El signo de los cambios

El Partido Comunista Salvadoreño, refundado en 2005, se ha relanzado como una alternativa de izquierda al FMLN en El Salvador, en una inédita suma de esfuerzos con el Movimiento Nuevo País. Su aparición coincide con un momento de desgaste del partido en el Gobierno, a base de casos de corrupción y la dificultad para resolver los problemas del país. El fenómeno se repite en el resto de gobiernos de ese lado del espectro político en América Latina.
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“Mientras digo estas palabras, un hermoso jardín de flores rojas se abre en América del Sur”, enunció en 2004 el dirigente efemelenista Schafik Hándal en un discurso transmitido por radio Maya Visión: varios países de esa parte del continente habían optado por elegir gobiernos de izquierda tras varias décadas de hegemonía de la derecha. Un horizonte de esperanza se abría para quienes simpatizaban con ese lado del espectro político, sobre todo para aquellos de las clases más populares. Hándal, fallecido a inicios de 2006, no vería con sus propios ojos la victoria electoral de su partido, en 2009, que entronizó a Mauricio Funes como el primer presidente de izquierda en El Salvador.

En ese entonces, el FMLN era visto como el gran representante de este lado del espectro político y, según notas aparecidas en la época, la presencia de un nuevo partido de izquierda sonaba a redundeo. Fue el caso del Partido Comunista, que pasó sin mucho ruido desde su fundación, en 2005, hasta hoy, cuando militantes del partido de Gobierno lo ven como una posible nueva opción.  

Doce años después de las palabras de Schafik, la izquierda en América Latina está en crisis. Grandes márgenes de las poblaciones de países como Brasil, Argentina e incluso Venezuela han comenzado a perder la esperanza  en los Gobiernos que eligieron por diferentes motivos: altos niveles de corrupción y la incapacidad para enfrentar los problemas que azotan al país.

El Salvador fue uno de los últimos en sumarse a la tendencia de izquierda. Sin embargo, ya acusa síntomas de desgaste. Es un hecho que la identificación ideológica con el partido tuvo una disminución desde la primera victoria presidencial hasta la segunda. En 2009, según la encuesta de LPG Datos, la unidad de investigación social de LA PRENSA GRÁFICA, la simpatía partidaria con el ahora partido de Gobierno era de 39.2 %. Para enero de 2014 esta había bajado al 31.9 %.

Eso contrasta con el principal partido de derecha, ARENA, que aumentó del 22 % a un 30.1 % en el mismo período. En agosto de 2015, el último mes cubierto por LPG Datos, ambos partidos presentan cifras casi idénticas: 23.3 % para el FMLN y 23.1 % para su rival.

El apoyo al FMLN pudo verse mermado por los casos de corrupción que han surgido desde el mandato de Mauricio Funes. Conflictos de intereses entre el exmandatario y el empresario Miguel Meléndez, quien se vio beneficiado por contratos con el Estado y su empresa COSASE por más de $22 millones. Funes siempre aceptó que era su amigo e incluso se subió varias veces a sus aviones privados en viajes no oficiales. El expresidente enfrenta un juicio por enriquecimiento ilícito junto a su exesposa Vanda Pignato y su hijo Diego por no poder justificar $728,000 en su patrimonio.

Otros casos de corrupción son los representados por los nombres relacionados con ALBA Petróleos, especialmente el de la persona a la que llevan todos los caminos de la compañía: José Luis Merino, quien se presenta como un asesor de la empresa semipública, pero es quien, en la práctica, ha logrado colocar a personas cercanas a él en el flujo del dinero, proveniente de Venezuela.

También es, según miembros de diferentes niveles  en el partido, uno de los tres hombres fuertes del instituto, junto al presidente Salvador Sánchez Cerén y su secretario general, Medardo González. Incluso algunos lo ponen por encima de los otros dos, al representar el brazo económico de la entidad.   

