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El show de Donald Trump

Donald Trump fue construyendo su camino hacia la política sin que muchos nos diéramos cuenta: apareciendo de manera sistemática, pero divertida y casual en el mismísimo corazón del entretenimiento estadounidense.
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Marshall McLuhan era un profesor de literatura en Canadá, un incomprendido académico, profeta de las comunicaciones y visionario de la digitalización de los medios, que cada día que pasa se vuelve más actual. En el peak de su carrera, durante los años sesenta, acuñó frases como “el medio es el mensaje” e incluso apareció en una película de Woody Allen.

McLuhan, cuyos discípulos eran llamados McLunáticos –porque nadie daba crédito a las teorías del canadiense– también habló sobre el concepto de aldea global. Decía que los medios nos permitirían interactuar de forma tan inmediata y conectada con sucesos que ocurrían en otras partes del planeta que parecería que el mundo era una aldea y, por tanto, estaríamos enterados de lo que pasaba en cualquier sitio como si estuviera pasando frente a nuestros ojos. Como lo que pasa ahora con el presidente Trump.

En sus clases, discursos y entrevistas que, en aquellos años, resultaban absurdas y eran ridiculizadas, habló sobre el futuro del espionaje, de la política, de la globalización, de la era digital y, entre otras muchas cosas, nos permitió prever que la interacción de la política con los medios obligaría a los políticos a convertirse en personajes mediáticos para gozar de aceptación popular. Esto desdibujaría la diferencia entre políticos y entretenimiento.

Las redes sociales agregan un componente a esta teoría, brindan la ilusión de cercanía y acceso a figuras que siempre han sido consideradas como inalcanzables y poderosas. En teoría, detrás de una cuenta de Twitter se encuentra el mismísimo presidente de Estados Unidos (@POTUS).

Donald Trump fue construyendo su camino hacia la política sin que muchos nos diéramos cuenta: apareciendo de manera sistemática, pero divertida y casual en el mismísimo corazón del entretenimiento estadounidense. Desde “Los Simpson”, pasando por “Mi pobre angelito” y con su una vez exitoso “reality ‘El aprendiz’” nos hizo pensar que lo conocíamos, que era inofensivo, que simplemente era parte del mundo del entretenimiento.

Para todos es evidente que EUA tiene cierta fascinación por el “show business” y, al respecto, ya otro crítico de los medios, Niel Postman, había advertido sobre la amenaza de “Divertirse hasta morir”, un libro en el que analiza los cambios en el discurso público provocados por la televisión, medio en el que predomina la cultura de la imagen frente a las ideas, es decir, donde el discurso público toma la forma del espectáculo. Un espectáculo donde la imagen resta importancia a la ideología y busca entretener como principal valor comunicativo.

Cualquier político hábil, reconoce y utiliza esto a su favor. Obama lo hizo. Donald Trump también. El peligro es que ahora, instalado en el poder, el polémico presidente estadounidense está transformando el show en una película de miedo, gobernando a punta de órdenes ejecutivas, prohibiendo la entrada de ciertos medios de comunicación a sus conferencias de prensa, cerrando sus puertas para personas de algunas nacionalidades, amenazando con muros y demás.

Esto nos deja claro que hay ciertas libertades y derechos que uno da por sentado –principalmente en países con tradiciones democráticas y libres– que en realidad pueden ser frágiles. Aquí es importante contar con la confianza en las instituciones, pero también en el ojo vigilante de los ciudadanos americanos que aún defienden la diversidad, la libertad y el Estado de Derecho.

Y que este solo sea un corto episodio de un mal show: el show de Donald Trump.

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