayaguanca, Arcatao o Zasalapa, Monteca o Polorós, Sabanetas o Nahuaterique y la desembocadura del río Goascorán.</p><p>La CIJ tardó casi un año en responder que aceptaba conocer el caso. La respuesta desde La Haya llegó el 8 de mayo de 1987.</p><p>3. Los primeros 10 años</p><p>En enero de 2002, el Gobierno de El Salvador sorprendió al asegurar que valoraba dos opciones para que la Corte de La Haya revisara el fallo que casi 10 años antes había pronunciado.</p><p>Una era hacer uso de la solicitud de revisión y otra demostrar la existencia de un “hecho nuevo”, que en realidad podía ser algo que no se presentó en el juicio debido a que se desconocía su existencia.</p><p>“No sé si el término correcto es (pedir) una apelación, pero en el fondo es (buscar) perfeccionar el mandato de la Corte (de La Haya) y El Salvador probablemente va a utilizar ese recurso, se está preparando para ello”, aseguró el entonces presidente salvadoreño Francisco Flores.</p><p>La respuesta no se hizo esperar desde el lado hondureño y el Gobierno del vecino país denunció ante Naciones Unidas a El Salvador por incumplimiento de la sentencia sobre demarcación.</p><p>Pocos días antes de que se cumplieran los 10 años del fallo, El Salvador oficializó que iba a interponer el recurso de revisión. Se argumentó que la frontera natural en el cauce del río Goascorán (parte de uno de los exbolsones que fueron entregados totalmente a Honduras) era diferente en 1821 (fecha de la Independencia de España) a la actual.</p><p>“Debe ser un recurso extraordinario y tiene que estar fundamentado en un hecho nuevo que no haya sido alegado en juicio. Es una cuestión sumamente difícil en derecho internacional”, confió Guillermo Pérez-Cadalso, canciller hondureño en esa fecha.</p><p>El 10 de septiembre, un día antes de que se cumplieran los 10 años dados por la Corte, El Salvador presentó sus argumentos para que el máximo tribunal evaluara evidencias que se consideró no existían en el proceso que culminó en 1992.</p><p>La base era un mapa atribuido a la tripulación del bergantín encontrado en una biblioteca de Chicago, Illinois, Estados Unidos, que muestra variaciones con respecto a los mapas que sustentaron la sentencia de 1992 en el sector del Goascorán.</p><p>Según las investigaciones, que tardaron cerca de dos años, el afluente cambió su curso entre el 10 y el 12 de octubre de 1762, cuando en Centroamérica hubo un temporal, conocido también como el “diluvio de San Dionisio”.</p><p>En ese exbolsón se incluye a la isla Conejo, que El Salvador reclamó como suya.</p><p>Los medios de comunicación en ambos países dedicaron amplios espacios al tema, especialmente en Honduras, donde los temas limítrofes exacerban el nacionalismo tanto como cuando juega la selección de fútbol.</p><p>Pérez-Cadalso brindó, en una entrevista en Nueva York con LA PRENSA GRÁFICA, sus ideas sobre el manejo mediático: “Es increíble el rol que los medios de comunicación juegan en un proceso de acercamiento o distanciamiento entre pueblos. Es muy fácil para ellos hermanar, distanciar o hacer que peleen naciones y pueblos. Y en este caso me parece que ha habido un tono muy elevado y hasta distorsionante de parte de algunos medios que han alejado la percepción de lo que siento yo que es la realidad y de lo que vemos como futuro de Centroamérica”.</p><p>La respuesta de la CIJ llegó más de un año después, en diciembre de 2003. Un par de días antes de conocerse, ya El Salvador auguraba que no sería muy favorable, pues la entonces canciller, María Eugenia Brizuela de Ávila, dijo: “Nos sentimos escépticos”.</p><p>Y los augurios se cumplieron. El 18 de diciembre de 2003 la sala especial formada por la CIJ para conocer el recurso declaró “insignificantes” los hechos nuevos presentados por El Salvador, reiterando que durante un siglo estuvo conforme con la delimitación en el exbolsón de Goascorán.</p><p>Brizuela de Ávila, ahora alta ejecutiva en un banco internacional con presencia en el país, declinó una solicitud de entrevista para hablar sobre el tema.</p><p>De esa forma, jurídicamente el fallo de 1992 quedó firme, al haberse agotado la pequeña ventana dada por este.</p><p>4. Lo que queda pendiente. El aire acondicionado en la oficina de Everardo Chicas, director general de Soberanía e Integridad Territorial en el Ministerio de Relaciones Exteriores, trabaja intensamente mientras él hace un repaso de la labor de la actual administración por llevar beneficios a los pobladores salvadoreños y hondureños afectados por la sentencia de hace 20 años.</p><p>“Hemos priorizado puntos: salud, educación, obras viales y todos aquellos beneficios que reciben los ciudadanos en nuestro país; a pesar de que ellos están más allá de la línea de frontera, están siendo sujetos del subsidio del gas, en la mayor parte de sectores, paquetes agrícolas y paquetes escolares, con el tema de útiles en un primer momento”, dijo.