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Entre esperar milagros y homicidios agravados

¿Cómo se administra la norma y las excepciones cuando lo que está en juego es la salud y el bienestar de las mujeres? ¿Tenemos un sistema adecuado para ello?
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Entre esperar milagros y homicidios agravados

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OPINIÓN (Desde allá) México

Copilco 503

Beatriz, la mujer que inspira a pasar por los infiernos de Dante Aligheri, es el personaje que le ha dado nombre al caso de una joven de 22 años que sufre de lupus eritomatoso discoide, enfermedad que se agrava con el diagnóstico de una nefritis lúpica. En este estado de salud, Beatriz está embarazada, el feto en su vientre no tiene cerebro y no tiene posibilidades de nacer vivo. Beatriz es madre de un niño de 13 meses y quiere luchar contra su enfermedad.

La opinión pública, en un caso tan difícil y tan privado, no se ha hecho esperar. Además de juzgar las decisiones de Beatriz, lo que se sugiere desde las líneas conservadoras es que Beatriz debe esperar un milagro, que su hijo y ella queden con vida, después de lo que naturalmente sería un parto. Algo que suena más que cristiano, sádico: espere morir bajo la voluntad de Dios.

Tristemente la urgencia del caso de Beatriz solo pone un dedo en una llaga, una muy grande. Bajo la idea de proteger la vida, muchas mujeres no solo no pueden abortar cuando su vida está en juego, sino que incluso pueden ser juzgadas hasta por homicidio agravado por parentesco.

En 1998, el aborto terapéutico fue prohibido. Esto llevó a un retroceso legislativo que implica muerte e injusticia en contra de las mujeres. Por un poco de (mala) suerte, la vida de una mujer embarazada puede dar un giro inesperado: de ser víctima de un aborto espontáneo o de alguna complicación obstétrica a ser encarcelada.

De acuerdo con una investigación de Agrupación Ciudadana por la despenalización del aborto terapéutico, ético y eugenésico, donde se recopilan 129 casos de mujeres procesadas entre 2000 y 2011 por aborto o delitos conexos, el perfil de las procesadas es bastante particular: mujeres de escasos recursos, de escasa educación, sin acceso a salud, sin control prenatal. Sus condiciones estructurales redundan en nuestro sistema en no tener acceso a la justicia. De estos casos, el 57.36 % fueron denunciadas bajo sospecha médica de aborto desde el sector público. Un 17.83 % fue condenada por aborto y el 20.16 % por homicidio agravado: 26 mujeres están presas con condenas que van desde los 10 a los 40 años de prisión.

El caso de Beatriz es urgentísimo. Al cierre de esta columna, se ha interpuesto un amparo por parte del Ministerio de Salud ante la Corte Suprema de Justicia y aún se espera la resolución. La esperanza para los que creemos que Beatriz debe llevar a cabo su lucha por la vida es que sea favorable. Que genere un precedente, uno que además de que ayude a Beatriz, sirva para casos futuros. A pesar de optimismo, me queda la duda ¿habrá que imponer amparos cada vez que no topemos con un caso similar, aunque no exacto? ¿Cómo se administra la norma y las excepciones cuando lo que está en juego es la salud y el bienestar de las mujeres? ¿Tenemos un sistema adecuado para ello?

No hay que leer mal entre líneas. Esto no se trata de ser pro abortista. No. La discusión debe hacerse con base en los derechos humanos. No se trata de mujeres que han hecho algo malo. No. Son mujeres víctimas de un sistema diseñado por esquemas patriarcales, decimonónicos y poco veloces que no pueden solventar las urgencias de Beatriz y otras mujeres que podrían estar en situaciones similares.

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  • Beatriz
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