El último escándalo lo representó un reportaje realizado por el periódico digital El Faro, que demuestra que la empresa utilizó ocho compañías “offshore” en Panamá para sacar de El Salvador más de $290 millones hacia ese país, donde no tendrían que pagar ningún impuesto. La cifra palidece frente a los $10 millones que la empresa ha invertido en proyectos sociales, una de sus principales cartas de presentación. Sigfrido Reyes y las oscuras compras de terrenos de su compañía TERREIN o el vínculo del vicepresidente Óscar Ortiz con Adán Salazar, un hombre al que Estados Unidos ha incluido en su lista de “relevantes traficantes de drogas extranjeros”, abonan a la ecuación.

El otro gran lastre del gobierno efemelenista es el problema de la seguridad. En una materia tan compleja como la violencia, las causas son innumerables. Pero algo que abonó a la situación fue la implementación de la tregua entre pandillas, que nunca gozó del favor popular: 55.2 % de la población, según una encuesta de LPG Datos, la veía con opinión negativa en marzo de 2013, cuando tenía su mejor salud. Algunos especialistas en el país afirman que la implementación de una estrategia “manodurista”, que privilegiaba la represión sobre otras aristas, inmediatamente después de la tregua contribuyó en gran medida a que El Salvador cerrara 2015 como el país más violento del mundo, con una tasa de asesinatos de 1 por cada 1,000 habitantes. El Gobierno le ha apostado, desde que comenzó 2016, a una mayor intensificación de la represión, en la que hay vislumbres de ejecuciones extrajudiciales, no solo por parte de miembros de las autoridades de seguridad.
 
Ambas situaciones han desencantado a parte de su militancia, que vive entre la desilusión y la búsqueda de nuevos referentes de izquierda en el país, como el Partido Comunista.  


***

Tras su disolución en 1995,  un grupo de exmiembros del Partido Comunista decidió relanzarlo en 2005, casi en la clandestinidad, a través del Movimiento de Unidad Revolucionaria. En un reportaje aparecido en la revista Enfoques de LA PRENSA GRÁFICA en julio de 2006 titulado “Revive el extinto PCS”, se describen los esfuerzos por contactar con sus protagonistas. Terminaron en el silencio. Incluso su secretario general, Juan Antonio González, negó estar vinculado al esfuerzo. “No, no sé nada. Nada”, dijo.


Histórico.  Imagen de Miguel Mármol, uno de los fundadores del Partido Comunista, en 1993. El político aprobó la disolución del partido dos años después.

Sus intenciones, ahora, son aglutinar a todas aquellas personas de izquierda que ya no se sienten representadas en el FMLN. En aras de corregir errores pasados, esta vez, según González, esperan poder ser más flexibles y superar ese sentimiento de clandestinidad heredado de un pasado de persecución.

Por eso firmaron un convenio de colaboración y unidad con el Movimiento Nuevo País, en un evento realizado el 27 de diciembre de 2015 en Guazapa. El ideario del segundo consiste en realizar la mayor cantidad de alianzas posibles, las que les convengan. Y no renuncian, según manifestará en unos días uno de sus líderes, Dagoberto Gutiérrez, a sumarse a un proceso electoral. Aunque ya saben lo complicado que es, dada la experiencia de las elecciones presidenciales de 2014, donde sus intentos por convertirse en un partido político se esfumaron.

Por las firmas.  En 2012, el Movimiento Nuevo País emprendió la tarea de convertirse en un partido político para las elecciones de 2014. No pasó de un intento.

“Es que ahora los partidos se han convertido en empresas. Aquí no podés hacer nada si no tenés un factor esencial: el dinero. Eso es lo que nosotros no tuvimos entonces y lo que todavía no tenemos”, dirá Dagoberto. Esa necesidad los enfrenta a un dilema: solo transformándose en lo que critican podrían soñar con acceder a una contienda electoral. Hay empresarios interesados en apoyarlos, aunque Gutiérrez no dirá sus nombres.

