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Historias sin cuento

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<p><br /></p><h2>ÁLBUM DE LIBÉLULAS (49)</h2><h2>398. Cita para una cita</h2><p>Lo dijo George Bernard Shaw: “Aquellos que busquen el paraíso en la tierra deben venir a Duvrovnik”. Parece, leída desde el otro lado del mundo, la expresión excéntrica de un personaje que se podía dar todos los lujos retóricos imaginables; pero es sin duda un reto provocativo. ¿Duvrovnik? Sí, en la Croacia actual, sobre las aguas ceremoniales del Adriático. Animémonos, pues. Lo primero que se mira desde el mar es la muralla, que bordea parte de la ciudad antigua. Los veleros turísticos van y vienen. Sobre los filos de la costa, las casas blancas de tejados color naranja. Y Duvrovnik está aquí, cautivadora maraña de callejas tan angostas que sólo parecen transitables por deidades anoréxicas. Pero la atmósfera huele a plenitud. Es la sensación que debe de dar el paraíso. Ahí, en esa pequeña taberna, podemos verbalizarlo tú y yo, la Musa y su poeta servicial. </p><p>&nbsp;</p><h2> 399. DEJA QUE SALGA LA LUNA</h2><p>Busco algún aire de música que exprese el sentimiento que me inspiras. Tarea delicada, porque sentir es una cosa y graficar lo sentido es otra. Ante una luna plena –como la de aquella noche sin sueño en la ruta del tren imaginario—, o caminando por un parque del pueblo alado que duerme entre montañas –como Juayúa en el occidente salvadoreño—, o en contemplación del crepúsculo otoñal que danza entre rascacielos –como el que se observa desde la ventana del piso 11 sobre la Segunda Avenida de Manhattan–: en todos esos sitios o en alguno semejante, la misma inquietud buscadora. ¿Qué armonía musicalizada es capaz de florecer sin fin en el arriate mayor de mi conciencia de enamorado sin desperdicio? ¡Pues hoy la encontré aquí, en mi silencio sin rendijas: es el huapango de José Alfredo, “cuánto me debía el destino/ que contigo me pagó”. ¡Cabal! </p><p>&nbsp;</p><h2> 400. SERVICIO DE NAHUAL</h2><p>Cuando lo encontraron, aún respiraba. Tendido en su camastro que ya sólo era armazón deforme, fue milagro que lo encontraran, porque no tenía vínculos humanos. Su única familia era aquel perro callejero, que un día cualquiera, en el filo de la tormenta más tronadora de aquel invierno, se apareció ahí, sin pedir permiso. Se apareció y no volvió a desaparecer. El hombre, sin saberlo, estaba en las últimas, que serían tan prolongadas como sus penurias. Lo marcó la guerra, lo aisló la paz. De oficio sastre, de vez en cuando hacía una prenda y la vendía en el vecindario. La prenda más reciente fue aquel camisón blanco, en el que se enfundó para dormir. El perro lo observaba, y cuando lo vio tendido, salió a ladrar como un poseso. Llegaron unos vecinos, protestando por el ruido. Y lo encontraron. En el hospital lo hicieron revivir. El perro, subido al camastro, le calentaba el puesto. </p><p>&nbsp;</p><h2> 401. AUGURIO INSPIRADOR</h2><p> “¿Qué quieres que te traiga de Venecia?” Iba en viaje de trabajo, como lo hacía a tantos sitios, por su profesión de investigador futurista de las culturas clásicas. La respuesta de ella parecía reclamo sonriente: “Una hoja de enredadera se desprenda de su parra en alguna callejita lo más estrecha posible”. Como la estadía iba a durar unas cuantas semanas, alquiló un apartamento ínfimo en los alrededores del Gran Canal. La investigación lo absorbió por completo. Por las mañanas se sumergía en infolios; por las tardes, ordenaba ideas; por las noches, pulía sensaciones. Transcurrido casi todo el tiempo disponible, tenía un pequeño estudio sobre los