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Historias sin cuento

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Historias sin cuento

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<p><br /></p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><h2>Álbum de libélulas (50)</h2><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><h2> 406. PARÁBOLA DEL MENSAJE </h2><p> Abrió la ventana, como hacía a diario. Era su homenaje metódico a las variaciones cada vez más sutiles del clima. Pero aquella mañana algo más revelador estaba pasando. Y no tenía que ver con la luz ni con el aire. Era una sensación estrictamente personal. Cuando la ventana estuvo abierta de par en par, una especie de murmullo, que daba toda la impresión de ser efecto invitador proveniente de vegetaciones misteriosamente expresivas, llegó hasta él como un mensaje irresistible. Él sintió la necesidad de verbalizar su necesidad de entender y descifrar el mensaje: “¿Qué me estás pidiendo que haga?” El fuerte revoloteo de alas también invisibles le daba la respuesta: “Volar”. Él, entonces, se subió al alféizar y tomó impulso. Ahora, es ese rutilante punto que viene al amanecer y al anochecer a reconocer su ventana originaria. Algunos le llaman lucero. </p><p>&nbsp;</p><h2>407. ENCUENTRO CASUAL</h2><p>Comenzó como una escena perfectamente común. Un cabaret. Una pista abarrotada. Media luz. Un mambo. El chiquitín Pérez Prado y su orquesta. Las cosas se dan, y a veces sin someterse a la omnímoda voluntad del calendario. Ella estaba ubicada en una de las mesas más apartadas, observando el entorno de personajes totalmente característicos: hombres de gabardina y sombrero; mujeres de ceñidos trajes, gruesos tacones, peinados de ondulaciones sueltas. De una de las puertas laterales surgió el recién llegado, que parecía deportista de vacaciones, figura irreal. Se dirigió hacia ella, que lo vio acercarse agitando las gruesas pestañas y exhalando aroma de mujer fatal. Él se sentó junto a ella sin protocolo. Antiguos conocidos. “¿Dónde has estado por tanto tiempo?”, inquirió ella. “Esperando turno en la eternidad”. La orquesta tocaba “Cerezo Rosa”. </p><p>&nbsp;</p><h2>408. RECORDATORIO SALUDABLE</h2><p>Diosito tarda, pero nunca olvida. De las que había heredado del ambiente, era la frase que congeniaba mejor con su índole aguantadora y condescendiente; pero a últimas fechas, las cosas se le habían venido enredando más y más, poniéndola a prueba de resistencia a cada instante. No sólo a ella, porque la situación iba de mal en peor para toda la gente que necesitaba algún tipo de auxilio de supervivencia, aunque en su caso las apreturas y los apremios parecían estar ganando terreno sin miramientos. Y a pesar de su fe, más cultural que religiosa, la impaciencia iba brotándole, como una hierba silvestre con voluntad invasiva. Hasta que llegó la hora del reclamo, hecho entre dientes, para no hacer peligrar del todo el encanto: “Ajá, Diosito, ponete las pilas; que así como vas, la tardanza en recordar se te puede convertir en Mal de Alzheimer…” </p><p>&nbsp;</p><h2>409. CUESTIÓN DE LÍMITES </h2><p>El ingeniero de suelos había hecho todos los cálculos, y, pese a las reiteradas comprobaciones técnicas, había algo que parecía escapar a la pericia profesional. Pero no podía retrasar el informe por tiempo indefinido, y lo que tocaba era exponer el extraño resultado. Así lo hizo. Un par de días después, fue llamado a la oficina del jefe de proyectos. Lo esperaba con su informe en mano. “Ingeniero Gómez, ¿qué le ha pasado?” “¿Por qué, señor?” “Su informe concluye con una divagación fantasiosa”. En efecto, todo quedaba en el aire, aunque se trataba del subsuelo. Al final, él se animó a dar su propia explicación: “Señor, la tecnología no siempre se entiende con el misterio. En ese terreno sobre el que la empresa quiere construir un gran complejo de apartamentos hay otra construcción hacia abajo. ¿Quiénes viven ahí? Soy ingeniero, no psíquico…” </p><p>&nbsp;</p><h2> 410. ENTRE ALIADOS</h2><p>El Sol se retira y llegan las sombras. Y, según la rutina conocida, esto es pura mecánica celeste. Sin embargo, la creatividad cósmica puede generar tantos matices como la creatividad humana, aunque imaginemos lo contrario, por arrogancia milenaria. Ahí, en un valle próximo, apenas se distinguen las viejas y cada vez más desoladas ruinas de una casa, rústica y sencilla como todas las del entorno. El Sol alista sus reflejos finales, y el más brillante de ellos lo dirige hacia esas ruinas, a las que de seguro nunca les ha puesto atención. Al iluminarse con ese reflector directo, las ruinas anónimas muestran un tesoro escondido: ese reguero de monedas de oro que acaban de brotar luego del derrumbe de la última pared que estaba en pie. Y entonces el reflejo se aparta, para dejar que la noche obre como estuche protector. </p><p>&nbsp;</p><h2>411. ROTACIÓN DE ROLES</h2><p>Mis hermanos y yo fuimos huérfanos de madre desde muy pequeños, y por eso papá era para nosotros las dos imágenes en una. Aquella noche, papá empezó a toser sin cesar, y creímos que era el comienzo de una gripe de las que están de moda. Pero no. El médico nos dio un diagnóstico vago: disfunción pulmonar de origen desconocido. Pedimos otra opinión y el resultado fue el mismo. Francis, hermana de papá, que vive en Quebec, nos ofreció que lo lleváramos allá. Lo hicimos. Nada. Papá se fue consumiendo, hasta casi la transparencia. Ya no tosía, pero apenas respiraba. ¿Cuánto tiempo duró aquello? Confundidos como estábamos, no llevamos la cuenta. Lo que sabemos es que un día papá se esfumó. Así. Se esfumó. Y desde entonces sentimos que papá ya no está aquí, pero ha dejado a mamá haciendo su trabajo. Papá lo necesita y lo merece. </p><p>&nbsp;</p><h2>412. EJERCICIO PARA TARDE SERENA</h2><p>Leyendo cosas extrañas, he descubierto que las piedras sienten e inspiran y que los cristales orientan y protegen. Hay cosas que cuesta creer, porque escapan a la normalidad de los conocimientos que tenemos como válidos; pero estos son tiempos en que lo más seguro está en abrirse a lo desconocido, porque lo conocido muestra de pronto una generalizada marchitez de muy mal augurio. Así, pues, he ido a rescatar del fondo del armario una piedra que recogí en la infancia allá en una vega del Lempa, jurisdicción de Chalatenango, y a desempolvar un trozo de cristal empañado que viene rodando en la familia desde tiempos inmemoriales. Estoy aquí, en mi mesita de trabajo, con la piedra y con el cristal frente a mí. Invoco su inspiración y su protección. Puede que resulte. Y si no, al menos quedará esta libélula alrededor, para que dé testimonio del anhelo. </p><p>&nbsp;</p><h2>413. ARMONÍA NATURAL</h2><p>El caballo era blanco y airoso, como los caballos de los cuentos. El jinete era enjuto y sudoroso, como los jinetes de la realidad. Pero ambos se acoplaban a la perfección, porque el aire y la luz son los estímulos ideales para que los cuentos y la realidad recuerden su origen común. </p><p>&nbsp;</p><h2>414. PARÁBOLA GRATUITA</h2><p>Esta historia cabe en una frase: “El amor es un sueño que sólo se realiza al despertar”. Y cuando despertó, la frase roncaba tranquilamente a su lado. </p><p>&nbsp;</p>

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