El viaje de retorno

Sí, hay un mapa pero no coincide para nada con el de la pantallita del avión; el mapa se va haciendo en el viaje y revela más bien la geografía interna.
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El viaje de retorno

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Meridiano 89 oeste

Estoy en la 15-A con un joven a la par y su madre, 15-B y 15-C. Me ha tocado el asiento junto a la ventanilla y un paisaje de volcanes de humo. Hacia adelante, una pantalla de baja resolución señala que estamos sobre el golfo de México; en el mapa aparecemos como un cursor que recorre una línea recta entre Chicago y San Salvador. La línea amarilla conectando las ciudades casi convence, si no fuera porque bien sé que una línea simple y directa no existe. Lo único que hay entre esas geografías es mi cuerpo tendido en un paréntesis, en una pausa cumulonimbo. Lo digo porque siempre en estos viajes mis dos realidades se cruzan, se enredan y me hacen ver el nudo que es vivir entre dos países. Hay una parte vital de mí que no entiende nada de esta viajadera, ni por qué me fui en un principio, ni que regreso a mi país cada cuanto tiempo, ni por qué dejo atrás mi lógica cotidiana para construir pasaderas entre dos arquitecturas de vida.

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