Lo más visto

Más de Revistas

Historias sin cuento

CUENTOS DE MEDIO MINUTO (4) Homenaje al cuentista húngaro István Örkény
Enlace copiado
Historias sin cuento

Historias sin cuento

Enlace copiado
CENTRAL PARK

Los desconocidos van y vienen por los caminos arbolados. Uno de los caminantes se detiene frente a un árbol que parece una escultura natural. Le pregunta: “¿Tú quién eres?” En un primer instante, el árbol se mantiene en la actitud tradicional de los árboles. El caminante, sin embargo, continúa ahí, aguardando respuesta. Y de pronto un murmullo parece surgir de la intimidad de las hojas:

—Soy mensajero de la tierra.

El caminante se arrodilla. El árbol extiende las ramas sobre su cuerpo y su sombra, que son uno. Es una ceremonia estrictamente privada. Alrededor, todo respira sin novedad.

REGRESO A CASA

Se fue sigilosamente. Ellas se quedaron conformes, porque entendían que alejarse por un tiempo era lo más seguro. El tiempo pasó y siguió pasando, sin que hubiera ninguna noticia del hermano distante. En comparación con la otra ausencia, que afortunadamente fue fugaz luego de ser definitiva, la de ahora al menos se parecía a un largo viaje sin sobresaltos. Y un día de tantos, se hizo presente.

—¡Lázaro, estás de vuelta!

—Pero siempre de incógnito, porque los mortales nunca perdonan a los resucitados…

PRIMERO DE ENERO

Amanece igual que siempre. Anoche hubo celebraciones por doquier. El cielo estuvo cuajado de destellos artificiales. El ingenio de los fuegos pirotécnicos parecía más vivo que nunca. Alguien, en una esquina, dijo, mirando hacia arriba: “Cada año inventan luces nuevas para una noche como esta”. Ahora, al amanecer, quedan los restos de la fiesta popular regados por las calles desiertas. Desde su misma esquina, el que hablara anoche vuelve a hacerlo: “Todo es lo mismo al día siguiente. ¿Será que el cielo no tiene imaginación?”

A MÍ QUE ME REGISTREN

—Dicen que la verdad nos hará libres. ¿Será?

—Como todo, es cosa de opinión.

—Entonces, la opinión nos hará libres.

—Podría ser verdad.

—¿En qué quedamos?

—En nada, como siempre. A mí que me registren.

BROMA DE LA NOSTALGIA

Insertó la moneda en la ranura y dentro del aparato se activaron las piezas sensibles. Cayó el disco, la aguja estaba dispuesta. Sonaron los primeros acordes. Bolero de notoriedad reciente. Una voz de cancionera sentimental. Tema de cabaret. Las parejas se levantaron para acudir a la pista. Era una invitación al abrazo rítmico. El bolero, en la voz de María Luisa Landín, “Amor perdido”. Perfecto. ¡A bailar! Pero de pronto, ya cuando las parejas danzaban en forma, vino el apagón. Y segundos después, cuando regresó la luz, el sitio era una pista solitaria. De patinaje, para colmo.

EL MAR ME HABLÓ

Soy hombre de montaña, y, cuando menos, de colina. Alrededor de la ciudad donde siempre he vivido, el Cerro de San Jacinto, las alturas de los Planes de Renderos y las faldas del Volcán de San Salvador son mis horizontes más gustosos.

Pero este día –un día cualquiera, aunque decirlo así no sea lo más cortés– algo viene en el aire, como en busca de ese portillo de mi conciencia por donde se cuelan los ensueños subversivos.

—Aquí estoy –me dice–, y te invito a ser mi amigo en el facebook inmemorial.

Sí, es el mar, el mismo de Homero, pero ahora con otros recursos a su disposición.

ASÍ DE SIMPLE

Estamos empezando nuestra relación, y lo que sentimos mutuamente es intraducible en palabras. ¿Qué recurso nos queda entonces para sacar al aire esto que nos bulle en el pecho?

—Un suspiro.

—Un beso.

—Una lágrima.

—Todo eso junto.

—Y si nada de eso basta, quedémonos en paz. El amor es como el aire: sólo necesita que alguien lo respire.

ENTRE VIEJOS CONOCIDOS

Por ahí se dice que los muertos mandan; y si no lo logran, al menos lo intentan.

—Si es así, vale la pena estar muerto, porque en vida nadie nos hace caso…

—¿Lo decís por experiencia?

—Hombre, qué pregunta. A vos te pasa lo mismo.

—No me metás en ese bonche.

—¿Por qué? Dame una razón valedera.

—Ah, pues aquí te va: yo soy un fantasma, y los fantasmas somos los mejores amigos de los muertos. Intercambiamos mañas.

—¡Uy!

ESTAMPA SURREALISTA

Está empezando a anochecer, y llovizna. La ciudad se abre a todas las identidades posibles. Puede ser Londres o París. Calcuta o San Salvador. En cualquier caso, los follajes de la fantasía florecen por su cuenta.

En una de las ventanas iluminadas del edificio de apartamentos alguien se hace presente. Desde la distancia, que pudiera ser de unos cuantos metros, aunque eso nunca se sabe, lanzo mi pregunta:

—¿Quién eres?

Silencio. En la era global, el anonimato es la clave de todos los destinos.

OFICIO DE CONTRASTES

La playa se extiende hasta tocar el horizonte. Tentación natural de todas las playas habidas y por haber. Amanece, y lo que queda son ronquidos y armonías ingrávidas. Allá, al fondo, la noticia del Sol que nace aspira, como todos los días, a acaparar las primeras planas. Ilusión infantil. El mar, en cambio, entiende, por sabiduría largamente probada en el ejercicio de la espuma, que su pasión está muy por encima de los efluvios noticiosos.

Quedan muchos misterios en vilo; pero la voz del presentador de CNN se refugia en el libreto más fácil:

—Buenos días, amigos. Les damos ahora la información sobre el tráfico por las principales vías de acceso a la ciudad…

Tags:

  • Cuentos de medio minuto
  • Orkeny
  • David Escobar Galindo
  • Central Park

Lee también

Comentarios