Historias sin cuento

Historias sin cuento.
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Álbum de libélulas (61) 

497. MISTERIO EN LA CATEDRAL

El oficiante, las ofrendas, el incienso, la cruz, los velones encendidos, la pequeña procesión hacia el altar mayor, desde el cual un tambor indígena marca el paso ritual. Es cuaresma y el simbolismo refulge. Entre la multitud circula un hálito de expectativas sobradamente reveladas. La ceremonia comienza. Todos se ponen de pie, salvo ese anciano que, visto de cerca, tiene un halo indescifrable. Él, en vez de levantarse, se inclina. Vienen las palabras y los cantos. Los concurrentes se sientan, se hincan y se alzan según los momentos del rito. El enigmático anciano continúa en lo suyo; pero hay un instante en que hace girar la cabeza, viendo hacia arriba. Un cuervo ha entrado volando por alguna parte, y en el curso del vuelo cambia de color, hasta ser perfectamente blanco. Entonces se posa sobre el hombro del anciano, que ahora es un niño con mirada de anciano…

498. FUSIÓN SIN CONFUSIÓN 

“¿Cuándo llegó usted a este lugar?” “No recuerdo: hace siglos”. La respuesta parece una imagen usual cuando se quiere significar que hace mucho tiempo, pero algo le dice al preguntante que aquí hay algo más. Alrededor, las artesanías étnicas, los cuadros de paisajes montañosos, los chales y las blusas de colores encendidos, los instrumentos típicos… El que ha hecho la pregunta se dedica por unos instantes a revisar el abigarrado conjunto. Luego se le acerca de nuevo al dependiente, que parece uno más de aquellos objetos tan vívidos. Y le repite la pregunta: “¿Cuándo llegó usted a este lugar?” Ahora la respuesta es diferente: “No hace mucho: aún estoy pagándole al coyote”. Y en el silencio que sigue las dos respuestas parecen fundirse entrañablemente en una sola. Al fin de cuentas, ¿quién sabe en realidad lo que es el tiempo?

499. LECCIÓN SIN PALABRAS

Los rugosos troncos mostraban el heroísmo inmemorial de los bosques de montaña. Los ladrillos circundantes exhibían el colorido propio del lugar: un desierto luciente con cumbres de costillares nevados, caminos de terracota y cielos de turquesa pálida. Llegó entonces la mano diligente y anónima a prender la llama sobre el lecho de ceniza hospitalaria, acudiendo al auxilio de unas enrolladas hojas de periódico. En un instante, la hoguera soltaba su humo hacia arriba y expandía alrededor su efluvio cálido y benévolo. Entonces todos los presentes en el bar del hotelito de montaña, sin conocerse, elevaron sus vasos, como en un ritual de proporciones inmemoriales. Y el alegre crepitar del fuego parecía de pronto una oración por el destino universal, en la intimidad del aire libre y de las nubes viajeras…

500. A VER SI ME CREEN

Las nubes se cierran y los vuelos de la nieve menuda empiezan a circular animadamente por el aire. Las nubes se abren y el Sol radiante hace su recorrido como custodio del oficio transicional del clima. De pronto, aparece un personaje intruso: la lluvia, con ánimo de mediadora entre la nieve y el Sol. Así las cosas, la ciudad se halla en medio de un juego de imágenes y de reflejos. Hay que salir a la calle, a participar en el duelo cósmico, que tiene todas las características de un duelo íntimo. Y lo hacemos: salimos a la calle, sin ningún atuendo protector, para no estar en ventaja frente a las veleidades azarosas de los elementos. Y ya al descampado, se produce la transfiguración insospechada: la nieve, la lluvia y el Sol departen ahí, en un rincón del cielo manso, y, ¡oh ventura mágica!, nos invitan a compartir con ellos el momento.

501. QUIZÁS OCURRE A DIARIO

La dama vestida de blanco, literalmente de pies a cabeza, viene caminando por la acera solitaria, junto a esa quebrada reseca que se llama Santa Fe River. Cuando llega al cruce donde se juntan la calle Alameda con el Paseo de Peralta, se detiene a esperar que el semáforo le dé permiso de seguir adelante. Serán sólo unos segundos, como siempre, pero esta vez esos segundos parecen emparentados directamente con la eternidad, o, al menos, con los destellos más íntimos del tiempo. Uno de los pocos vehículos que avanzan sobre la Calle Alameda se estaciona de pronto cerca de la dama, y por la ventanilla asoma un rostro que a simple vista parece irreal. Ella reconoce en el instante al pasajero. Avanza hacia el vehículo y penetra por la puerta que acaba de abrirse. El vehículo sigue su marcha por las calles apacibles de Santa Fe, Nuevo México. Eterno enigma.

502. ALLÁ

Jim revuelve libros en una de las mesas de la tienda de letras, artes y música, en el segundo piso de la edificación tradicional frente a la plaza donde los indigentes buscan un poco de sol, los perros ejercitan su inspiración contemplativa y los transeúntes se dirigen a sus variopintos destinos. Encuentra un libro de otro tiempo, con pasta rojiza y cantos ruinosamente dorados, y se lo ofrece al visitante: “Éste es perfecto para lo que busca”. El aludido lo toma y lo abre antes de revisar el título. Va pasando páginas, que crujen como si fueran de papel cristalizado. Lee algunas líneas a medida que avanza. Jim lo observa, con fina mirada de conocedor. “¿Le parece que puede servirle?” El libro parece respirar entre sus manos. Y él, entonces, va a ver el título. Claro, es lo que necesita: “Ventilación de la nostalgia”. “¿Cuánto cuesta?” “Nada, es obsequio de colega”.

503. PARTE METEOROLÓGICO

El servicio del clima anuncia posibilidades de nieve para este día por la mañana. El invierno está en su último tramo y quizás necesita hacer ejercicio de confianza. Amanece, pues. Allá, al fondo, las montañas Sangre de Cristo están envueltas en su chal de neblina. En el entorno, un ciprés de ramas extendidas está a punto de recibir la primera señal. Es una gota invisible, que al posarse en uno de los extremos de la rama más alta se transforma en estrella de hielo. En ese preciso instante, el cuervo asoma, con sus giros inveterados. El ciprés y el cuervo son muy antiguos conocidos. Se entienden sin hablarse, como todos los condiscípulos del aire. Toma el cuervo la estrellita de hielo en el segundo en que ésta va a resbalar hacia el suelo embaldosado de la terraza. Se va con ella y la lanza hacia arriba. Multiplicación instantánea. Nieva sobre Santa Fe.

504. INSPIRACIÓN EN VUELO

El pintor se ubica en un extremo de la plaza. Y ahí despliega sus cuadros a la venta y el caballete de trabajo. ¿Qué pintará esta mañana, en la soledad de la atmósfera invernal? Una playa de su mundo de origen. Sol y volcanes. Y a su alrededor revolotea un bando de palomas mensajeras.

505. RITUAL DOMÉSTICO

Todo ocurre en un instante: la nube rósea desciende hasta la ventana entreabierta, como si buscara abrigo, y el fuego de la chimenea la saluda: “¡Bienvenida a casa!”

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