El fenómeno de la crisis  de las izquierdas en Latinoamérica puede comprobarse con más claridad en Venezuela. En total, el 55.9 % de los encuestados por Venebarómetro, empresa de investigación social en el país suramericano, se declaraba chavista en marzo de 2013, mes en el que murió el entonces presidente Hugo Chávez. Tres años después, la situación cambió radicalmente. Para febrero de 2016, 29.8 % de los interrogados por la misma firma se mostraron inclinados hacia el oficialismo: una caída de 26.1 puntos. Casi uno de cada dos simpatizantes habían dejado de serlo.

Además de la muerte del líder carismático, existen varias razones que explican el debilitamiento del movimiento chavista, que hasta 2015 solo había perdido una elección en 16 años. Las causas más importantes también pueden ser evidenciadas por otras caídas porcentuales abruptas.

En 2013 el precio del barril de petróleo de la OPEP promedió $110.3. Esa fue la cola de un alza sostenida de los precios que le permitió a Chávez no solo financiar un modelo de gobierno clientelar –que llamó socialismo del siglo XXI–, sino también exportarlo a la región a través del intercambio de petróleo barato por comida o servicios, siendo Cuba y las islas del Caribe los principales beneficiarios de la petrochequera venezolana.

Venezuela. Una mujer, miembro de la oposición venezolana, camina por las calles de Caracas. En el mismo espacio había una protesta aliada al oficialismo.


La muerte de Chávez coincidió con un desplome de los precios del petróleo de 76 %, hasta ubicarse en el costo promedio actual de $26.5. Eso influyó en el gasto público real del gobierno chavista, el cual descendió 44 % en el mismo período hasta llegar a niveles similares a los existentes antes de que asumiera la presidencia.

La actual caída del barril del petróleo ha reducido también el flujo de dólares que entran al país, contrayendo la capacidad del Estado para importar productos terminados que satisfagan las necesidades de los ciudadanos. Esto ha derivado en una aguda escasez porque la producción nacional está debilitada por el propio modelo chavista, que impuso férreos controles a la economía y desde 2005 cometió más de 2,740 violaciones a la propiedad privada, según el Observatorio de la Propiedad.

A esto se une que Venezuela presenta actualmente la inflación más alta del mundo: en 2014 cerró en un 68.5 % y en 2015 llegó a 180.9 %.

No es de extrañar, entonces, que el año pasado la mayoría de los venezolanos empezaron a identificar la economía como el principal problema del país. Esto colaboró con el triunfo de la oposición en los comicios parlamentarios de diciembre, en los que ganó en 20 circuitos electorales en los que históricamente perdía por más de 10 puntos y obtuvo la mayoría calificada de dos tercios de la Asamblea Nacional.

Incluso el máximo modelo ideológico de la izquierda en América Latina, el de Cuba, ha dado vislumbres de comenzar a ceder. Por lo menos sus relaciones con su principal enemigo, Estados Unidos, se han comenzado a descongelar, con la apertura de embajadas de ambas naciones. Barack Obama visitó la isla el 21 de marzo como el más contundente apretón de manos entre ambos gobiernos.

Sin embargo, todavía hay grandes deudas: el levantamiento del bloqueo económico a Cuba por parte de la nación norteamericana y un mayor compromiso en el respeto a los derechos humanos de los disidentes por parte de los funcionarios caribeños. El futuro, sin embargo, ya es otro, y muchos empresarios, especialmente del ramo turístico, están viendo a la isla como un potencial destino de sus inversiones.

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“Donde haya conflicto,  allá debemos estar”, dice Mario Cruz, miembro del Partido Comunista Salvadoreño, en la estrecha oficina del instituto donde se desempeña como director. Es un hombre de mediana estatura, de sonrisa fácil. De todos los miembros de la entidad de izquierda, es el que parece más dispuesto a hablar.

Y sus palabras se refieren a la que han definido como la mayor misión del partido: apoyar a cuanta causa social se presente en el camino. Por el momento, apoyan a un puñado de ADESCO desperdigadas a lo ancho del país, a tres sindicatos de profesores (Brigadas Magisteriales y el que corresponde a los docentes del ISNA y centros penales), pequeñas organizaciones de conservación ambiental, de derechos humanos y un largo etcétera.  