</p><p>Otro punto importante, añadió, es la documentación con cédulas de identidad hondureña o Documento Único de Identidad (DUI), tomando en cuenta que la Convención sobre Nacionalidad y Derechos Adquiridos reconoce la doble nacionalidad.</p><p>En noviembre de 2011 se entregaron más de 400 tarjetas de identidad hondureña en Nahuaterique, acto al que asistió el canciller salvadoreño, Hugo Martínez, y su entonces colega hondureño, JorgeCanahuati.</p><p>Luego hubo una entrega de DUI a pobladores hondureños que viven en el lado salvadoreño, específicamente en Carolina, San Miguel.</p><p>Lo mismo ocurre con la propiedad, posesión o tenencia de la tierra. Chicas enumera que el actual gobierno salvadoreño y su par hondureño han entregado títulos de propiedad.</p><p>En cuanto a la demarcación de la línea fronteriza, que mide 374.5 kilómetros, el funcionario salvadoreño asegura que el 95% está concluido.</p><p>“Es un 5% (pendiente) de la sección sexta entre Nahuaterique y Monteca, queda por concluir el trabajo de campo, luego nos retiramos ya a realizar el trabajo de gabinete, donde viene la elaboración de los mapas; el tema tiene un camino recorrido y resultados muy concretos”, vaticina.</p><p>Aclara que la movilización de las brigadas de campo es un tema logístico difícil de coordinar, debido a que involucra a diversas instituciones, así como los costos que implica para cada país.&nbsp;</p><p>Chicas, volviendo al tema humano, dice que en el caso de los ciudadanos que quedaron del lado salvadoreño, aunque mantienen su identificación con Honduras, “se sienten acogidos por este país y sienten que se les están resolviendo, en la medida de las posibilidades, sus demandas”.</p><p>Para ir resolviendo todo lo que significa llevar adelante la agenda, se reúne con su par hondureño trimestralmente, aunque también se producen reuniones en los territorios cuando la situación lo amerita.</p><p>“Tenemos que hablar con nuestra gente, escuchar a los pobladores y estar en contacto con ellos, no es tan de rigor cada cuánto tiempo (se reúnen), pero sí tenemos una calendarización”, responde. </p><p>—¿Cuáles son las cosas que a su juicio quedan pendientes?&nbsp;</p><p>—Conociendo las interioridades de cada sector y en especial de toda la línea de frontera, creo que las necesidades nunca van a estar satisfechas como quisiéramos. Reconocemos los avances que hemos tenidos, estamos empeñados en que se profundicen y más que los avances, que tengamos continuidad en una línea de trabajo establecida. A nivel humano yo creería que es la legalización de los inmuebles en ambos lados, es una de las cosas más sentidas y para ir avanzando concretamente pongo de ejemplo un tema que estamos impulsando, donde esperamos a diciembre de este año estar entregando 400 títulos de propiedad a personas que son hondureñas pero que residen en territorio salvadoreño. En otros sectores, como la parte que conecta Arcatao con Zasalapa, hay carencias de infraestructura, específicamente un puente que facilitaría a niños trasladarse a escuelas o los enfermos a centros de salud de la zona –sostiene. Y luego recuerda: “La convención (de derechos adquiridos) nos obliga a ambos Estados a intervenir para resolver los problemas de los pobladores”.</p><p>—Ustedes que recorren las zonas, en el caso específico de los salvadoreños, ¿cómo 20 años después han ido superando ese golpe psicológico de un fallo que los hace amanecer viviendo en Honduras?</p><p>—Los pobladores han acuñado un término interesante: “A nosotros nadie nos consultó”, dicen ellos, “anochecimos en un país y resulta que al siguiente día amanecimos en un país distinto”. Con el paso del tiempo, yo me atrevería a decir que los salvadoreños se siguen sintiendo tan salvadoreños como al momento de su nacimiento, pero son respetuosos de la normativa del país en el cual viven.</p><p>En el caso de los hondureños viviendo en El Salvador, siguen teniendo mucho vínculo con el otro lado. “Recordemos que en la línea de frontera lo que nos divide es una línea imaginaria que está solo provista por ciertos monumentos, pero de un lado a otro hay parentescos, o afinidades, o relaciones de mucho tipo”, explica.</p><p>El reto ahora también es llevar a esas zonas proyectos que permitan elevar la calidad de vida de quienes viven en la frontera, sentencia.</p><p>Acerca de temas más político-diplomáticos, como el reclamo hondureño de una salida al Pacífico, Chicas cree que “las diferencias son menores a las coincidencias y a los avances tenidos”.</p><p>&nbsp;</p>

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