ensueños de los caminantes de ayer, de hoy y de siempre. Estaba en su laptop y lo fue a sacar en papel. Al hojearlo, algo se escapó. Era una hoja. Pero no una hoja de papel, sino una hoja de enredadera…</p><p>&nbsp;</p><h2> 402. REBELIÓN SECRETA</h2><p>La compañía se dedicaba al reciclaje de materiales de hierro, de cobre, de aluminio, y otros como maderas y tejidos, en menor proporción. Siempre soñó con algo así, desde los tiempos en que nadie hablaba de reciclar. Ella era la descendiente más joven de una familia de emprendedores exitosos, pero no le interesó ninguno de los negocios familiares, que en manos de sus hermanos varones iban en ruta regresiva. En cambio, su empresa de reciclaje llevaba buen viento en popa. Hasta que llegó aquella pieza que a todas luces era un aparato antiguo, de cuando las máquinas eran a la vez rudimentarias y enigmáticas. Al comenzar a reciclarla, hubo en la fábrica una especie de sacudimiento sísmico. Todos creyeron que había sido un temblor de tierra, hasta que la pieza empezó a crepitar y a echar humo, rebelándose contra su destino y dispuesta a llevarse todo con ella. </p><p>&nbsp;</p><h2> 403. COLOQUIO DE AMANTES</h2><p>La época lluviosa ha sido mi estación favorita, desde que tengo memoria. No es, desde luego, una elección voluntaria, sino un movimiento espontáneo de la conciencia. ¿Quiere decir que soy un enamorado nato de la lluvia? Me lo estoy preguntando aquí por primera vez, y lo digo con la mejor sinceridad de que soy capaz. Para respondérmelo sin interferencias intelectuales, salgo de inmediato a la calle, sin paraguas ni capa, cuando comienza a lloviznar. Vivo en un lugar que antes fue ladera, y lo que me toca es descender entre árboles jóvenes. En lo que desciendo, la lluvia va arreciando, como ocurre siempre en estas latitudes del trópico benigno. Al llegar a la placita donde comienza el terreno plano, el llover ya es arrebato. Entonces me ubico en una de los bancos de plaza y siento que la lluvia quiere hacerme una confidencia. Sí, la confidencia de que el amor es mutuo.</p><p>&nbsp;</p><h2> 404. EN EL LUGAR SAGRADO</h2><p>En la puerta, la identificación del sitio: Oraculum, irish pub. Lo que andaba buscando: el lugar y el nombre. Entró, por supuesto, empujando una puerta de persiana, de las de antes. Adentro, el ambiente tradicional de una tabernita de puerto, aunque no había ningún puerto en muchos kilómetros a la redonda. Era una arriscada población de montaña. El ambiente boscoso y húmedo, propio para encontrarse con algún tipo de sabiduría sin palabras. Fue a acomodarse en un rincón, junto a un biombo cuajado de girasoles. Y ya sentado, cerró los ojos. El mesero, que lo conocía, pasó sin interrumpirlo. Estuvo así por un buen rato, y entretanto el mesero le puso enfrente la bebida de siempre: aquel coctel llamado Pasión Astral. Cuando volvió en sí, apuró el fluido color turquesa, dejó un billete y salió. Había concluido su sesión con el Oráculo.</p><p>&nbsp;</p><h2> 405. RECURSO DE AVANZADA</h2><p>Noticia escueta: “Miles de abejas retrasan vuelo de Delta Air Lines de Pittsburgh a Nueva York”. Un apicultor del entorno, Stephen Repasky, fue llamado para que retirara el enjambre que se había posado en una de las alas del avión, cuando iba a comenzar el abastecimiento de combustible. Pasan cosas así cuando la colmena madre ha crecido mucho y la abeja reina dispone llevarse una parte de la colonia para formar una nueva. Impulso natural de la vida en crecimiento. Lo novedoso fue que las emigrantes quisieron ganar tiempo y hacerlo en un jet de última generación. </p><p>&nbsp;</p>

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