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Hay que ceder

¿Se logrará el acuerdo nacional que según el FMI es la única salida para evitar un descalabro de las finanzas del Estado? Esta ya no debería ser una pregunta, sino más bien un objetivo.
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Hoy más que nunca ceder es necesario. ¿Ha escuchado que el Gobierno está en bancarrota, que vamos a caer en “default” o que estamos al borde del impago? Lo curioso es que esta vez no es la oposición política la que ha hecho estas afirmaciones, sino funcionarios de la actual administración.

Desde hace meses el secretario técnico de la Presidencia y el ministro de Hacienda han advertido que se les terminan las opciones. En otras economías es impensable que un funcionario diga que no hay plata para pagar, porque esto pone nerviosos a los mercados y sube automáticamente la percepción del riesgo del país, la idea de que esta es una nación a la que no se le puede comprar su deuda porque es muy probable que no pague.

Acá, en cambio, las advertencias son cada vez más numerosas y frecuentes. Al mismo tiempo, aumentan los reportes de proveedores a quienes el Ejecutivo no les ha pagado, de atrasos en el pago de las pensiones de los militares jubilados y, más recientemente, el anuncio tajante de que no hay dinero para cosas como el pago del escalafón a los médicos del sector público.

Finalmente, una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que recién había evaluado el estado de las finanzas públicas dijo en conferencia de prensa, junto al ministro de Hacienda y en presencia de diputados y otros funcionarios, que el erario público no da para más: sí o sí se necesita un ajuste.

Este ajuste, según el organismo internacional, debe ser un equivalente a un 3 % del Producto Interno Bruto (PIB), unos $700 millones. Hacienda ha dicho que esperan que este dinero salga mitad de recorte de gastos y mitad vía ingresos o impuestos. El FMI sugiere subir impuestos como el IVA y crear nuevos, como el predial o impuesto a la propiedad.

Pero a cuatro meses de que el fondo presentó su informe e hizo un llamado a un gran acuerdo nacional para determinar de dónde se sacaría el dinero necesario para ajustar las finanzas públicas, no se vislumbran mayores avances.

Por un lado, el Gobierno insiste en que necesita una millonaria emisión de bonos para poder cubrir el pago de sus necesidades inmediatas y la deuda de corto plazo que ya adquirió para poder ir saliendo con los gastos mensuales. También ha propuesto una ley que permitiría que Hacienda cobre de manera expedita las deudas de los contribuyentes, incluso antes de vencerlos en todas las instancias requeridas.

Por el otro, empresarios y la misma oposición señalan que de nada servirá más deuda y más impuestos si no se corrige la forma en la que se maneja este dinero. Advierten además que mayores impuestos golpearían la economía y harían aún más lento el ya de por sí famélico avance del aparato productivo del país.

¿Se encontrará un punto intermedio? ¿Se logrará el acuerdo nacional que según el FMI es la única salida para evitar un descalabro de las finanzas del Estado? Esta ya no debería ser una pregunta, sino más bien un objetivo. Se nos olvida que estamos todos en el mismo país y que el fracaso del Gobierno nos arrastraría a todos en este sentido. Que el país caiga en impago es algo que tendrá efectos negativos para la economía en su conjunto y para el funcionamiento del Estado mismo, incluyendo los servicios públicos en salud y educación de los que dependen millones de salvadoreños.

Aquí habrá que ceder, todas las partes deberán aceptar cosas que no les gusten; de lo contrario, continuaremos como hasta hoy, con diálogos yermos y discusiones sin resultado, mientras la situación se deteriora aún más. Mientras más nos tardemos en buscar una solución, más drásticas tendrán que ser las medidas a tomar. ¿Queremos llegar a eso?

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