Es difícil saber en qué, a ciencia cierta, creen sus miembros: sus estatutos, conformados por 72 puntos, aparte de ese apoyo a las causas sociales, todavía reflejan una retórica de combate, de acabar con las desigualdades y con el sistema que rige el país, que, se entiende, es el de partidos políticos. Algo que no parece cuajar con la realidad del país después de los Acuerdos de Paz.

Miembro.  Mario Cruz (primero a la derecha) formó parte de Bases Magisteriales y es parte del PCS desde su refundación. (Fe de errata: en la edición impresa de esta revista, el pie correspondiente dice que Mario Cruz es "el primero a la izquierda").

En un mundo donde hasta Cuba ha normalizado sus relaciones con Estados Unidos, Cruz justifica su iniciativa con la lealtad a una idea: “Creímos en esto cuando éramos jóvenes y muchos murieron por creer. Mientras nos quede vida, trataremos de seguir apoyando la carrera de lo popular. Y para existir en ello, no hace falta ser poderosos, sino constantes y honestos”.

En el partido, dice Cruz, se está implementando un sistema de militancia laxo, donde cualquiera puede entrar y salir cuando le plazca. Según los estatutos, cada miembro debe aportar de su bolsillo un máximo del 2 % de sus ingresos.  

En la actualidad, su base supera a los 500 miembros. Algunos provienen de los comités de base del FMLN, quienes han buscado una alternativa al FMLN en la izquierda. Sin embargo, el Partido Comunista también ha admitido a personas que todavía forman parte del partido de Gobierno, lo que se vio ejemplificado en el acto del 3 de abril, donde varios se acercaron portando su chaleco del FMLN.

El partido comunista adolece, todavía, de clandestinidad. A casi nadie le gusta acercarse a un periodista para expresar su punto de vista. Su decisión de permanecer en las sombras contrasta, incluso, con el apoyo de dos funcionarios del FMLN, que prefirieron no revelar su nombre para no tener represalias. De nuevo en su oficina, Cruz acepta este problema, uno que, dice, tratará de ir solucionando con el tiempo, en la medida en que puedan convertirse en la nueva opción de “izquierda verdadera en el país”.

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Esta mañana Rutilio ha vestido  su camisa roja para llenar los tanques de los automóviles. Lo ha hecho, como cada día, con diligencia. Así también ha limpiado los cristales de los parabrisas. Tiene más de 50 años y gana salario mínimo para el rubro de servicios ($251.70) en una sucursal de ALBA Petróleos.

Tiene 50 años y una lesión en la pierna provocada por una bala que recibió en el conflicto armado, cuando era parte de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Las anécdotas de esos días se le escaparán a borbollones más tarde, cuando se dé tiempo para conversar luego de salir del trabajo.

La fe en el FMLN, que lo hizo hasta estar dispuesto a dar la vida en el conflicto armado, continuó hasta ser parte del batallón de personas que fabricaron la primera victoria electoral de la izquierda en presidenciales, cuando Mauricio Funes ganó. Sudó, dice, la camisa como parte del comité de base de su comunidad, ubicada en un cantón del departamento de San Salvador, durante la campaña del entonces futuro gobernante, dándole a su sueño todo el tiempo libre que le quedaba. Madrugadas pegando afiches en las calles, fines de semana preparando la llegada del alcalde o de un diputado o cualquier otro funcionario a su comunidad.

A mediados de 2012 se quedó sin empleo y nadie le dio una oportunidad. Buscó apoyo en el partido y las puertas se le cerraron. Su llegada a ALBA Petróleos, un año después, no tuvo que ver con el partido. Fue más  un favor de un compañero de armas, del FMLN guerrillero. Con el FMLN político acumulaba ya varios roces. El principal: la cuota que, según los estatutos del partido, un militante debe dar de su bolsillo, frente a funcionarios con sueldos de miles de dólares. Pero la fe continuaba ahí.

