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Esperando a Superman

Una reforma de este tipo significa cambio paulatino. Significa enfrentarse a nuevos modelos, descongelar el tradicionalismo.
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Un lector se refirió a un anterior artículo de mi autoría sobre educación inclusiva y chárter, él habla de mi privilegio de cantar en latín e italiano a los 13 años; pero no menciona que estudié en un centro educativo público, en San Miguel, que en un principio se llamó Escuela del Aire, porque no teníamos pizarrones, ni pupitres.

Pero el profesor que fundó esa escuela aérea, un poeta de Ahuachapán, tuvo la iniciativa de pedir apoyo a la colonia suiza de San Miguel. Y todo cambió, pues pusimos los pies en la tierra.

Es lo que necesitamos: imaginar, resucitar el tiempo integral en educación que tuvimos en el pasado, proponerlo con mística para no estar pensando en cuántas cárceles más necesitamos. Por desgracia, cuando hablamos de nuevas prisiones es para destinarlas a los compatriotas jóvenes que viven un conflicto bélico social, independientemente de que sus delitos sean crueles y reprimibles.

En esa Escuela del Aire, después llamada Confederación Suiza, por la mañana recibíamos las asignaturas científicas y por la tarde deportes, música, manualidades. En séptimo grado se me propuso integrar el coro, lo que me privaría de jugar fútbol, mi pasión favorita. Quise hacer trampa al hacer la prueba de voz, y me esforcé por emitir sonidos desafinados para que me rechazaran; pero el maestro adivinó la artimaña. “Aunque cantes como gato te selecciono como tenor”.

Éramos niños y niñas que nunca habíamos cantado, algunos ni siquiera en el baño, porque nos bañábamos al aire libre en los patios. Eso es lo grandioso de la educación de tiempo completo. Después del primer trimestre estábamos aprendiendo las primeras canciones en el idioma original. Además, era una educación inclusiva porque la mayor parte de estudiantes de la “escuelas públicas” proveníamos de diferentes sectores, de zonas vulnerables al desvío antisocial. La escuela nos salvó.

Ahora aplicamos el 2.5% del PIB, uno de los más bajos de América Latina, con el sueño de llegar a un 4% como en Honduras, y luego, en una década, al 7% como en Costa Rica, que lo tiene establecido en la Constitución.

Reflexionemos: la violencia social es vinculante con el sistema educativo, ¿por qué no traer al presente ese pasado de hace tantos años cuando estudiamos la educación básica? Es misión de los partidos políticos, legisladores y funcionarios con iniciativa de ley. Tampoco es fácil porque los muros de la economía son de cemento armado; pero hablamos de un proceso que evitará poco a poco estar contando muertos cada día o pensando en invertir en construcción de cárceles o en ampliar cementerios. ¿Es posible priorizar la inversión educativa? Ahora es la hora, cuando los partidos políticos elaboran los programas de un futuro gobierno. Nos favorecería a todos sin distinción de colores, ideas, origen social o culturas. Hay que romper el muro de la tradición y los prejuicios.

A propósito, reviso el caso de Michelle Rhee, una especie de ministra de Educación de Washington, D. C., a quien se le otorgó poderes para evaluar y cambiar a inspectores de zona, docentes y directores de escuela. Necesitaba la gran valentía de Superwoman pues tenía que enfrentarse a criterios gremiales, políticos y burocráticos del sistema educativo. El gran problema que se armó dio origen al documental llamado “Esperando a Superman”, de Davis Guggenheim, que insinúa cambios educativos para encararlos con superpoderes.

La preocupación prevalece en EUA cuando en las competencias internacionales de Matemática ocupa un deshonroso 26.º lugar, muy por debajo de los países asiáticos. Surge entonces la idea de la educación chárter, que se da como salida la privatización de la enseñanza.

Pero si pensamos en superpoderes nada mejor que el Estado con su capacidad implementar políticas de nación. El documental plantea que una escuela pública jamás será inferior a una escuela chárter y que la procedencia de zonas pobres no puede ligarse a incapacidad de aprender; y que los estímulos salariales no deberían ser por antigüedad sino midiendo el desempeño estudiantil. El malvado de la película es la burocracia. Un laberinto de dependencias, secretarías, funcionarios, asesores, que se han enquistado para impedir las sinergias del cambio. Una tarea para Superman.

La protagonista del documental de Guggenheim es precisamente Michelle Rhee. Pero en una realidad salvadoreña, los personajes principales tendrían que ser los maestros y las maestras. Esto involucraría a universidades formadoras de docentes, pues habría competitividad para obtener las mejores evaluaciones. Ello amén de que una política de este tipo no se explicaría si el mismo Estado no se encarga de transformar el cuerpo magisterial de los centros educativos públicos. El futuro estudiantil depende de los adultos, y “sobre todo de quienes están protegidos por los gremios organizados que subordinan el aprendizaje de los estudiantes a su propio porvenir económico”, dice Rhee.

Esto sin contar una burocracia política en un tira y encoge al margen de la familia escolar.

Una reforma de este tipo significa cambio paulatino, enfrentarse a nuevos modelos y descongelar el tradicionalismo. Significa incremento del porcentaje del PIB para educación, y eso debe ser tronando y lloviendo. Aquí no operaría la resobada frase: “O todos en el suelo o todos en la cama”, lo óptimo sería dormir todos en la cama; pero eso dependerá de una aptitud vocacional, un empoderamiento profesional, para lo cual serán necesarias mejores prestaciones y salarios dignos, asegurados con políticas de nación. Sobre esto el sistema educativo de Finlandia es un gran ejemplo.

Rhee es una especie de Superwoman que centra su reforma en un proceso educativo hacia la calidad del docente para transformar los centros educativos públicos. Para ello elabora programas avanzados para graduados universitarios en pedagogía –llevados a la práctica con buenos resultados– para atender zonas pobres, donde más se necesita el cambio. Pero fue destituida como ministra.

Nosotros, además, debemos atender necesidades de educación superior, clave para la formación docente, necesitamos discutir el tema de una reforma educativa de acuerdo con el avance tecnológico, discutirlo en foros, reflexionarlo para hacer del presente un futuro. Con políticas de nación quizás no necesitaremos un Superman o una Superwoman.

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