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Estrategia para el desarrollo

Como dice el ícono uruguayo José Mujica, “no debe dejarse al maestro lo que corresponde hacer a la familia”. Sin embargo, ¿y si a esa familia no se le dio la oportunidad de formarse?
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En Costa Rica hay una placa al pie de la escultura Monumento a La Familia, de Francisco Zúñiga, uno de los 10 más grandes escultores del mundo. Ahí se atribuye una frase al poeta costarricense Isaac Felipe Azofeifa (ambos personalidades centroamericanas). La placa dice “nunca es más oscura la noche que cuando va a amanecer”, cuyo autor es el clérigo inglés Thomas Fuller (1608-1663), palabras que tienen significado religioso. La explicación de por qué se atribuyen dichas palabras a Azofeifa es porque las menciona en uno de sus poemas. También hay otra frase parecida del mismo clérigo inglés: “El hombre honesto no teme la luz ni la oscuridad”.

Me remonto sobre estas ideas para afirmar que una forma de no temer a la oscuridad y advertir “el alba de oro” (Rubén Darío) es mediante la incorporación de la lectura y el libro en el sistema educativo. ¿Se puede hablar de temor?, como dice Fuller. No creo. Sin embargo, existen vacíos lastimosos sobre ese medio que otorga riqueza humanista, sabiduría, conocimiento y despierta la imaginación.

Tuve la oportunidad de leer desde la infancia pese a que en esos momentos no había un solo libro en mi hogar, menos para pensar en lectura cuando lo primordial era subsistir. Sin embargo, me considero una persona con suerte al haber superado lo que podría ser un obstáculo para convertirme en lector. El papel jugado por mi madre.

Pese a que entre mis ancestros tengo analfabetas, mi madre fue lectora desde jovencita y conservó en su memoria muchos textos que me repetía. Eso me despertó el deseo de leer, desde que aprendí a leer. Como niño y joven no tuve orientadores en mi educación formal, ni siquiera en la universidad, pese a estudios de doctorado. La “suerte” volvió cuando me atreví a enviar a un certamen nacional mis poemas desde San Miguel. Gané dos primeros premios, cuando solamente había escrito a mano en mis cuadernos de estudiante.

Igual pasó con la novela. Aunque ya tenía 28 años, pensé que mis imaginaciones y mundo vital no podían plasmarse en poemas. Había descubierto una carta de don Pedro de Alvarado que no me la dieron a conocer ni siquiera en mis estudios superiores. Decidí escribir un poema, pero es difícil manejar el tema histórico en un poema. Y quería dar a conocer la batalla de Acaxual entre los pipiles y los españoles.

Sin lectura es difícil encontrar el camino dentro de la oscuridad y el sistema educativo tiene mucho que hacer en esta disciplina. Leer el libro y emocionarse. Además de la escuela, contribuye la familia. Como dice el ícono uruguayo José Mujica, “no debe dejarse al maestro lo que corresponde hacer a la familia”. Sin embargo, ¿y si a esa familia no se le dio la oportunidad de formarse?

Conclusión: los vacíos humanísticos, herida que sangra desde décadas, deben resolverse ya. Porque de los diversos instrumentos inventados por el hombre el más asombroso es el libro, “todo lo demás son extensiones de su cuerpo… solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria… siempre imaginé el paraíso como una especie de biblioteca”, dice el escritor y gran bibliotecario Jorge Luis Borges. Y Ray Bradbury, autor de “Crónicas marcianas” y de “Fahrenheit 451”, lo ratifica: “Sin bibliotecas, ¿qué tenemos? Ni pasado ni futuro”.

El universal Borges señala otro punto importante en educación: “He hecho exámenes durante 20 años en la Facultad de Filosofía y Letras y tengo un orgullo, uno de los pocos de mi vida: no hice jamás una pregunta. Yo solía decir a mis estudiantes: háblenos de la poesía anglosajona, háblenos de Shakespeare, de Óscar Wilde, háblenos de Shaw, hablen… Digan lo que piensan, yo prometo no interrumpirlos, prometo no preguntarles ni una sola fecha, pues yo mismo no las sé… Hablen ustedes si es que les interesa el tema… Yo creo saber hacer exámenes: dejar que el estudiante hable sin molestarlo con preguntas”.

Así es, grandes humanistas intuyen el aprendizaje desde procesos placenteros, se rescatan conocimientos nacidos desde la conversación, parte esencial del aprendizaje. Descubrir metodologías nuevas conociendo a quien aprende es básico para el desarrollo integral.

Debemos acompañar a los estudiantes con estrategias lúdicas y experiencias significativas, incluyendo el uso de las tecnologías, y no dejar que consideren el aula como enemiga. Las cifras de repitencia y deserciones no las merece la nación.

Según informe “Estado de la región” presentado a universidades costarricenses (agosto de 2016), “más de la mitad de los jóvenes entre 15 y 24 años están fuera del sistema educativo. Un 23 % no estudia ni trabaja. Si Centroamérica mantiene ese decrecimiento de cobertura educativa, tardaría 37 años en alcanzar las tasas que presenta América Latina y 58.3 años para registrar la cobertura  de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)”. No debemos abandonar al joven y dejarle como única salida migrar o recurrir a la violencia (revista digital Nuestra América, Costa Rica, agosto de 2016). 

Si todo parece oscuro para la región centroamericana, los que tenemos luces artificiales no estamos para festejar. Los porcentajes mencionados disminuirán si en este inicio del siglo de la información y el conocimiento se trazan estrategias que permitan responder a las presentes y futuras generaciones. Se pueden evitar así las desesperanzas y desesperaciones. 

Y la carta ganadora la tiene el poder integrado por entidades públicas y privadas, sectores sociales y económicos. El amanecer después de la oscuridad se puede lograr con sinergia centroamericana que busque modernizar el Estado.   

Reitero mi utopía: las experiencias de vida, la conversación, el libro, la lectura y la educación son las metas estratégicas para el desarrollo, entendiendo que cada quien cumplirá sus responsabilidades públicas. Solo necesitamos reflexionar, por lo menos cuando se entone en cada país su himno nacional. Sintámoslo con emoción que lleve a actuar, porque el tigre del subdesarrollo no es de papel.  

No hay que dejar la solución solamente a las facciones políticas. Tampoco hay que desahogarse con las vanidades. La magia transforma solo con estrategias fundamentales.

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