La desilusión lo venció en 2016, cuando vio que al presidente para el que había dado tantas horas de su tiempo, para el que había sacrificado horas de sueños y al que oyó decir, al verse victorioso, “este es el día más feliz de mi vida” era enviado a juicio por enriquecimiento ilícito y que había indicios “del lujo con el que ahora rodea su vida”. José Luis Merino o Sigfrido Reyes son otros dos de los nombres en los que Rutilio basa su desilusión, “aquellos que se terminaron convirtiendo” en lo que él combatía.  

A diferencia de Rutilio, José Meléndez todavía es miembro de un comité de base del FMLN. Y al igual que Rutilio, sudó la roja camiseta en las elecciones que coronaron como presidente del país a Mauricio Funes en 2009. Su relación con los movimientos de izquierda tiene una larga data. Esta comenzó con dolor.

Militante.  José Meléndez es parte de un comité de base del FMLN. Todavía sigue los colores del partido, pero reconoce que existen muchas fallas en algunos personajes de su cúpula.


En 1982, un comando de la Policía Nacional lo capturó junto a otros cinco muchachos. Tenía 16 años y jura que no sabía nada de grupos guerrilleros. Trece días de la rutina de tortura de entonces (choques eléctricos, ejercicio físico hasta el agotamiento, tortura psicológica) y casi un año en la cárcel lo invitaron a unirse a la guerrilla. No estuvo en ninguno de los brazos armados, pero sí en labores políticas, de propaganda. También se unió a COPPES, organización que aglutinaba a los presos políticos.

Ya firmados los Acuerdos de Paz, continuó cerca al partido, pero no hubo una efervescencia como la que se levantó en 2009, cuando, dice José, “se movió todo el país”. Para el efemelenista el objetivo se cumplió: sacar a ARENA del poder. Para ello, incluso se prestó para salir en uno de tantos anuncios de la campaña, los enmarcados en el título “Desde acá”. El spot, sin embargo, nunca salió al aire.

Tras casi siete años de gobierno de izquierda en El Salvador, su trabajo en el comité de base El Roble, en San Antonio Abad, continúa. Comenta que no es pecado que los funcionarios del partido en el Gobierno ganen más que ellos, los de abajo, pues lo natural en una organización es que “existan jerarquías”. Matiza, sin embargo, el hecho de que existen “buenos y malos miembros” y afirma que es necesario quitar la “basura de la mesa”. En su opinión, el pecado no es del partido.  

José conoce algo de los movimientos alternativos de izquierda que mueven sus filas en la actualidad. Pero tiene sus reparos a incorporarse, pues descree de las ventajas de sumarse a una entidad que “todavía no cuaja” y dejar a una a la que le ha dedicado la mayor parte de su vida.

“Pero si las cosas no cambian, si los malos elementos que contaminan esto que hemos construido entre tantos no son retirados, entonces creo que el movimiento de Dagoberto o el Partido Comunista suenan como una buena opción. Por el momento, es mejor estar dentro para generar un cambio en el partido”, dice José.

***

Otros dos países  en los que se vive un clima de desilusión frente a los partidos que tradicionalmente representan la izquierda son Brasil y Argentina. En el primero, su presidenta, Dilma Rousseff, miembro del Partido de los Trabajadores, está al borde de enfrentar un juicio por corrupción; en Argentina, un candidato de ideas de derecha derrotó al kirchnerismo.

A diferencia de su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, quien también enfrentó un gran escándalo de corrupción cuando era presidente, llamado “mensalão” en 2005, Dilma es criticada por su poca capacidad de negociación. Su desgaste se ve agravado por el escenario de recesión económica y ajuste fiscal. Pesa sobre ella el cargo de promover la maniobra de pedaleo de impuestos para aliviar las cuentas públicas a partir del retraso de las transferencias a los bancos públicos y privados que financiaron programas sociales. Esto resultó en el proceso de impugnación que se ha abierto en la cámara.


