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El rumbo

¿Dónde está el plan estratégico de El Salvador? No un plan de gobierno, esos si acaso duran cinco años y están llenos de politiquería y un par de fotos simpáticas. Antes que un plan de gobierno, el país necesita una planificación estratégica urgente.
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¿Hacia dónde va El Salvador? ¿Cuál es la visión de país? ¿Cuáles son sus objetivos estratégicos al corto, mediano y largo plazo? ¿Cuáles son sus ventajas competitivas ante otros países de la región? ¿Sus factores clave de éxito? ¿A dónde queremos llegar? ¿Cómo lo vamos a lograr?

Para cualquier organización –sea esta una empresa, una ONG, una fundación, etcétera– la etapa de la planificación estratégica es crucial, crítica, trascendental y obligatoria. Es aquí donde se define el porqué, el para qué y el cómo de la organización. Es una introspección que permite planificar los movimientos hacia el futuro y la guía que debe seguirse para alcanzar sus grandes objetivos, sin importar quién sea el ejecutor de estas.

Un país es también una organización muy compleja. Como tal, requiere de una planificación estratégica, de un plan país, un mapa, visión y objetivos macro que sean la guía para sus gobernantes –que son transitorios– sobre el rumbo por el cual debe llevar a la nación.

¿Dónde está el plan estratégico de El Salvador? No un plan de gobierno, esos si acaso duran cinco años y están llenos de politiquería y un par de fotos simpáticas.

Antes que un plan de gobierno, el país necesita una planificación estratégica urgente. El país necesita una guía estable y una visión consensuada hacia la cual dirigirnos. Hemos pasado viajando a la deriva durante suficiente tiempo y los tripulantes estamos cansados, agobiados, sobreviviendo el día a día sin siquiera tener certeza sobre la garantía de la seguridad y la vida. Por eso mismo es difícil pensar hacia dónde vamos, cuando la principal preocupación es la supervivencia diaria.

Cuando estamos a mitad de un período de gobierno es importante preguntarse, consultar y exigir ese plan estratégico, un plan de país, objetivos macro, visión hacia el futuro. Y con esto no me refiero a olvidarnos de los serios problemas que urgen de soluciones inmediatas, sino a no seguir aplazando lo importante por lo urgente.

Es cierto, los salvadoreños no nos caracterizamos por ser los más previsores. Dejamos todo para última hora, llegamos tarde y eso de la planificación como que no lo tenemos en la sangre. Incluso hay teorías que sugieren que la sensación de estabilidad y comodidad que el clima nos garantiza influye en muchas de nuestras actitudes y estructuras de pensamiento que, a largo plazo, son poco convenientes.

Esta especie de estabilidad climatológica reduce nuestra capacidad de planificación, en comparación a los habitantes de países con inviernos crudos y veranos extremos que los obligan a cambiar año con año sus metodologías de transporte, vestuario, comida, etcétera. Es decir, planificar para el futuro.

Es momento para que los salvadoreños también empecemos a planificar para el futuro y no permitamos que el país se siga moviendo de acuerdo con planes de gobierno populistas y cortoplacistas. Por tanto, el llamado es a aquellos hacedores de políticas públicas, al Órgano Ejecutivo, a los tanques de pensamiento y a aquellas organizaciones que buscan desarrollo real para El Salvador, para diseñar un plan estratégico de nación que defina la visión, el rumbo y los objetivos macro a alcanzar sin politiquería, populismo, ni polarización de por medio.

Nuestro país tiene muchísima riqueza natural y humana, está ubicado en una posición envidiable y cuenta con importantes aliados internacionales. ¿Podremos ponernos de acuerdo, planificar?

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