Brasil.  El destino de Dilma Rousseff y un posible juicio político por actos de corrupción se definen este domingo.


La presidenta sostiene que esas maniobras no son suficientes para constituir un juicio político y que otros presidentes y gobernadores han utilizado la misma estrategia.
Para el profesor de Ética y Filosofía de UNICAMP Roberto Romano, el PT enfrenta una crisis de falta de credibilidad. Antes comprometido con la moral en la política, ahora el partido está acusado de prácticas corruptas, justificadas por la gobernabilidad, y de alejarse de la militancia. La asociación con “oligarquías corruptas” de la vieja política desentonan del discurso de renovación que ha estado presente en su trayectoria, en especial la de su oposición al gobierno de Fernando Collor de Melo.

“El PT tomó la bandera de la ética como si se tratara de su propiedad. La consigna que corrió la militancia era ‘PT es ético y los otros partidos son harina del mismo saco’. Resulta que el partido fue conquistando municipios, gobernaciones, asientos en el parlamento. Cuando se convirtió en presidente, Lula enfrentó el eterno problema del presidencialismo, la base aliada. ¿Cómo mantener el apoyo? El mismo problema de los ‘tucanes’ en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso”, dice Roberto Romano.

En este contexto de conflagración política y dificultades económicas, incluso algunos de los logros sociales de los gobiernos del PT se encuentran en riesgo. Durante la última década, Brasil ha reducido considerablemente las desigualdades. El índice de Gini, que mide la concentración del ingreso, disminuyó en un 10.09 %, pasando de 0.545 en 2004, al inicio del gobierno de Lula, a 0.489 en 2014, al final del primer mandato de Dilma. Los programas sociales como Bolsa Familia son señalados por los organismos internacionales, como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), como responsable de los cambios que se han convertido en el principal legado de PT.

Doce años después del ascenso del modelo PT de reducción de la pobreza, al menos 10 programas han tenido ya recortes financieros. Una de las vitrinas de la presidenta, la Farmacia Popular, que ofrece subsidios para la compra de medicamentos que se venden en la red privada, tuvo una reducción de $166 millones en su presupuesto de este año. Entre los votantes que eligieron en 2014 a la candidata que prometió mantener estos logros, el clima es de decepción. Ellos se enfrentaron con una presidenta que, en la práctica, tomó otro camino. Las encuestas de opinión explican esta decepción y, según el Instituto Datafolha, el 68 % de la población apoya la impugnación de la presidenta.

En Argentina, por otro lado, la imagen de Cristina de Kirchner, la última presidenta de izquierda de la nación suramericana, está en caída. Según una encuesta de Poliarquía que publicó La Nación el 19 de marzo, tiene un 48 % de imagen negativa. “El ‘cristinismo’ ha perdido apoyo desde que perdió las elecciones. La imagen positiva de la expresidenta se redujo en más de 12 puntos”, señaló Alejandro Catterberg, director de Poliarquía. El 69 % de la población respalda a Mauricio Macri. Sin embargo, su imagen podría caer ante el escándalo de los “papeles de Panamá”, en el que está implicado.


Argentina. La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner saluda a sus seguidores tras declarar en los tribunales en Buenos Aires.

El kirchnerismo, por otro lado, tiene complicaciones judiciales. El juez Claudio Bonadio citó a declaración indagatoria a la expresidenta por la venta de dólares a futuro que hizo el Banco Central, en términos perjudiciales para el Estado. Y a dos empresarios kirchneristas, Lázaro Báez y Cristóbal López, se les acusa de lavado de dinero y evasión impositiva.

En el mapa de la izquierda nacional, el kirchnerismo es una variante. “En un extremo está la izquierda radical; en el otro, la izquierda reformista. En el medio está la izquierda populista, que tiene su principal polo de agregación en el kirchnerismo, que editó el relato militante de la izquierda peronista de los años setenta para hacerlo compatible con el gobierno de Cristina de Kirchner”, analizó el sociólogo Carlos Altamirano.

***

La posibilidad de un movimiento alternativo  de izquierda fuerte ha rondado el país desde, por lo menos, la pasada década, incluso cuando el FMLN no había accedido a la presidencia de la República. Sin embargo, cierto descontento entre sus bases en la actualidad hace más plausible su existencia, con el Partido Comunista y el Movimiento Nuevo País como las opciones más visibles.

Para Ernesto Muyshondt, diputado de ARENA por San Salvador, la existencia de otro instituto político de izquierda sería muy saludable para la democracia del país, pues le daría una opción a todos aquellos que no están satisfechos con el partido de Gobierno pero que no se les asoma por la cabeza la idea de seguir a un partido de derecha. En su opinión, tal descontento se debe, principalmente, al hecho de la creación de los “albaempresarios”, los que se han hecho ricos a golpe de dinero venezolano. Lo dice Ernesto Muyshondt, a quien su propio partido ha dado la espalda tras la publicación de un video en el que se mira una reunión con cabecillas nacionales de pandillas. Sus compañeros temen mancharse las manos y su candidatura al COENA, por tanto, parece alejarse cada vez más.  

Este jueves 14 de abril, en la Asamblea Legislativa se ha elegido a Sonia Cortez de Madriz para un tercer mandato al frente de la Procuraduría General de la República. También se estableció que el 10 de mayo sería asueto nacional.  Tras acabar la jornada, la diputada Norma Guevara toma camino hacia afuera del recinto. Su camino se interrumpe para preguntarle sobre la posibilidad de un instituto alternativo de izquierda.

“Prefiero no opinar sobre eso. Es un derecho que todo el mundo tiene”, dice la diputada, uno de los nombres fuertes dentro del partido. Damián Alegría, por su parte, luce su característica boina negra mientras emprende la salida. El diputado resta relevancia al hecho de que personas de izquierda ya no se sientan representadas por su partido, algo a lo que califica como lógico y esperable.

Carlos García Ruiz, exalcalde de Soyapango y hoy diputado del FMLN, le da un poco más de importancia al hecho y lo considera “negativo”, pues, en su opinión, se atomiza a la militancia. Piensa que los desacuerdos deben discutirse dentro del partido, no desde institutos diferentes. “Yo entiendo que izquierda hay una, a mí no me interesan los puños de izquierda”, remarca.


“Offshore”.  Carlos Ruiz es presidente de una empresa fundada en Panamá que ayudó a ALBA Petróleos a sacar millones de dólares del país.

Ahora se le consulta sobre el hecho de que su nombre aparezca implicado en un reportaje del periódico digital El Faro donde se demuestra que ALBA Petróleos cuenta con ocho empresas “offshore” en Panamá. Ahí se comprueba que ALBA Petróleos le prestó $144,287,971 a Apes Inc., una empresa presidida desde su creación, en 2008, por Carlos García Ruiz, quien aún continúa al frente de la compañía.  Ese dinero, que por ser semipúblico debe ser fiscalizado por la Corte de Cuentas, en Panamá no estaría sujeto a ningún control, ni siquiera a la obligación de pagar impuestos.

Ruiz se apresura a decir que sigue siendo el mismo ciudadano de siempre y que todo se trata de una estrategia “del imperio para doblarlo”, e invita a sus correligionarios a no dejarse sorprender por ese “bloque de rumores”, en este caso hecho con documentos.

—¿No hay nada ilegal en eso?
—Para nada, le puedo asegurar que no hay nada ilegal en ALBA Petróleos.
—¿No hay nada antiético?
—Primero preguntémonos de qué ética se habla, ¿de la del imperio? ¿Con ALBA se bajaron los costos de los combustibles sí o no? Una ‘offshore’ significa la preparación para un fraude fiscal. ALBA Petróleos no es fraudulenta, está pagando sus impuestos, dice Ruiz, mientras que en Panamá existe una empresa presidida por él que ha recibido de ALBA Petróleos más de $100 millones que en el país no reflejaron ningún impuesto

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